España en Almoneda.

Muchas voces se han alzado en los últimos días en defensa de la unidad de España. Cada vez somos más los que sentimos preocupación ante las extremas reclamaciones nacionalistas alentadas desde los gobiernos de la nación y catalán. Y ahora también por el denominado «Plan López», remedo vergonzante del «Ibarretxe» y casi calco de los acuerdos que su momento firmó el tripartito que dirige la Generalitat.
Frente al entreguismo socialista, el Partido Popular viene reiterando que se opone a ese tipo de propuestas. Pues no sólo rompen el modelo territorial pactado en la Constitución, al proponer la existencia de «comunidades nacionales» diferenciadas del resto de las comunidades autónomas, sino que además cuestionan la unidad misma de la nación española. Propuestas que, por lo demás, ni siquiera satisfacen a los nacionalistas, quienes sólo las toleran como paso previo a la segregación. Como cabía esperar, el mensaje navideño del Rey ha sido importante en un año marcado por acontecimientos más que traumáticos. Pero también por las tendencias disgregadoras que amenazan el horizonte de una convivencia democrática alumbrada con generosidad y consenso.
El Rey no ha podido ser más claro en defensa de la España plural y diversa que ya disfrutamos gracias a la estabilidad política, social y económica de los últimos veintiséis años. Sin dejar de recordarnos que éstos representan el más largo período de prosperidad de nuestra historia, hizo un llamamiento a la solidaridad y la defensa del interés general por encima de los legítimos intereses de partido.
En ello reside el verdadero problema. Que los nacionalismos aspiren a la independencia a nadie puede sorprender. Demandar la autodeterminación ha sido siempre su objetivo esencial. Lo que no estaba en el guión es que uno de los partidos de la alternancia y pilar del sistema -el Partido Socialista- se desmarcara de sus fundamentos y de su identidad histórica y diera un vuelco ideológico de tal magnitud. De rechazar el nacionalismo ha pasado a justificarlo abiertamente, pretendiendo ajustar el propio ideario y hasta el ordenamiento jurídico a las exigencias del nacionalismo más radical.
Necesitado de los escaños de Esquerra Republicana de Cataluña para mantenerse en el poder, el actual Gobierno de España parece dispuesto a cualquier dejación, perdiendo de vista los intereses generales. Está alimentando un debate que no interesa a la mayoría de los ciudadanos y haciendo concesiones de consecuencias imprevisibles, que afectan a elementos esenciales de la convivencia.
Los nacionalismos catalán y vasco nos están ganando la partida. ¿Quién iba a decir hace sólo seis años en el Partido Socialista -cuando se celebró el vigésimo aniversario de la Constitución- que en la actualidad estaría inventando argumentos, retorciendo textos, forzando interpretaciones y sometiendo a las instituciones a un desgaste intenso y continuado? Sólo la irresponsabilidad y la carencia del más elemental sentido del deber y de la función de la política pueden explicar que el Gobierno nos esté metiendo en este camino sin retorno con una frivolidad y ligereza impropia de gobernantes de un país democrático.
En este momento nada le conviene menos a España que este debate constitucional estéril, con las irreparables consecuencias que ya se vislumbran en el horizonte. Si entre todos no paramos esta deriva, las modificaciones de los estatutos de autonomía de Cataluña y Euskadi serán sometidas a votación en las Cortes Generales con el aplauso y apoyo de un Partido Socialista claudicante ante los nacionalismos para mantenerse en el Gobierno. Es un precio demasiado alto y también demasiado vergonzoso. Por fortuna, la unidad parece resquebrajarse en el seno del propio partido socialista.
Un militante tan destacado como Alfonso Guerra no cree que las propuestas que se están debatiendo tengan encaje en la Constitución. Desde el Gobierno mismo, el ministro de Defensa no ha dudado en pronunciarse con contundencia: «Nadie va a conseguir a punta de pistola que dejemos de sentirnos identificados con lo que España representa». Rosa Díez y Francisco Vázquez, entre otros muchos, también reclaman la recuperación de las señas de identidad socialistas.
