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¿Pueden convivir en paz el islam y Occidente?

¿Pueden convivir en paz el islam y Occidente?

HOLANDA DEBATE LA INTEGRACIÓN PLENA DE LOS MUSULMANES COMO CIUDADANOS, PERO SIN CONCESIONES, CON UN LENGUAJE CLARO Y FRANCO.

Paul Scheffer, laborista: "Es difícil hablar de estas cosas, y aquí no lo hicimos durante años, prefiriendo creer que otras religiones nos harían más tolerantes". Scheffer: "La idea de que, si hablas suave, el problema desaparece no es verdad. El alcalde Job Cohen ha dado la mano a todos, pero ahora necesita protección porque es judío".

Un pintor de origen marroquí exhibe en un museo de Amsterdam cuadros de imanes rodeados de calaveras sangrantes e insignias nazis. Una joven musulmana escribe una novela en holandés que habla con franqueza del deseo sexual femenino. Una periodista hija de inmigrantes turcos declara que al financiar los colegios musulmanes el Gobierno holandés está apoyando "un regreso a la Edad Media".

Ésta es una imagen de lo que está ocurriendo dentro de la población musulmana de Holanda, que hoy día supera un millón de personas, el 6% de la población. Otra imagen la proporciona el hermano de una mujer musulmana de 25 años que ha jurado matarla porque mantuvo una relación amorosa con un holandés.

O el imán de Rotterdam que exigió a las autoridades que se prohibiera el paso por la vecindad de su mezquita a mujeres con falda corta. O Mohamed Bouyeri, musulmán nacido en Holanda, que en un acto de autoproclamada yihad asesinó en noviembre del año pasado al cineasta Theo van Gogh cortándole la garganta en plena calle con un cuchillo.

Por un lado se detectan las semillas de un islam moderno, abierto a las irreverencias del mundo occidental; por el otro, la imagen caricaturesca del islam que tanto rechazo provoca entre los que no comparten la fe. La polarización genera tensión, temor y conflicto, pero también, de forma contradictoria, ha provocado un amplio debate en Holanda entre los propios musulmanes, y entre ellos y la comunidad autóctona holandesa.

No pasa un día de la semana sin que en la televisión o en la radio o en un salón público de alguna ciudad se esté llevando a cabo una discusión sobre la gran cuestión: ¿qué hacer para que Occidente e islam convivan en paz?

En ningún otro país europeo, y quizá del mundo, se están transgrediendo con más vigor los límites de lo políticamente correcto, de lo que se puede decir o no se puede decir en sociedad. Temas considerados tabúes en el resto de Europa occidental, o que se mencionan sólo en el bar entre amigos, se discuten en público ante desconocidos con una franqueza espeluznante.

Minifalda

¿Si no les gusta a los musulmanes la minifalda, por qué no regresan de una vez a sus países de origen?, preguntan unos. ¿Se puede permitir que se predique el odio contra los judíos y el desprecio contra los cristianos en las mezquitas?, dicen otros. ¿Contraer matrimonio concertado con mujeres que uno no conoce no es una corrupción del concepto del amor y una transgresión de los derechos de la mujer? ¿Es el islam compatible con una democracia liberal y con los principios que encarna la Constitución europea?

EL PAÍS ha hablado con algunos de los protagonistas del gran debate nacional, entre ellos musulmanes fundamentalistas y musulmanes que han abandonado la fe, gente amenazada de muerte por sus ideas, feministas holandesas que defienden a mujeres musulmanas, y el hombre que inició la controversia sobre el islam, un profesor universitario, escritor y periodista, llamado Paul Scheffer, que publicó un polémico artículo en enero de 2000, titulado Drama multicultural, que generó un debate de dos días en el Parlamento holandés.

"Me han invitado a hablar sobre estos temas en varios países, entre ellos España, Canadá y Australia, y la gente siempre se queda boquiabierta, asustada", dijo Scheffer durante una entrevista en su casa en Amsterdam. "Es difícil encontrar el lenguaje adecuado para hablar de estas cosas, y de hecho aquí en Holanda no lo hicimos durante muchos años, prefiriendo creer que la llegada de gente de otras culturas y religiones nos haría más cosmopolitas y tolerantes, en vez de lo que ha ocurrido, que es lo opuesto de lo que nos habíamos imaginado. Fuimos muy inocentes. En vez de integración hemos visto un proceso de segregación con un creciente choque de culturas, especialmente con el islam".

Scheffer ha dado más de 300 conferencias a lo largo de los últimos cinco años, algunas de ellas en mezquitas. "Existía el miedo", dice, "de que un debate abierto agravara la intolerancia y creara más conflicto, pero no es verdad. La idea de que si hablas suave, si utilizas lenguaje diplomático, el problema sencillamente desaparecerá no es verdad.

