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El discurso del odio.

El discurso del odio.

VEO que el último libro de Glucksmann se titula «El discurso del odio» y, dadas las afinidades que tengo con este escritor, pienso si el odio al que él se refiere será el mismo del que yo vengo hablando a lo largo de este último año, el que he visto en los rostros de los manifestantes por el «Prestige», contra la guerra de Irak y la noche del día 13 de marzo... «Para juzgar a los seres humanos -escribió Ignacio Silone en «Salida de urgencia» (traducción de Ridruejo)- no basta ya con mirar si tienen callos en las manos; hay que mirarles a los ojos. La mirada de Caín es inconfundible».

Y no es que el odio haya desaparecido. Es claro que sigue en los corazones, y sabemos de su existencia por artículos, leyes, declaraciones políticas, debates... pero, al menos, no lo vemos correr a raudales por las calles españolas. La conquista del poder lo ha reconducido hacia vaguadas más burocráticas y menos espectaculares, lo ha remansado en las sedes partidarias, en las redacciones, en el Parlamento... Está ahí, no oculta su existencia, pero, al menos, no se presenta ante la sociedad de la forma amenazadora y terrible con la que se han mostrado estos últimos años tras las figuras de Zapatero y Llamazares...

ESTE ha sido el lado positivo de la derrota de la derecha. ¿Habrían tenido suficiente resistencia democrática los materiales con los que está hecha la izquierda española para aguantar otra victoria de aquélla? Para mí ha supuesto una distensión necesaria que socialistas, republicanos, nacionalistas y comunistas hayan tomado el poder. Como es bueno que la fiera encuentre alimentos a la entrada del pueblo cuando baja del monte, empujada por la nieve y el hambre. En los días previos a las elecciones del 14-M pude oler el miedo de muchos de los políticos del PP. Sobre todo tenían miedo a conseguir una mayoría absoluta.

¿Cómo podrían gestionarla frente al alud de resentimiento que venía acumulándose en los últimos tiempos? Una tercera victoria del poder ¿era concebible en la práctica? ¿Qué hubiera sido de nuestra pobre vida pública si Rajoy hubiera llegado a La Moncloa, aún caliente por la presencia del odioso Aznar? Me estremezco sólo con imaginar las reacciones de las gentes del nieto del capitán Lozano, a qué hoguera no habrían arrojado a Ángel Acebes; cómo habrían manejado en las cárceles a los grupos de islamistas; con qué regocijo se habría recibido la noticia sobre las denuncias de los crímenes de Aznar que el juez Garzón habría llevado a los tribunales internacionales; qué relatorios de abusos de curas pederastas (y algún obispo) no habrían presentado a Almodóvar en la Academia de Cine; qué festolín salvaje y antiamericano se habría organizado en homenaje a Michael Moore; cuántos manifiestos de intelectuales sin obra no se habrían dirigido contra Urdaci; qué juicio público no habrían hecho a Garci y a su maravilloso «Tiovivo», cómo habrían empapelado una y otra vez los chicos de «Nunca Máis» la casa del padre de Rajoy...

Ha sido bueno, por eso, que hayan ganado las elecciones. Ha bajado la tensión, la masa ha vuelto a la guarida, la calle está más distendida, pueden pensar que la Historia tiene arreglo, que la derecha nunca gana tres veces y que con presiones y la ayuda de alguna tercera fuerza es inevitable la alternancia en el poder...

DIGO todo esto sin ironía. Lo saben amigos míos. Lo vengo diciendo desde el 14 de marzo. No lo he escrito antes para no parecer derrotista porque, además, no lo soy. Simplemente digo que ha venido bien un respiro, pero que, llegados a estas alturas, convendría reaccionar para impedir esa marcha última hacia la catástrofe que nos ha anunciado esta foto de familia rota, esta locura de naciones, nacionalidades y regiones...

Cooperación con EE.UU. ¿Qué pretende el JEMAD?

Cooperación con EE.UU ¿Qué pretende el JEMAD?

Había sido una victoria de la democracia lograr desligar el discurso militar del político. Sin embargo, un PSOE que todo lo puede, ha llevado a que el actual JEMAD, el Teniente General Félix Sanz Roldán haga suya la doctrina Zapatero de que cuanto mejor aliado, más patadas en la espinilla y afirma que la relación con los Estados Unidos es desequilibrada, por lo que resulta perniciosa para la política española y que, por lo tanto, debe ser corregida. Su receta para igualar la relación bilateral, toda vez que España no puede elevarse de categoría, es impedir que los americanos sigan haciendo el uso que hacen de las facilidades y bases en España.

El discurso del JEMAD no sólo es falso, sino suicida. Falso, porque mientras el habla para la galería, el gobierno español intenta en Washington, a través de nuestros representantes legítimos, que no se pierda del todo la posibilidad de que Rota se convierta en el destino del mando de la VI Flota. Si eso sucediera, que es poco probable habida cuenta del clima gélido de las relaciones bilaterales, la relación sería todavía más desequilibrada, no menos. El gobierno estaría cambiando atraque de buques por horas de trabajo en unos astilleros en quiebra y movilizados. Nada que igualara a un general español a uno americano. Ni nuestros sistemas de defensa a los suyos. Si acaso, equipararían la influencia de los sindicatos españoles con la que tuvieron los americanos hace ahora cien años y que afortunadamente hace mucho perdieron.

Y es suicida porque Sanz Roldán debe saber que de las pocas cosas que quedan entre los dos países es la cooperación militar. Es verdad que se ha reducido, pero no se ha descompuesto del todo como la política. Claro que el Gobierno podría estar tentado de cortar con todo, por ejemplo, anunciando que el sistema de combate de los submarinos de nueva generación no será el americano, sino el francés, lo que reduciría la cooperación industrial de la defensa a prácticamente cero.