Quizás sea el momento de recordar que algunos de ellos no me comprendieron cuando, hace exactamente un año, yo misma me dirigí a Zapatero para causar baja en el PSOE por mi discrepancia radical con el «nacionalismo oportunista» de Maragall que ya estaba haciendo todo tipo de concesiones, con el beneplácito de los dirigentes de Madrid, a los nacionalismos secesionistas para poder gobernar la Generalitat. Por entonces la cosa no había hecho más que empezar. Después llegó la masacre del 11 de marzo, los ominosos acontecimientos de la jornada de reflexión electoral, con el asalto a las sedes del Partido Popular y el vuelco electoral del 14 de marzo. El PSOE volvía a La Moncloa, pero del brazo de unos nacionalismos a los que no ha parado de hacer concesiones y, lo que es peor, a los que nunca podrá dejar de hacérselas.
No saben ya qué inventar ni por dónde salir. Que si «comunidad nacional» en vez de nacionalidad. Que si ampliar al menos el preámbulo de la Carta Magna. Mientras tanto, para complicar aún más el panorama, nada menos que la presidenta del Tribunal Constitucional se permite decir que hay que quitar emotividad al concepto de nación y el secretario de Organización del Partido Socialista afirma que no sabe si está de acuerdo o no con las ocurrencias que en cascada van enturbiando cada día más el debate. Ya va siendo hora de que fijen su posición.
Que dejen de jugar con un tema tan serio. Tienen la obligación de decir claramente cuáles son sus límites y si están dispuestos a poner a España en almoneda para satisfacer a sus socios y poder seguir gobernando.
18 comentarios
Nieche -
Lo que se echa en falta es un presidente de gobierno que también tenga clara esa respuesta y sepa a qué llama España. Se echa en falta un gobierno que no crea que usar expresiones patrióticas como las empleadas por el Sr. Bono, sea inapropiado porque puede ofender a los socios separatistas que le apoyan.
La mayoría de los españoles echamos en falta un gobierno fuerte que pare los pies con firmeza a los separatistas. Un gobierno responsable, que junto a la oposición busque formar un solo bloque, que dejando de lado intereses electoralistas, represente el sentir de la absoluta mayoría de los españoles, que está harto de los chantajes del separatismo.
Históricamente quizás España quiso demasiado, pero hoy no creemos que salvaguardar su unidad, su esencia, su ser formado por la cultura vasca, castellana, catalana, gallega, andaluza y la igualdad entre todos los españoles, sea pedir demasiado.
Nieche -
No es cuestión de dialogo, se trata simplemente de sentirse español y de estar orgulloso de serlo. Se trata de decir a Ibarreche y a Rovira, bien claro y bien alto que la tierra que vio nacer a Cervantes, Quevedo, Calderón Azorin, Unamuno, Pio Baroja, Pla, Cela es Cataluña, Vascongadas, Castilla, Andalucia, Galicia, es decir ESPAÑA. Que la sangre que descubrió y civilizó las Americas y medio mundo, era sangre vasca, aragonesa, extremeña, castellana, catalana, es decir ESPAÑOLA. Que todas las regiones, con sus peculiaridades, con sus conflictos, con sus virtudes y con sus defectos forman parte de de esa unidad indivisible que llamamos ESPAÑA
Alberto H. F. -
Lo que no sabemos es cómo va a lidiar el toro de los independentismos de Vasconia y Cataluña. Mal asunto ésto de aliarse con partidos radicales y secesionistas como ERC que amenaza con romper el Pacto de Gobierno si éste se alía con el PP contra el Plan Ibarreche, al tiempo que Carod Rovira amenaza con presentar otro plan secesionista similar en los próximos meses para Cataluña. El peligro para la unidad de España es demasiado alto. Un partido minoritario imponiendo a un Gobierno sus inasumibles postulados inconstitucionales. No quisiera estar en el pellejo de Zapatero.
