El documento recoge un compromiso explícito de las dos principales fuerzas para garantizar la unidad de la Nación y la estabilidad de quien en cada momento esté en el Gobierno También apuesta por una respuesta conjunta al Plan Ibarreche
El «Pacto de Estado por la convivencia y el consenso constitucional en España» que ayer ofreció Mariano Rajoy a José Luis Rodríguez Zapatero se fundamenta en el guión seguido ya en los acuerdos autonómicos de 1981, firmados por el Gobierno de UCD y el PSOE; en los de 1992, entre el Gobierno del PSOE y el del PP; y en los de 1996, entre el Ejecutivo del PP y el PSOE. Como objetivo fundamental, más allá de la respuesta conjunta al Plan Ibarreche, se señala el del fortalecimiento de las bases esenciales de la convivencia democrática, que, para el principal partido de la oposición, son tres: la unidad de la Nación, la soberanía del conjunto del pueblo español y un modelo autonómico que garantice la igualdad.
El documento que Rajoy entregó ayer al presidente del Gobierno es una visión muy personal suya, a la que, en un primer momento, dio forma la Secretaría de Política Autonómica que dirige Soraya Sáenz de Santamaría. El borrador pasó el tamiz de la «cumbre de Sigüenza» sin sufrir grandes modificaciones y acabó de ser cerrado ayer por la mañana por el equipo de Santamaría. Cuenta con una breve exposición de motivos, centrada en resaltar el valor capital de la Constitución de 1978 como «fruto de un consenso» y «expresión de una voluntad de concordia democrática». «La Constitución nos ha dado los instrumentos para ganar en prosperidad y bienestar, y fortalecer nuestro lugar en Europa y en el mundo». Tres son las bases del Pacto:
Convivencia democrática. Se quiere fortalecer la unidad de la Nación Española, la soberanía del conjunto del pueblo español y el modelo de Estado autonómico. Este último debe garantizar la igualdad entre españoles, la solidaridad interterritorial y el mantenimiento de un Estado viable con capacidad de ejercer eficazmente las funciones de un país moderno.
Mejora para los ciudadanos. De acuerdo con el Pacto, cualquier reforma estatutaria se llevará a cabo con el acuerdo de los dos grandes partidos nacionales, tal y como se ha hecho hasta ahora, buscando asimismo el apoyo de las restantes fuerzas políticas a fin de que tenga el máximo respaldo social. Sólo se aceptarán aquellas que redunden en beneficio de los ciudadanos.
Estabilidad. Compromiso de apoyar la estabilidad del Gobierno que pudiera verse amenazada por la aplicación de los criterios contenidos en el acuerdo.
El documento del PP recuerda que no ha habido ninguna iniciativa ni reforma estatutaria que no se haya pactado, al menos, entre los dos grandes partidos nacionales. «Y así es como debería hacerse en el futuro. Nuestra Constitución y nuestros Estatutos de Autonomía lo son de todos los españoles. Cualquier reforma constitucional debe contar, como mínimo, con un nivel de apoyo similar al de su aprobación en 1978», se señala en el texto. El PP subraya que el principal acierto de ese gran pacto del 78 es el proceso descentralizador, que ha permitido unos niveles de autogobierno que colocan a España a la cabeza de los demás países.
Procedimiento para el acuerdo. Los dos partidos se comprometen a constituir una Comisión para la negociación y la concreción de las bases del Pacto, compuesto por tres miembros de cada formación política y el Gobierno. «La primera cuestión que se abordará por la Comisión será la elaboración de una respuesta conjunta al Plan Ibarreche».
En el anexo del documento se subraya que PSOE y PP coinciden en que «sólo aunando la fortaleza de las dos grandes formaciones nacionales, mostrando sus convicciones comunes, es posible hacer frente a retos como el que supone el Plan Ibarreche».
De ahí nace la disposición expresa a dar una respuesta conjunta a este proyecto, que «englobará todas las medidas, tanto políticas, legales como judiciales, que el Estado de Derecho prevé frente a los que vulneran la Constitución y el marco de convivencia. Ambos partidos consensuarán una estrategia común de respuesta, tanto en el Congreso de los Diputados y otras instancias políticas, como también ante nuestros tribunales».
Desde la premisa de que el Plan Ibarreche es inconstitucional en su contenido y separatista en su finalidad, «que no es otra que la ruptura de España», los populares proponen a Zapatero las siguientes medidas:
Recurso ante el TC, haciendo uso de la facultad prevista en el artículo 161.2 de la Constitución Española.
Inadmisión a trámite. Rechazar el proyecto del lendakari en la Mesa del Congreso.
Reforma del Código Penal. Retirar la proposición de ley orgánica que derogaría los artículos 506 bis, 521 bis y 576 bis, en trámite de enmiendas en el Congreso. Este punto alude a la anulación de la sanción con pena de cárcel para la convocatoria de un referéndum ilegal.
Caso Atucha. Instar a la Fiscalía General del Estado a que dé instrucciones al Fiscal competente para adherirse al recurso contra el auto de archivo de la querella presentada contra Juan María Atucha, y otros, por delito de desobediencia.
Conferencia de presidentes. Convocarla de inmediato.
Debate Estado de las Autonomías. Celebrarlo al inicio del periodo de sesiones.
Aprobación de los estatutos. Estudiar las modificaciones necesarias para que la modificación de los Estatutos de Autonomía requieran mayoría de 2/3, tanto en los Parlamentos Autonómicos, como disponen, entre otros, los Estatutos de Autonomía de Cataluña y Galicia, como en las Cortes Generales.
Instituciones alavesas. Favorecer su gobernabilidad.
Unanimidad en el Comité Ejecutivo. Ayer por la mañana, el Comité Ejecutivo del PP aprobó, por unanimidad, el pacto de Estado que horas más tarde Rajoy entregó al presidente del Gobierno. La reunión estuvo marcada por las intervenciones de destacados miembros de la «vieja guardia», que compartieron sus recelos sobre la disponibilidad real de los socialistas a comprometerse con su propuesta de acuerdo. Tomaron la palabra, entre otros, Juan José Lucas, Luisa Fernanda Rudi, Loyola de Palacio, Celia Villalobos y Alejo Vidal-Quadras. María San Gil destacó la necesidad, ante las elecciones autonómicas vascas, de que el PP sea capaz de canalizar la preocupación que «hay en la calle», mientras que Rajoy garantizó que jamás renunciará a las raíces ideológicas de su partido en relación a este asunto.