España nunca podrá mantener una relación equilibrada en lo militar con los Estados Unidos. Por la sencilla razón que ellos gastan 400 mil millones de euros en sus fuerzas y nosotros 8 mil; es más, ellos invierten en nuevas tecnologías casi el 20% de su presupuestos y España apenas el 4%. Los Estados Unidos invierten más del 60% de su presupuesto en material y nosotros lo mismo pero en personal.

Lo que el actual JEMAD no dice ahora, porque cuando era subdirector de la DIGENPOL, sí que lo comentaba, es que la relación con los Estados Unidos sólo se puede equilibrar aportando efectivos y unidades a acciones conjuntas, cooperando sobre el terreno. Como nuestros pilotos hicieron en Kosovo, los marinos en el Indico en la Enduring Freedom y los soldados del ejército de Tierra en Irak. La aportación española aunque fuera mínima en términos numéricos apuntalaba una excelente relación política desarrollada por Aznar y el presidente americano en los últimos años.

El JEMAD más que denunciar la resultante de un hecho, que no hay comparación militar posible entre una España que sólo pone su suelo y una Norteamérica, auténtico paraguas de seguridad (y si no, que se lo pregunten a los marroquíes), debería intentar que el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero fuera plenamente consciente de las consecuencias para la defensa de su actitud antiamericana. De lo contrario, de apuntarse al fácil carro de decir en público lo que los dirigentes socialistas quieren oír, estará contribuyendo a dejar a España más aislada que nunca desde 1953. es verdad que el Ejército español fue el más antiamericano de nuestras fuerzas, tal vez por su propio aislamiento, su fuerte componente de política doméstica bajo Franco y su orientación estratégica durante años a mirar sólo de puertas para adentro. Pero del JEMAD se espera que supere los complejos y visiones corporativas de cada rama y defienda una visión moderna y conjunta sobre los requerimientos de seguridad y defensa de España. Si de verdad cree que estaremos mejor agudizando más a la crisis con Estados Unidos va a ser verdad que la defensa es algo demasiado serio como para dejarla en manos de los militares.

Homosexualismo. COMPORTAMIENTO DE LOS POLÍTICOS CATÓLICOS.

Homosexualismo
Contra lo que dicen algunos medios, la enseñanza del nuevo documento de la Iglesia sobre las prácticas homosexuales no supone retroceso alguno, al contrario, es la reafirmación de la invariable enseñanza bíblica (al menos, unos 40 siglos). Tampoco es una novedad que la Iglesia exhorte a los católicos a ser coherentes tanto en la vida pública como en la privada. Tienen, como el que más, derecho y deber de expresar sus opiniones y trabajar por que se cumplan.

CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE

CONSIDERACIONES ACERCA DE LOS PROYECTOS DE RECONOCIMIENTO LEGAL DE LAS UNIONES ENTRE PERSONAS HOMOSEXUALES. COMPORTAMIENTO DE LOS POLÍTICOS CATÓLICOS.

INTRODUCCIÓN

1. Recientemente, el Santo Padre Juan Pablo II y los Dicasterios competentes de la Santa Sede (1) han tratado en distintas ocasiones cuestiones concernientes a la homosexualidad. Se trata, en efecto, de un fenómeno moral y social inquietante, incluso en aquellos Países donde no es relevante desde el punto de vista del ordenamiento jurídico. Pero se hace más preocupante en los Países en los que ya se ha concedido o se tiene la intención de conceder reconocimiento legal a las uniones homosexuales, que, en algunos casos, incluye también la habilitación para la adopción de hijos. Las presentes Consideraciones no contienen nuevos elementos doctrinales, sino que pretenden recordar los puntos esenciales inherentes al problema y presentar algunas argumentaciones de carácter racional, útiles para la elaboración de pronunciamientos más específicos por parte de los Obispos, según las situaciones particulares en las diferentes regiones del mundo, para proteger y promover la dignidad del matrimonio, fundamento de la familia, y la solidez de la sociedad, de la cual esta institución es parte constitutiva. Las presentes Consideraciones tienen también como fin iluminar la actividad de los políticos católicos, a quienes se indican las líneas de conducta coherentes con la conciencia cristiana para cuando se encuentren ante proyectos de ley concernientes a este problema.(2) Puesto que es una materia que atañe a la ley moral natural, las siguientes Consideraciones se proponen no solamente a los creyentes sino también a todas las personas comprometidas en la promoción y la defensa del bien común de la sociedad.

I. NATURALEZA Y CARACTERÍSTICAS IRRENUNCIABLES DEL MATRIMONIO

2. La enseñanza de la Iglesia sobre el matrimonio y la complementariedad de los sexos repropone una verdad puesta en evidencia por la recta razón y reconocida como tal por todas las grandes culturas del mundo. El matrimonio no es una unión cualquiera entre personas humanas. Ha sido fundado por el Creador, que lo ha dotado de una naturaleza propia, propiedades esenciales y finalidades.(3) Ninguna ideología puede cancelar del espíritu humano la certeza de que el matrimonio en realidad existe únicamente entre dos personas de sexo opuesto, que por medio de la recíproca donación personal, propia y exclusiva de ellos, tienden a la comunión de sus personas. Así se perfeccionan mutuamente para colaborar con Dios en la generación y educación de nuevas vidas.

3. La verdad natural sobre el matrimonio ha sido confirmada por la Revelación contenida en las narraciones bíblicas de la creación, expresión también de la sabiduría humana originaria, en la que se deja escuchar la voz de la naturaleza misma. Según el libro del Génesis, tres son los datos fundamentales del designo del Creador sobre el matrimonio.

En primer lugar, el hombre, imagen de Dios, ha sido creado «varón y hembra» (Gn 1, 27). El hombre y la mujer son iguales en cuanto personas y complementarios en cuanto varón y hembra. Por un lado, la sexualidad forma parte de la esfera biológica y, por el otro, ha sido elevada en la criatura humana a un nuevo nivel, personal, donde se unen cuerpo y espíritu.