Marcos Gutierrez -
Carmelo Lopez A. -
Y todo el PSOE no sólo su secretario general será responsable, pues tiempo de rectificar todavía hay.
Carmelo Lopez A. -
Como el presidente, con cierto fundamento, da por descontado el trágala del Tribunal Constitucional a dicha "solución" (igual de destructiva para la unidad de España que la del clan PNV-EA-IU-ETA, pero menos clamorosamente ilegal), y como el rechazo del PP a ambos nuevos estatutos le traería al fresco al hombre del talante, hay que reconocer que si el Plan Zapatero funciona, beneficia a su reelección.
Carmelo Lopez A. -
La alegría de los independentistas se justificaba por esa asumida derrota, ya fuese en sede judicial o en sede parlamentaria. El nacionalismo vasco es quejica y victimista, como su hermano el nacionalismo catalán, cuya acta de nacimiento suele fijarse justo en la lista de agravios o Memorial de Greuges presentado en 1885 ante Alfonso XII. Esta concepción narcisista, histérica e infantil de la política retroalimenta al nacionalismo, que se cree más justificado con cada "no" que recibe. Y el "no" que recibirá el Plan Ibarretxe será el pretexto para el anunciado referéndum. Que es donde España se la juega.
Santiago M. L. -
Ahora, tras la rueda de prensa de Esquerra Republicana, en la que se ha dicho sin ambages al inquilino de La Moncloa que quienes mandan son ellos y que él está puesto ahí para cumplir los designios nacionalistas, hemos entrado en un proceso de instalación de la indignidad en La Moncloa.
Manteniendo la diabolización del PP, para que sus electores contemplen el pacto con los nacionalistas como un mal menor, Zapatero sigue enviando mensajes de debilidad y cesión en el momento en que sería precisa fortaleza. Otro está siendo el discurso de Don Juan Carlos, quien parece ver la gravedad de la situación para España y para la institución monárquica, cuya legitimidad estriba en ser símbolo de la unidad y permanencia del Estado.
En realidad, Zapatero no sólo depende de los diputados de Esquerra, también están en la deriva nacionalista, en el esquema del chantaje, los veintiuno que le aporta el PSC de Maragall. Con estos datos la situación es endiablada, pero parte de la indignidad viene de la propia insustancialidad de un político profesional llamado Zapatero.
Nicolás Romero -
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Pues esto es todo lo que puedan dar de sí. Tanto unos como otros. Parece mentira, pero es lo que tenemos a la vuelta de la esquina.
Empiezo a cambiar mi idea sobre los catalanes, esa parte de España que siempre me dio la impresión de estar más cerca de Europa. Tanto es así que, dado el resultado del Forum, en lo de la Olimpiada del 92 me parece que sonó la flauta por casualidad.
De los vascos "y vascas" siento pena. Y que no me vengan con lo de que "una cosa es el pueblo" y otra "sus políticos" que no dan la talla, porque a los políticos los elige el pueblo.
¿Y qué debemos hacer nosotros, la gente de a pie que asiste a esta afrenta de convecinos belicosos y que si no aceptamos sus peticiones y normas a imponer con el apoyo de los valientes gudaris de las pistolas que usan para matar por la espalda, y que directamente nos quieren borrar del mapa, si decidimos mostrar nuestra disposición a defender nuestra idea y posición ante el dilema?
A tortas el drama está servido. Pero ¿quién amenaza a quién? Si yo levanto la mano será en defensa propia.
Cayetano Gonzalez -
Cayetano Gonzalez -
Zapateropiensa que puede parar el Plan Ibarretxe ganando las elecciones vascas previstas en la próxima primavera. Asusta este profundo desconocimiento que tiene el actual Presidente del Gobierno y su equipo de colaboradores de la realidad vasca. Lo normal, lo lógico, es que en esas elecciones, la coalición nacionalista PNV-EA, tenga unos resultados muy próximos a la mayoría absoluta si no es que consiguen esta, mucho más cuando Batasuna, -esperemos y confiemos que no haya ninguna tentación de revisar su situación ilegal-, no podrá presentarse.