El alcalde de Amsterdam, Job Cohen, le ha dado la mano a todos, se ha portado muy amablemente con todos, pero ahora necesita protección 24 horas al día porque es judío. Entonces, mejor hablar, y sin pelos en la lengua. Lo que intento comunicar a la gente es que veo el debate como una invitación, no un rechazo. El gran objetivo es buscar la fórmula de la convivencia. Por eso, en mi opinión, Holanda es hoy día un laboratorio no sólo para los holandeses, sino para todo el mundo".

Scheffer, un hombre muy conocido en Holanda, se perfila como líder del Partido Laborista, hoy la segunda fuerza electoral del país y la primera en las encuestas. "Los inmigrantes tienen que adaptar su forma de pensar a un país en el que el islam es, y siempre será, minoría. Deben comprender claramente que si quieren vivir con el libro sagrado en la mano hay que aceptar que la gente lo pueda criticar o incluso ridiculizarlo".

Marco Pastors, un político de derechas y vicealcalde de Rotterdam, expone una tesis de Scheffer: que las tradicionales divisiones ideológicas de los partidos europeos cobran menos relevancia cuando entra en juego la discusión sobre la inmigración musulmana. La diferencia entre Pastors y Scheffer es de matiz.

Pastors opina que el islam tiene que cambiar, al menos en su versión europea, para posibilitar la permanencia de los musulmanes en una sociedad fundamentalmente "cristiana y humanista" como la holandesa. "Con los inmigrantes de otras religiones y culturas y colores de piel no hemos tenido problemas más allá de los que van a tener los inmigrantes siempre y en todos lados", dice Pastors, discípulo del populista Pym Fortuyn, asesinado en 1992.

"Pero los musulmanes nos presentan un problema de paradigma porque por tradición se trata de gente hostil a la sociedad occidental cristiana. Con los demás inmigrantes, todo parece resolverse con el tiempo. Con los que se identifican con el islam parece haber una incompatibilidad casi insuperable".

Debate en Rotterdam

Con esa palabra, "casi", Pastors permite la posibilidad de que algo se pueda hacer. "Estamos fomentando el debate en Rotterdam, financiándolo con dinero de la ciudad, en gran parte porque queremos que los mismos musulmanes reflexionen, se pregunten entre otras cosas por qué si el islam es tan superior han optado por vivir en un país como el nuestro. Hablamos en los debates de la desigualdad entre hombre y mujeres, matrimonios forzados y otras cosas de las que los musulmanes nunca hablan entre ellos, y esto nos da la esperanza de que quizá su pensamiento evolucione hasta que un día sí podamos vivir juntos".

Hay algunos musulmanes que han "evolucionado" hasta el extremo de convertirse en fanáticos antiislámicos. O así ven muchos musulmanes holandeses a Ayaan Hirsi Alí, parlamentaria de origen somalí que habla con más franqueza que nadie sobre lo que ella percibe como los horrores del islam y filmó un controvertido documental con Theo van Gogh sobre la sumisión de las mujeres musulmanas.

La franqueza, como ella no ha sido la única en constatar, tiene su precio. Tuvo que abandonar el país durante tres meses tras la muerte de su amigo, cuyo asesino dejó clavado en su vientre un mensaje anunciando que ella sería la siguiente víctima de la ira islamista. Hirsi Alí, que no duda en declarar que ha dejado de creer en el Dios musulmán, ha vuelto a Holanda, pero se ve obligada a vivir en la semiclandestinidad.

Rachid Ben Alí, el pintor que satiriza a los imanes radicales ("los hombres del odio", les llama), es otro Rushdie holandés. Es un chico de 27 años con pelo teñido de amarillo que viste vaqueros con cintura baja, pero que no se mueve de su casa sin guardaespaldas. El museo se los paga desde que empezaron a llegar amenazas de muerte al día siguiente de que se inaugurara su exposición el 15 de enero.

No es ninguna sorpresa que tema por su vida. Sus cuadros son un sacrilegio imperdonable para aquellos que celebraron la muerte de Van Gogh; tomados en su conjunto son una especie de Guernica musulmán, denunciando de manera surreal, pero salvajemente explícita, el vínculo entre el islam y el terrorismo. Se ven bombas, cuerpos mutilados, coches explotando, jóvenes con la palabra "Alá" escrita en el pecho, imanes barbudos expulsando excrementos por la boca.

"Quiero que la gente vea que siendo de origen musulmán, como yo, uno puede ser absolutamente libre en su forma de pensar. El mundo musulmán no te da espacio como individuo. Hay un control social terrible. Y para poder transmitir este mensaje y conseguir que la gente hable, lo que hay que hacer es romper tabúes". Como consecuencia de la libertad de expresión que predica, él ha visto drásticamente reducida su propia libertad. ¿No se arrepiente de lo que ha hecho? "En absoluto. No permitiré que me intimiden. Nunca me autocensuraré. Antes de hacer eso abandonaré la pintura".