El matrimonio, además, ha sido instituido por el Creador como una forma de vida en la que se realiza aquella comunión de personas que implica el ejercicio de la facultad sexual. «Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y se harán una sola carne» (Gn 2, 24).

En fin, Dios ha querido donar a la unión del hombre y la mujer una participación especial en su obra creadora. Por eso ha bendecido al hombre y la mujer con las palabras: «Sed fecundos y multiplicaos» (Gn 1, 28). En el designio del Creador complementariedad de los sexos y fecundidad pertenecen, por lo tanto, a la naturaleza misma de la institución del matrimonio.

Además, la unión matrimonial entre el hombre y la mujer ha sido elevada por Cristo a la dignidad de sacramento. La Iglesia enseña que el matrimonio cristiano es signo eficaz de la alianza entre Cristo y la Iglesia (cf. Ef 5, 32). Este significado cristiano del matrimonio, lejos de disminuir el valor profundamente humano de la unión matrimonial entre el hombre la mujer, lo confirma y refuerza (cf. Mt 19, 3-12; Mc 10, 6-9).

4. No existe ningún fundamento para asimilar o establecer analogías, ni siquiera remotas, entre las uniones homosexuales y el designio de Dios sobre el matrimonio y la familia. El matrimonio es santo, mientras que las relaciones homosexuales contrastan con la ley moral natural. Los actos homosexuales, en efecto, «cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso».(4)

En la Sagrada Escritura las relaciones homosexuales «están condenadas como graves depravaciones... (cf. Rm 1, 24-27; 1 Cor 6, 10; 1 Tim 1, 10). Este juicio de la Escritura no permite concluir que todos los que padecen esta anomalía sean personalmente responsables de ella; pero atestigua que los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados».(5) El mismo juicio moral se encuentra en muchos escritores eclesiásticos de los primeros siglos,(6) y ha sido unánimemente aceptado por la Tradición católica.

Sin embargo, según la enseñanza de la Iglesia, los hombres y mujeres con tendencias homosexuales «deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta».(7) Tales personas están llamadas, como los demás cristianos, a vivir la castidad.(8) Pero la inclinación homosexual es «objetivamente desordenada»,(9) y las prácticas homosexuales «son pecados gravemente contrarios a la castidad».(10)

II. ACTITUDES ANTE EL PROBLEMA DE LAS UNIONES HOMOSEXUALES

5. Con respecto al fenómeno actual de las uniones homosexuales, las autoridades civiles asumen actitudes diferentes: A veces se limitan a la tolerancia del fenómeno; en otras ocasiones promueven el reconocimiento legal de tales uniones, con el pretexto de evitar, en relación a algunos derechos, la discriminación de quien convive con una persona del mismo sexo; en algunos casos favorecen incluso la equivalencia legal de las uniones homosexuales al matrimonio propiamente dicho, sin excluir el reconocimiento de la capacidad jurídica a la adopción de hijos.

Allí donde el Estado asume una actitud de tolerancia de hecho, sin implicar la existencia de una ley que explícitamente conceda un reconocimiento legal a tales formas de vida, es necesario discernir correctamente los diversos aspectos del problema. La conciencia moral exige ser testigo, en toda ocasión, de la verdad moral integral, a la cual se oponen tanto la aprobación de las relaciones homosexuales como la injusta discriminación de las personas homosexuales. Por eso, es útil hacer intervenciones discretas y prudentes, cuyo contenido podría ser, por ejemplo, el siguiente: Desenmascarar el uso instrumental o ideológico que se puede hacer de esa tolerancia; afirmar claramente el carácter inmoral de este tipo de uniones; recordar al Estado la necesidad de contener el fenómeno dentro de límites que no pongan en peligro el tejido de la moralidad pública y, sobre todo, que no expongan a las nuevas generaciones a una concepción errónea de la sexualidad y del matrimonio, que las dejaría indefensas y contribuiría, además, a la difusión del fenómeno mismo. A quienes, a partir de esta tolerancia, quieren proceder a la legitimación de derechos específicos para las personas homosexuales conviventes, es necesario recordar que la tolerancia del mal es muy diferente a su aprobación o legalización.

Ante el reconocimiento legal de las uniones homosexuales, o la equiparación legal de éstas al matrimonio con acceso a los derechos propios del mismo, es necesario oponerse en forma clara e incisiva. Hay que abstenerse de cualquier tipo de cooperación formal a la promulgación o aplicación de leyes tan gravemente injustas, y asimismo, en cuanto sea posible, de la cooperación material en el plano aplicativo. En esta materia cada cual puede reivindicar el derecho a la objeción de conciencia.

III. ARGUMENTACIONES RACIONALES CONTRA EL RECONOCIMIENTO LEGAL DE LAS UNIONES HOMOSEXUALES

6. La comprensión de los motivos que inspiran la necesidad de oponerse a las instancias que buscan la legalización de las uniones homosexuales requiere algunas consideraciones éticas específicas, que son de diferentes órdenes.

De orden racional

La función de la ley civil es ciertamente más limitada que la de la ley moral,(11) pero aquélla no puede entrar en contradicción con la recta razón sin perder la fuerza de obligar en conciencia.(12) Toda ley propuesta por los hombres tiene razón de ley en cuanto es conforme con la ley moral natural, reconocida por la recta razón, y respeta los derechos inalienables de cada persona.(13) Las legislaciones favorables a las uniones homosexuales son contrarias a la recta razón porque confieren garantías jurídicas análogas a las de la institución matrimonial a la unión entre personas del mismo sexo. Considerando los valores en juego, el Estado no puede legalizar estas uniones sin faltar al deber de promover y tutelar una institución esencial para el bien común como es el matrimonio.