Cayetano Gonzalez -
¿Cómo es posible que sigan pidiendo confianza en el Estado de Derecho, cuando hemos asistido atónitos a que el Presidente de una Cámara Legislativa, la Vasca, se niega a cumplir una sentencia del Tribunal Supremo que ordena la disolución del grupo parlamentario de Batasuna, y no pasa nada? ¿Cómo va a transmitir, en esta situación, confianza un Presidente de Gobierno para el que el concepto de nación no está claro y le da lo mismo emplear ese término o el de nacionalidad?
¿Cómo pretende Zapatero que la gente se fíe de él, cuando es Presidente de Gobierno gracias entre otros a los votos de Esquerra Republicana de Cataluña, que pactó con ETA en Perpignan, que le ha faltado tiempo para salir a defender el Plan Ibarretxe y a amenazar, a chantajear una vez mas a ZP, diciéndole que le retirará su apoyo parlamentario si no negocia el Plan con el lehendakari? ¿Pero qué pretende el inquilino de la Moncloa?
Cayetano Gonzalez -
¿Qué es lo que han percibido los ciudadanos en estos días? En primer lugar, que el Presidente del Gobierno, desde la aprobación del Plan, tarda exactamente cuatro largos días en decir esta boca es mía. Y cuando la abrió fue para manifestar obviedades del tipo, el Plan es inconstitucional y así se lo diré al lehendakari cuando le reciba en la Moncloa. La cuestión no es esa y Zapatero lo sabe perfectamente. Lo que la gente se pregunta es como va el Gobierno a impedir que el Plan avance, porque Ibarretxe se ha hartado de decir, en público y en privado, que haya o no acuerdo con el Gobierno Central sobre su Plan; lo rechace o no el Congreso de los Diputados, él va a convocar un referéndum en el País Vasco. ¿Cómo va a evitar en ese supuesto el Gobierno de España una consulta claramente ilegal? Esa pregunta que nos hacemos muchos, el Presidente del Gobierno no ha tenido a bien contestarla.
Zitero -
Subnat -
Cesar Botey -
Fernando Hernandez -
Resulta que nos encontramos ante un proceso revolucionario de ataque a la estructura del Estado en el que los que no lo alientan dirigen la mirada hacia otro lado. Si analizamos en profundidad lo que sucede con el plan del PNV y las reacciones que lo han seguido, advertimos que dicho plan es mucho menos importante que lo que sucede a su alrededor y la forma en que dicho plan se trata. El ataque directo a la esencia de España, realizado por cuatro irresponsables ambiciosos, está rodeado por la irresponsabilidad profunda de los que tienen el deber de pararlo.
Juan Manuel Ramos -
Pienso que la aprobación del Plan Ibarretxe no contribuye al mejor entendimiento entre los pueblos de España. Además, plantea un riesgo serio de ruptura en el seno de la misma sociedad vasca. Pues ya saben, «si se es vasco de verdad se está a favor y si no en contra», y hace vanos e inútiles los muertos de quienes resistieron a ETA, el dolor de sus familiares, madres, padres, esposas, hijos... todo ello para nada, todo ello para que el Sr. Ibarretxe permita que se lea un manifiesto de ETA dando el visto bueno a la operación. Cualquier persona medianamente inteligente sabe que tanto la Constitución como el Estatuto de Guernica pueden reformarse, pero cualquier cambio debe ser fruto del diálogo y basado en la verdad, la justicia, la solidaridad y la libertad.
Pido que mis políticos, nuestros políticos, de izquierda y de derecha, los políticos que elegimos entre todos, se opongan al Plan Ibarretxe en el Congreso de los Diputados y que presenten recurso de inconstitucionalidad contra el citado plan ante el Tribunal Constitucional. Señores, no les hemos dado nuestra confianza para que se rían de nosotros, de nuestras ideas, de nuestros muertos y hagan sencillamente lo que les da la gana.