Otra persona de origen musulmán, Ebru Umar, escritora y periodista de origen turco y buena amiga de Theo van Gogh, dice con palabras lo que Ben Rashid con su pintura. "A Theo, un día le insultaron unos musulmanes llamándole cerdo y ese día decidió que si ellos me llaman cerdo yo les llamaré folladores de cabras.

Y eso es lo que les llamo yo, porque es verdad". Lo sea o no, no parece exactamente una buena idea -ni tampoco de demasiado buen gusto- andar diciéndolo. ¿Por qué lo hace? ¿Con un propósito político o para divertirse? "Más bien para divertirse", contesta. "Eso es lo principal. Y eso es lo que motivaba a Theo".

Umar sirve para demostrar el caos que se vislumbra dentro de la comunidad denominada musulmana en Holanda y lo estridente que se puede volver un debate que no siempre es productivo, como desearía Paul Scheffer; que a veces aporta más agitación que claridad.

Naima el Bezaz, en cambio, lucha con valentía y con los ojos abiertos por una causa seria. Nadie la ha amenazado de muerte todavía, pero desde que publicó La amante del diablo, y después de un artículo en la prensa holandesa denunciando el trato a las mujeres musulmanas, anda con cuidado. El Bezaz, que tiene 30 años y ha nacido en Holanda de padres marroquíes, opina, como el pintor Ben Alí, que la forma de curar la patología es la terapia de choque.

Novela dura

"Estoy escribiendo una novela aún más dura ahora, y lo estoy haciendo con el objetivo claro de provocar. Porque provocando, hablando de temas tabúes en la sociedad musulmana, como el deseo sexual de las mujeres, es la única forma de hacer que cambien las cosas". Ella se considera, de todos modos, una buena musulmana. "Estoy orgullosa de serlo, pero eso es precisamente porque pertenezco a la rama liberal de mi religión, la que respeta otras religiones, la que respeta a las mujeres y la que está en contra de todo tipo de violencia".

En contra de El Bezaz están los que ella llama "los rígidos". "Ellos me odian. Se calcula que hay unos 15.000 musulmanes muy rígidos, pero tienen una influencia desproporcionada. Predican el odio no sólo contra los cristianos, sino contra todos los que no son como ellos. Ése no es el islam verdadero. Para mí, eso es fascismo". El radical musulmán más conocido de Holanda se llama Mohamed Cheppih.

Nacido en Holanda hace 27 años de padres marroquíes, pero educado en Arabia Saudí, es el líder de la Liga Mundial Musulmana en Holanda y una de las más importantes figuras en Europa de una organización financiada por la familia real saudí con el propósito de propagar la fe. Se le acusa de fomentar el extremismo religioso entre jóvenes musulmanes de segunda generación, aprovechándose del rechazo y discriminación que sienten muchos por parte de la sociedad holandesa.

Cheppih indirectamente lo reconoce. "La necesidad principal a la que respondo en mi trabajo", dice, "es la de información sobre el islam, especialmente entre la juventud holandesa". Cheppih ha estado en las miras de los servicios de inteligencia holandeses, pero no se esconde. Su barba, su cara pálida, su corpulencia, son bien conocidas para los seguidores de los debates televisivos.

"La sociedad holandesa es tan hipócrita", dice Cheppih, que habla perfecto inglés, además de holandés y árabe. "Durante 20, 30 años parecían buena gente, pero resulta que nos odian y temen, y consideran que el islam es una religión retrógrada". Pero entonces, como dicen muchos holandeses en los debates, ¿por qué no cogen el avión de vuelta a Marruecos? "Es que -y esto es lo que respondo en los debates- ¡yo no quiero vivir en Holanda! Pero nací aquí. Los que somos de segunda generación de inmigrantes no elegimos vivir en este país".

¿Se sienten atrapados y frustrados? "Exactamente". ¿Pero qué opina de aquellos correligionarios suyos que tanto detestan el país donde nacieron que están dispuestos a desahogar su frustración matando? "Mire, estos tipos están locos. Tan locos que yo mismo me siento amenazado, porque en su forma de pensar yo soy una especie de traidor. Esta gente es una banda de criminales, sencillamente, que envuelven su maldad bajo el manto del islam".

Cheppih, un personaje claramente más complejo de lo que quisieran creer los caricaturistas, demuestra cómo el debate holandés ha generado un Babel de opiniones, especialmente dentro de la comunidad musulmana, donde pululan las interpretaciones de lo que es "el verdadero islam". Están los "liberales", como Naima el Bezaz; los "locos criminales", como Mohamed Bouyeri; los "rígidos", como Cheppih, y los que reniegan de la fe -pero se siguen definiendo a través de ella-, como Ben Alí.