Se podría preguntar cómo puede contrariar al bien común una ley que no impone ningún comportamiento en particular, sino que se limita a hacer legal una realidad de hecho que no implica, aparentemente, una injusticia hacia nadie. En este sentido es necesario reflexionar ante todo sobre la diferencia entre comportamiento homosexual como fenómeno privado y el mismo como comportamiento público, legalmente previsto, aprobado y convertido en una de las instituciones del ordenamiento jurídico. El segundo fenómeno no sólo es más grave sino también de alcance más vasto y profundo, pues podría comportar modificaciones contrarias al bien común de toda la organización social. Las leyes civiles son principios estructurantes de la vida del hombre en sociedad, para bien o para mal. Ellas «desempeñan un papel muy importante y a veces determinante en la promoción de una mentalidad y de unas costumbres».(14) Las formas de vida y los modelos en ellas expresados no solamente configuran externamente la vida social, sino que tienden a modificar en las nuevas generaciones la comprensión y la valoración de los comportamientos. La legalización de las uniones homosexuales estaría destinada por lo tanto a causar el obscurecimiento de la percepción de algunos valores morales fundamentales y la desvalorización de la institución matrimonial.

De orden biológico y antropológico

7. En las uniones homosexuales están completamente ausentes los elementos biológicos y antropológicos del matrimonio y de la familia que podrían fundar razonablemente el reconocimiento legal de tales uniones. Éstas no están en condiciones de asegurar adecuadamente la procreación y la supervivencia de la especie humana. El recurrir eventualmente a los medios puestos a disposición por los recientes descubrimientos en el campo de la fecundación artificial, además de implicar graves faltas de respeto a la dignidad humana,(15) no cambiaría en absoluto su carácter inadecuado.

En las uniones homosexuales está además completamente ausente la dimensión conyugal, que representa la forma humana y ordenada de las relaciones sexuales. Éstas, en efecto, son humanas cuando y en cuanto expresan y promueven la ayuda mutua de los sexos en el matrimonio y quedan abiertas a la transmisión de la vida.

Como demuestra la experiencia, la ausencia de la bipolaridad sexual crea obstáculos al desarrollo normal de los niños eventualmente integrados en estas uniones. A éstos les falta la experiencia de la maternidad o de la paternidad. La integración de niños en las uniones homosexuales a través de la adopción significa someterlos de hecho a violencias de distintos órdenes, aprovechándose de la débil condición de los pequeños, para introducirlos en ambientes que no favorecen su pleno desarrollo humano. Ciertamente tal práctica sería gravemente inmoral y se pondría en abierta contradicción con el principio, reconocido también por la Convención Internacional de la ONU sobre los Derechos del Niño, según el cual el interés superior que en todo caso hay que proteger es el del infante, la parte más débil e indefensa.

De orden social

8. La sociedad debe su supervivencia a la familia fundada sobre el matrimonio. La consecuencia inevitable del reconocimiento legal de las uniones homosexuales es la redefinición del matrimonio, que se convierte en una institución que, en su esencia legalmente reconocida, pierde la referencia esencial a los factores ligados a la heterosexualidad, tales como la tarea procreativa y educativa. Si desde el punto de vista legal, el casamiento entre dos personas de sexo diferente fuese sólo considerado como uno de los matrimonios posibles, el concepto de matrimonio sufriría un cambio radical, con grave detrimento del bien común. Poniendo la unión homosexual en un plano jurídico análogo al del matrimonio o la familia, el Estado actúa arbitrariamente y entra en contradicción con sus propios deberes.

Para sostener la legalización de las uniones homosexuales no puede invocarse el principio del respeto y la no discriminación de las personas. Distinguir entre personas o negarle a alguien un reconocimiento legal o un servicio social es efectivamente inaceptable sólo si se opone a la justicia.(16) No atribuir el estatus social y jurídico de matrimonio a formas de vida que no son ni pueden ser matrimoniales no se opone a la justicia, sino que, por el contrario, es requerido por ésta.

Tampoco el principio de la justa autonomía personal puede ser razonablemente invocado. Una cosa es que cada ciudadano pueda desarrollar libremente actividades de su interés y que tales actividades entren genéricamente en los derechos civiles comunes de libertad, y otra muy diferente es que actividades que no representan una contribución significativa o positiva para el desarrollo de la persona y de la sociedad puedan recibir del estado un reconocimiento legal específico y cualificado. Las uniones homosexuales no cumplen ni siquiera en sentido analógico remoto las tareas por las cuales el matrimonio y la familia merecen un reconocimiento específico y cualificado. Por el contrario, hay suficientes razones para afirmar que tales uniones son nocivas para el recto desarrollo de la sociedad humana, sobre todo si aumentase su incidencia efectiva en el tejido social.

De orden jurídico

9. Dado que las parejas matrimoniales cumplen el papel de garantizar el orden de la procreación y son por lo tanto de eminente interés público, el derecho civil les confiere un reconocimiento institucional. Las uniones homosexuales, por el contrario, no exigen una específica atención por parte del ordenamiento jurídico, porque no cumplen dicho papel para el bien común.

Es falso el argumento según el cual la legalización de las uniones homosexuales sería necesaria para evitar que los convivientes, por el simple hecho de su convivencia homosexual, pierdan el efectivo reconocimiento de los derechos comunes que tienen en cuanto personas y ciudadanos. En realidad, como todos los ciudadanos, también ellos, gracias a su autonomía privada, pueden siempre recurrir al derecho común para obtener la tutela de situaciones jurídicas de interés recíproco. Por el contrario, constituye una grave injusticia sacrificar el bien común y el derecho de la familia con el fin de obtener bienes que pueden y deben ser garantizados por vías que no dañen a la generalidad del cuerpo social.(17)

IV. COMPORTAMIENTO DE LOS POLÍTICOS CATÓLICOS ANTE LEGISLACIONES FAVORABLES A LAS UNIONES HOMOSEXUALES

10. Si todos los fieles están obligados a oponerse al reconocimiento legal de las uniones homosexuales, los políticos católicos lo están en modo especial, según la responsabilidad que les es propia. Ante proyectos de ley a favor de las uniones homosexuales se deben tener en cuenta las siguientes indicaciones éticas.

