No al miedo, la calle es de todos... los demócratas.
La izquierda se apropia de la calle. Y eso es apropiación indebida. El Prestige, la guerra de Irak, los atentados del 11-M, la pancarta y la protesta (no siempre pacífica) han obtenido premio: el "voto-de-los-ingenuos". Zapatiesta y los suyos no están dispuestos a perder la exclusiva del altavoz de la calle. Creen que es suya y para controlarla, incluidas alcantarillas, están dispuestos a utilizar el miedo.
El último episodio es la manifestación de la AVT contra la injusta libertad anticipada de terroristas con largas penas de cárcel. La manifestación acabó en esperpento: la policía detuvo ilegalmente (¿por orden de quién?, ¿por qué?) a dos ciudadanos que expresaban libremente sus ideas y que tuvieron la mala suerte de coincidir con Bono, quien, contra lo denunciado, no sufrió agresión física alguna. La dimisión o destitución del delegado del Gobierno en Madrid debe ser inmediata. El ministro del Interior debe ir pensándosela. Bono debe explicarse.
El que los ciudadanos detenidos sean del PP o de Las Rozas es tan anecdótico como que Bono sea del PSOE o castellano-manchego. Lo singular es que por aparecer en una foto se han conculcado derechos constitucionales a la presunción de inocencia y a la propia imagen. La anécdota cobra rango de categoría y algunos medios progubernamentales, al más puro "estilo Rubalcaba", denuncian como agravante la filiación política y una carta de apoyo del PP. ¡Sólo faltaría que los partidos no tuvieran autonomía o no pudieran convocar a sus afiliados!
Por el contrario, lo preocupante del caso es el mensaje de miedo lanzado a los ciudadanos con opiniones distintas: ¡ojito con lo que hacéis, cuidadito con dónde vais, y al loro con lo que decís, que os tenemos controlados y os podemos detener! La proclama zapateril "España vive la mayor libertad religiosa, política e ideológica de su historia" puede terminar en un "pero a usted, precisamente a usted que no piensa como yo, le aconsejamos que se quede tranquilito en casita a disfrutar de su libertad, que en la calle hace mucho frío". O sea, en casita es donde mejor se ejerce la libertad de expresión y de manifestación. Todo plenamente democrático.
"La calle es mía" es la sentencia atribuida a Manuel Fraga. "El Estado soy yo" clamaba el Rey Sol, Luis XIV. A "las huestes de Pepiño" no les basta con pisar alfombras o subir a coches oficiales, necesitan ser los dueños del Monopoly. Con ello, no hacen sino señalar al PP un camino cierto de oposición que simpatizantes y votantes están deseosos de recorrer: hay que salir a la calle a manifestarse.
Los españoles no debemos consentir que el chantaje del miedo, método habitual utilizado en el País Vasco, se extienda impunemente al resto de España. Hay una consigna que los ciudadanos no debemos olvidar: "Decir sí a la libertad es decirle no al miedo". La calle es de todos los demócratas.