En el caso de que en una Asamblea legislativa se proponga por primera vez un proyecto de ley a favor de la legalización de las uniones homosexuales, el parlamentario católico tiene el deber moral de expresar clara y públicamente su desacuerdo y votar contra el proyecto de ley. Conceder el sufragio del propio voto a un texto legislativo tan nocivo del bien común de la sociedad es un acto gravemente inmoral.

En caso de que el parlamentario católico se encuentre en presencia de una ley ya en vigor favorable a las uniones homosexuales, debe oponerse a ella por los medios que le sean posibles, dejando pública constancia de su desacuerdo; se trata de cumplir con el deber de dar testimonio de la verdad. Si no fuese posible abrogar completamente una ley de este tipo, el parlamentario católico, recordando las indicaciones dadas en la Encíclica Evangelium Vitæ, «puede lícitamente ofrecer su apoyo a propuestas encaminadas a limitar los daños de esa ley y disminuir así los efectos negativos en el ámbito de la cultura y de la moralidad pública», con la condición de que sea «clara y notoria a todos» su «personal absoluta oposición» a leyes semejantes y se haya evitado el peligro de escándalo.(18) Eso no significa que en esta materia una ley más restrictiva pueda ser considerada como una ley justa o siquiera aceptable; se trata de una tentativa legítima, impulsada por el deber moral, de abrogar al menos parcialmente una ley injusta cuando la abrogación total no es por el momento posible.

CONCLUSIÓN

11. La Iglesia enseña que el respeto hacia las personas homosexuales no puede en modo alguno llevar a la aprobación del comportamiento homosexual ni a la legalización de las uniones homosexuales. El bien común exige que las leyes reconozcan, favorezcan y protejan la unión matrimonial como base de la familia, célula primaria de la sociedad. Reconocer legalmente las uniones homosexuales o equipararlas al matrimonio, significaría no solamente aprobar un comportamiento desviado y convertirlo en un modelo para la sociedad actual, sino también ofuscar valores fundamentales que pertenecen al patrimonio común de la humanidad. La Iglesia no puede dejar de defender tales valores, para el bien de los hombres y de toda la sociedad.

El Sumo Pontífice Juan Pablo II, en la audiencia concedida al Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el 28 de marzo de 2003, ha aprobado las presentes Consideraciones, decididas en la Sesión Ordinaria de la misma, y ha ordenado su publicación.

Dado en Roma, en la sede de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el 3 de junio de 2003, memoria de San Carlos Lwanga y Compañeros, mártires.

Joseph Card. Ratzinger, Prefecto; Angelo Amato, S.D.B.; Arzobispo titular de Sila, Secretario

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(1) Cf. Juan Pablo II, Alocución con ocasión del rezo del Angelus, 20 de febrero de 1994 y 19 de junio de 1994; Discurso a los participantes en la Asamblea Plenaria del Pontificio Consejo para la Familia, 24 de marzo de 1999; Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2357-2359, 2396; Congregación para la Doctrina de la Fe, Declaración Persona humana, 29 de diciembre de 1975, n. 8; Carta sobre la atención pastoral a las personas homosexuales, 1 de octubre de 1986; Algunas consideraciones concernientes a la Respuesta a propuestas de ley sobre la no discriminación de las personas homosexuales, 24 de julio de 1992; Pontificio Consejo para la Familia, Carta a los Presidentes de las Conferencias Episcopales de Europa sobre la resolución del Parlamento Europeo en relación a las parejas de homosexuales, 25 de marzo de 1994; Familia, matrimonio y «uniones de hecho», 26 de julio de 2000, n. 23.

(2) Cf. Congregación para la Doctrina de la Fe, Nota doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida política, 24 de noviembre de 2002, n. 4.

(3) Cf. Concilio Vaticano II, Constitución pastoral Gaudium et spes, n. 48.

(4) Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2357.

(5) Congregación para la Doctrina de la Fe, Declaración Persona humana, 29 de diciembre de 1975, n. 8.

(6) Cf. por ejemplo S. Policarpo, Carta a los Filipenses, V, 3; S. Justino, Primera Apología, 27, 1-4; Atenágoras, Súplica por los cristianos, 34.

(7) Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2358; Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta sobre la atención pastoral a las personas homosexuales, 1 de octubre de 1986, n. 12.

(8) Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2359; Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta sobre la atención pastoral a las personas homosexuales, 1 de octubre de 1986, n. 12.

(9) Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2358.

(10) Cf. Ibid., n. 2396.

(11) Cf. Juan Pablo II, Carta Encíclica Evangelium vitæ, 25 de marzo de 1995, n. 71.

(12) Cf. ibid., n. 72.

(13) Cf. Sto. Tomás de Aquino, Summa Theologiæ, I-II, p. 95, a. 2.

(14) Juan Pablo II, Carta Encíclica Evangelium vitæ, 25 de marzo de 1995, n. 90.

(15) Congregación para la Doctrina de la Fe, Instrucción Donum vitæ, 22 de febrero de 1987, II. A. 1-3.

(16) Cf. Sto. Tomás de Aquino, Summa Theologiæ, II-II, p. 63, a.1, c.

(17) No hay que olvidar que subsiste siempre «el peligro de que una legislación que haga de la homosexualidad una base para poseer derechos pueda estimular de hecho a una persona con tendencia homosexual a declarar su homosexualidad, o incluso a buscar un partner con el objeto de aprovecharse de las disposiciones de la ley» (Congregación para la Doctrina de la Fe, Algunas consideraciones concernientes a la Respuesta a propuestas de ley sobre la no discriminación de las personas homosexuales, 24 de julio de 1992, n. 14).

(18) Juan Pablo II, Carta Encíclica Evangelium vitæ, 25 de marzo de 1995, n. 73.

Corregir la Historia

Corregir la Historia
Cabezas de moro cortadas como las de Aragón aparecen en centenares de escudos españoles oficiales y familiares, a menudo con profusión de sangre. Otras veces son indios esclavos o escenas violentas.¿Hay que cambiarlos todos?

Luis Valero de Bernabé lleva lustros rastreando escudos. Aragonés y director del Colegio Heráldico de España y de las Indias, tiene identificados unos 4.500 en las provincias de Huesca, Zaragoza y Teruel. En al menos uno de cada diez, asegura, aparece algún motivo relacionado con el Islam y la Reconquista.
Las cabezas de moro blasonan los escudos de, por lo menos, 112 linajes sólo en Aragón, además de los emblemas de la comunidad autónoma; las provincias de Huesca y Zaragoza; un buen número de municipios de la región entre los que se encuentra alguno tan importante como Jaca; la institución del Justicia de Aragón (una suerte de defensor del pueblo regional), o la Brigada de Cazadores de Montaña Aragón I del Ejército. Fuera de España se encuentran también en los escudos de Córcega y Cerdeña o en los de linajes de familias húngaras que lucharon contra los turcos.
«Me parece muy triste, absurdo, que por motivos de conveniencia política se quiera cambiar un símbolo que forma parte del patrimonio de Aragón desde 1340», se lamenta.

Valero de Bernabé se refiere a la polémica abierta el pasado fin de semana. El presidente del Gobierno regional, Marcelino Iglesias, reconocía que había recibido quejas de la comunidad musulmana y que se podía estudiar la sustitución de las cuatro cabezas de moro cortadas del tercer cuartel del escudo regional.Posteriormente, el vicepresidente, José Angel Viel, matizó que era «muy difícil «porque la tradición es la tradición».

Otros cuatro expertos en heráldica consultados por CRONICA se han mostrado en desacuerdo con el cambio del escudo. Se alega que, con el tiempo, cambia el significado de los símbolos y que hoy las cabezas se pueden leer en clave del anhelo del pueblo aragonés de convivencia pacífica entre razas (así se recoge, de hecho, en la edición conmemorativa del XX Aniversario del Estatuto de Aragón, publicada en 2002). Se afirma que cambiar los símbolos no va a cambiar los hechos (800 años de guerra de Reconquista). «En última instancia es una chorrada», llega a apuntar uno de ellos, no sin cierto desencanto. «Hoy casi nadie se para ya a ver los escudos con tanto detalle».

La muestra más antigua del uso de las cuatro cabezas en la Corona de Aragón es un sello del rey Pedro III de 1281. Se cree que alude a la legendaria batalla de Alcoraz, en el siglo XI, en la que el rey Pedro I ganó la ciudad de Huesca y en la que se aparecieron el mismísimo San Jorge y un caballero alemán rescatado de Antioquía por el santo que ayudaron a matar a 40.000 infieles por 1.000 muertos cristianos.

Pero no son, ni mucho menos, el blasón menos políticamente correcto de la heráldica española. Con frecuencia, casi siempre en escudos familiares, las cabezas chorrean sangre. Otras veces aparecen moros encadenados y humillados, indios esclavizados o escenas de fenomenal violencia. «Verá que a veces la heráldica es un poco fuerte en sus motivos», advierte Valero de Bernabé. ¿La cambiamos toda?

REBOBINAR LA HISTORIA.

REBOBINAR LA HISTORIA.

MUCHO más que a construir un pasable presente y a planificar un futuro próspero, estos socialistas que nos gobiernan andan atentos a rebobinar la Historia para recomponerla a su gusto y capricho. Hace unos días les hice a nuestros socialistas esta misma observación con dos endecasílabos de Manuel Machado: «Que lo que sucedió no haya pasado, / cosa que al mismo Dios es imposible...». Bueno, pues eso. No quieren asumir la Historia, con sus glorias por un lado y sus miserias por otro. Quieren inaugurarla, fabricarla ellos desde el principio. Rubalcaba podría ser Viriato, pongo por ejemplo; Pepiño Blanco, Pedro el Gordo, de León, y María Teresa Fernández de la Vega, María Padilla o Doña Urraca, yo qué sé.

Andan emperrados en que la guerra civil no la haya ganado Franco, y los esquerros republicanos catalanes del mequetrefe Carod-Rovira sueñan con que Cataluña sea la república independiente de Lluís Companys, y enseguida los andaluces de Chaves Cuánto Sabes se colocan bajo la égida de Blas Infante. Pero no termina ahí la cosa, porque se remontan mucho más lejos, aguas de la Historia hacia arriba. Ahí tienen ustedes al menesteroso Marcelino Iglesias, cuyas proezas políticas, muchas y grandes, se encierran en dos: una, en quedarse para su uso personal las aguas del Ebro, que nace en Fontibre y desemboca en Tortosa, y en expulsar del escudo de Aragón las cuatro cabezas de moros decapitados que allí recuerdan la gesta de la conquista de Huesca en los años de la Reconquista.

Con razón decía hace poco en estas mismas páginas mi querido Juan Manuel de Prada que cualquier día de estos les da por quitar del escudo de Navarra las famosas cadenas que rememoran la grande batalla de las Navas de Tolosa, principio del largo fin de la dominación mahometana en España. Esas cadenas simbolizan aquellas que apresaban a los diez mil negrazos que aquel Mohamed a quien los cristianos llamaban Miramamolín había plantado alrededor de su lujosa tienda de color rojo. Los diez mil negros guardaban necesariamente con sus cuerpos la vida y la grandeza de Miramamolín porque no les era posible la huida, encadenados como estaban y plantados en un bosque de lanzas enhiestas. Si me dais licencia, relataré el suceso con un fragmento de mi «Romancero de la Historia de España».

«Caballeros de armadura pugnan la muralla aquella, mas los caballos se espantan cuando a las lanzas se acercan. Jubilosa gritería avisa una gran proeza. Don Alvar Núñez de Lara, caballero a la jineta, con un salto prodigioso ha salvado la barrera y hace tremolar al aire de su Castilla la enseña. Otros jinetes abrieron en la muralla una brecha, pero al salvar por su flanco el cordón de carne negra, vieron que el rey de Navarra entró por el ala diestra y antes que nadie tomó la roja y dorada tienda. Desde entonces, el escudo de los navarros ostenta en recuerdo de esa hazaña el cuartel de las cadenas».

Bueno, pues, hala, fuera cabezas de moros, fuera las cadenas de Miramamolín, que le den a Hassan II las campanas de Compostela que hizo llevar Fernando III el Santo a lomos de moros y que Zapatero les dé a los turcos cuando entren en la Unión Europea el Cristo de Lepanto.

Periodistas del régimen. Los palmeros del PSOE.

Periodistas del régimen. Los palmeros del PSOE.

Están por todas partes. Los Rectores son los más dóciles. Los intelectuales ya han empezado a trincar. Pegándose siguen por recoger las migajas de los premios y las exposiciones. Y los viajes. Las redacciones de los periódicos y las radios están plagadas de gentes que siguen la consigna: o conmigo o contra mí. O conmigo o tiro en la nuca. El 36 se repite en los decretos y en las columnas de la prensa afecta. A los desafectos ni agua. Se disfrazan de demócratas, pero, seguramente, siguen a pies juntillas las consignas del periódico del régimen. Ocupan casi todos los espacios públicos y jamás osan discutir una medida del Gobierno. Todos como una piña búlgara. Menos aún, se atreven a mirar la realidad. No quieren ver el duro programa que los nacionalistas han impuesto a ZP, que conlleva la desaparición de la política. Matar a la Nación española es el objetivo último de ese programa, que pasa por negar, arrinconar y matar a la oposición, o sea, al PP. Negar la política para después negar la nación es el eje "vertebrador" de la coalición nacional-socialista que desgobierna España.

Sin embargo, la negación de ese catón es la consigna que cumplen, con mejor o peor fortuna, los palmeros del poder en todos los medios de comunicación. Este personal simula, actúa y habla como si estuviéramos en una democracia normal, cuando ellos saben, e incluso lo reconocen en privado, que la demencial actuación del Gobierno socialista sólo puede ser tildada de populista y antisistema. A veces, no obstante, se les va la lengua y acaban negándose su pequeña y bochornosa identidad. Son unos botarates hundidos en sus inmundicias parlantes. No saben que es la dignidad. Afirmar directamente lo inexistente los convierte en seres peligrosos. Peores que los poderosos, o los maniobreros electorales, son casi siempre estos desdichados palmeros.

La hez de la vida pública se esconde en los tópicos: "hay que respetar las ideas", "yo espero mucho de este hombre joven", o el peor de todos y último en aparecer en la casquería intelectual de este personal, "con ZP regresa la política". Ayer sentí asco al oír esta imbecilidad de un infame trincón del nacional-felipismo. Ayer tenía ganas de vomitar sobre el sinvergüenza "escribidor" que cantó las últimas ejecuciones del franquismo. Ayer tenía ganas de insultar a quienes pagan a este infame para que oculte la realidad. Ha regresado la política a la vida española, dijo ayer un tipo por la radio, porque Zapatero anulará la reforma penal que sanciona la convocatoria de referendos de autodeterminación. ¿Sabrá este sujeto qué es la política? No, porque su desagradable oficio es matarla allí donde comienza a nacer. Su infernal verborrea es mala y, además, ocupa un espacio que podría llegar a ser común. Pero, aún es más odiosa esa manera de mentir, porque desconoce que esa medida que tomó el anterior Gobierno pretendía proteger a millones de ciudadanos en el País Vasco que sólo quieren ser españoles. Lo que para María San Gil, una política con coraje e inteligente, "es un paso atrás" para cientos de seres humanos amenazados por el terrorismo y el plan Ibarreche, para este infame es un regreso de la política. ¡Miserable!

CATÓLICOS EN BUSCA DE ESPACIO.

CATÓLICOS EN BUSCA DE ESPACIO.

Los católicos españoles empiezan a moverse en el panorama español. Las nuevas medidas del actual gobierno no han iniciado un aumento del sentido crítico del mundo social católico, sino que ha derramado un vaso que se había ido llenando durante los gobiernos anteriores.

Los católicos españoles actuales no son como los de hace veinte años, ciudadanos pasivos, de Misa dominical, que miran su bolsillo como máxima autoridad de sus destinos. El católico de ahora, sabe que es una minoría activa en una sociedad secularizada. Son ahora más de medio millón de católicos, los que pertenecen a la Prelatura del Opus Dei, al Camino Neocatecumenal o a los distintos institutos seculares y sensibilidades surgidas del Concilio Vaticano II. Estos católicos son activos y se muestran apostólicos en una sociedad que les ve con hostilidad. La primera generación de aquellos jóvenes adolescentes que en 1982 escucharon al Papa en el estadio Bernabeu, fueron fluyendo a los seminarios, y convertidos en sacerdotes, dirigieron un millón de jóvenes a su reunión con el Papa en Madrid el año pasado.

El actual fundamentalismo laicista, que impregna la política europea y la española, encuentra un enemigo difícil de batir. Los católicos han empezado a tener un mínimo de medios de comunicación. A nivel de prensa escrita, después de semanarios punteros, como Alfa y Omega (Arzobispado de Madrid) o Paraula (Arzobispado de Valencia), esta la sección de Fe y Razón, del periódico La Razón, o el recién llegado semanario Alba, del grupo Intereconomía. En las ondas herzianas, COPE mantiene su hegemonía con un plausible cambio de dirección, motivado por la llegada de periodistas coherentes con su fe. Del mismo modo, con Popular. TV, única televisión que puede ser vista por la familia entera sin restricciones. En el campo vanguardista de internet, nuevas iniciativas han surgido, como el diario electrónico Forumlibertas.com, vinculado al grupo católico catalán E-cristians o la revista de pensamiento Arbil.org, órgano de la asociación cultural del mismo nombre, que practica el gramcsismo católico y realiza diversas actividades por toda España y en Chile.

En definitiva existe una nueva generación de católicos que están dispuestos a dejar su testimonio, de manera pública. Este sector social va creciendo y tejiendo sus grupos sociales, según los temas van demandando su postura; como CONCAPA, en defensa de la clase de religión; la Plataforma por la Familia, integrada en el Foro de la Familia, en defensa de la familia; o la Asociación Próvida, y Unidos por la vida, que defienden el derecho a subsistir de los más débiles.

Los católicos comprometidos van madurando y demandando una participación pública que los defienda de la legislación antinatura. En ese sentido la presencia en el plano político e incluso su revitalización en el ámbito sindical es cuestión de tiempo. El catolicismo social está creciendo, es maduro, defiende sus derechos y tiene su propia opinión sobre la sociedad. Por eso aunque, coincido con el profesor José Manuel Cansino, de la universidad de Sevilla, en la apertura de un sector identitario social. No obstante, sigo manteniendo que es un punto que en España tener como protagonista a una derecha moral, que se asiente sobre una comunidad social en crecimiento, formada por el catolicismo comprometido, y que demanda una sociedad de entidades intermedias y no una ciudadanía individualizada y atomizada, como propugnan los nuevo gurus del laicismo liberal socialdemocrático.

LA IZQUIERDA NOSTÁLGICA EN DEFENSA DE CASTRO

LA IZQUIERDA NOSTÁLGICA EN DEFENSA DE CASTRO


Trini Jiménez defiende a Castro.


A ciertos nostálgicos del marxismo se les nota sus querencias. Los mismos pro-marxistas disfrazados de progresistas que en los ochenta predicaban como formula de distensión entre Occidente y la Unión Soviética, una política de concesiones y de tolerancia con las dictaduras comunistas, son los que hoy pretenden colarnos el mismo discurso respecto a la tiranía castrista.

No nos engañemos, detrás de estas tesis sólo se esconden las simpatías de una izquierda, -que aún no ha superado sus raíces antidemocráticas- por los regímenes que pusieron en práctica las doctrinas de sus mentores filosóficos, Marx y Lenin, y cuya extinción en el descrédito corrobora un fracaso absoluto que se niegan a aceptar.

El régimen de Castro sigue usando ese mismo antediluviano lenguaje de las revoluciones casposas, que sólo han traído miseria y represión a los pueblos que las han sufrido.

En efecto la expulsión del diputado español Jorge Moragas y los diputados holandeses se ha perpetrado, según el comunicado del gobierno castrista, porque se trataba de “acérrimos enemigos de la Revolución Cubana” que iban a “ofrecer respaldo y solidaridad a los mercenarios que operan en nuestro territorio a sueldo de los Estados Unidos”. Para el régimen comunista, los contactos y apoyos morales que iban a brindar los expulsados a los disidentes cubanos y demás victimas de la represión castrista, así como su testimonio en pro de la democratización de la isla son “actividades que constituyen una violación flagrante de nuestra soberanía y están previstas y sancionadas en nuestras leyes. Se trataba de una grosera provocación política contra Cuba.”

Pero según Trini Jiménez , responsable del PSOE de relaciones internacionales, la culpa de la expulsión la tiene el Sr. Moragas y los diputados holandeses, por no ajustarse a los requisitos burocráticos de la dictadura y querer llamar la atención al no solicitar el visado adecuado.

Llamazares, como buen satélite castrista, va más allá, mantiene exactamente la misma posición que la dictadura comunista, al calificar la visita de Moragas como “provocación preparada por el PP”.

La política que Izquierda Unida y PSOE quieren mantener con la dictadura caribeña, y de la que pretenden convencer a la Unión Europea, no es otra que aquella vieja formula del diálogo y la no confrontación, es decir cesión ante las prácticas dictatoriales. La experiencia histórica demostró claramente que precisamente la política contraria, la política de firmeza, la política de plantar cara al comunismo en todos los frentes, impulsada por Ronald Reagan, fue la que permitió la caída del telón de acero. Defender hoy en día el dialogo con la tiranía de Castro, tolerar la falta de libertades y la violación de los derechos humanos, a cambio de dudosas concesiones que suavizan la represión reinante en el país, no es más que retrasar e impedir la llegada de la democracia a Cuba, prolongar el sufrimiento del pueblo cubano y mantener en el poder al único dictador que subsiste en el continente americano.

Los residuos históricos del comunismo, personajes como Llamazares o partidos como Izquierda Unida, cómplices de las dictaduras marxistas presentes y pasadas, no tienen cabida en una sociedad democrática moderna y aunque su camino hacía la extinción es imparable, bueno sería acelerar este proceso, para al menos extirpar de toda Europa los rescoldos del totalitarismo inhumano que azotó al mundo durante todo el siglo XX.

El PSOE, que abandonó formalmente el marxismo hace tiempo, bien haría en olvidar nostalgias pasadas y mirar al futuro desde la única perspectiva de la lucha por la democracia.

Por ello no basta con que el Ministro de Asuntos Exteriores califique de “inadmisible” el comportamiento de las autoridades castristas, no basta con que pida explicaciones a la embajadora cubana en España. El gobierno español debe exigir una disculpa pública al dictador caribeño y llamar a consultas a nuestro embajador en La Habana, la permisividad con los tiranos, sólo produce nuevas injusticias.