"El debate dentro del islam: ésta es la clave; esto es lo más importante que estamos viviendo", opina Paul Scheffer. "Algunos tienen una idea muy dogmática; otros, una muy liberal. Gente como Naima el Bezaz habría sido invisible hace cinco años, pero ahora ahí están en plena ebullición. Indudablemente, algo está pasando dentro de esta comunidad y conozco muchos musulmanes que quieren avanzar en esta nueva forma de pensar. Hay 20 millones de musulmanes en Europa y será muy interesante ver en los próximos años cómo practicarán su religión en nuestras democracias liberales. ¿Evolucionará de manera diferente? ¿Surgirá en Europa la gran reforma del islam que algunos ansían?".

Terapia de choque

La otra posibilidad es que eso no ocurra, que las posiciones se endurezcan, que la terapia de choque recomendada por el doctor Scheffer, en vez de ser la solución, cree más conflictos, produzca más mártires como Theo van Gogh. El experimento que se está llevando a cabo en Holanda puede producir la deseada vacuna contra la incomprensión y el odio o puede que explote en las caras de los participantes. Lo único cierto, como dice una amiga de Ayaan Hirsi Alí, es que no hay marcha atrás. "Es como un matrimonio en crisis en el que un día todo explota y salen los rencores y frustraciones acumulados durante años. Después ya no hay posibilidad de volver al silencio de antes".

Naima el Bezaz celebró la explosión y le sigue echando leña al fuego. Hablar por hablar es saludable, opina. Pero al mismo tiempo reconoce que no hay ninguna garantía de que produzca una cura. "La verdad es que, hoy por hoy, hay más gritos que diálogo", dice. El único valor que le ve el rígido Cheppih al debate es que le permite "ver, oír y sentir cómo piensa la sociedad holandesa". Él lo dice en tono despectivo, como todo lo que dice sobre Holanda, pero al mismo tiempo el mero hecho de interesarse por lo que piensa el enemigo quizá sea el primer paso decisivo hacia la paz.

Así lo ve Scheffer, cuyo sueño es que los musulmanes participen plenamente como ciudadanos -con las obligaciones y derechos que eso conlleva- en la vida del país. Scheffer causó un impacto hace cinco años en un arrebato de rabia pesimista y hoy tiene la esperanza, dice, de que sea posible tanto en su país como en el resto de Europa una convivencia armónica entre musulmanes y los demás.

"El debate tan franco que estamos teniendo supone un riesgo, como lamentablemente hemos visto", dice. "Pero en cualquier caso es un riesgo que tenemos que asumir. Debemos intervenir, debemos defender la tolerancia contra la intolerancia. Porque si no lo intentamos, fracasaremos; perderemos la batalla, seguro".

La Izquierda ante el Islam.

La Izquierda ante el Islam.

Cuando se produce el funesto atentado del 11 de Septiembre, en Estados Unidos muchos prestigiosos pensadores de izquierdas comienzan a culpar a América de ser la responsable última de aquel crimen. Susan Sontag indicó que "fue un ataque a la superpotencia autoproclamada como consecuencia de ciertas alianzas y acciones norteamericanas".

David Horowitz, un ex comunista estadounidense y desde hace más de dos décadas un excelente pensador liberal-conservador, ha acometido una empresa peligrosa en su último libro, Unholy Alliance: identificar el antiamericanismo de la izquierda y los continuos apoyos que este movimiento brinda al Islam.

La guerra de Irak fue uno de los frentes donde se pudo percibir que la izquierda moderada comenzaba a asumir los presupuestos de sus huestes más radicales. Que Sadam fuera un tirano no era discutible. Sin embargo, la izquierda empezó a equipararle con Bush por el mero hecho de que el presidente de los Estados Unidos intervino en Irak tras hallar pruebas inequívocas de las peligrosas relaciones entre el terrorismo islámico y aquél. Por un lado, estaban las cuantiosas ayudas que Sadam daba a las familias de los suicidas palestinos (25.000 dólares a cada una) y, por otro, el acogimiento que brindaba a terroristas como Ramzi Yousef tras el primer atentado contra las Torres Gemelas (1993), o la expulsión de los inspectores de Naciones Unidas.

Tanto Carter como Al Gore se opusieron a la intervención en Irak alegando que el presidente estaba focalizando sus fuerzas en un país que no entrañaba peligro alguno para la estabilidad mundial en vez de dedicarse a luchar contra el terrorismo. Al mismo tiempo, acusaban a Bush de apoyar a Israel en el conflicto de Oriente Medio. Parece que el presidente de los Estados Unidos resultaba mucho más peligroso que el propio Sadam Husein. Entretanto, en Irak eran detenidos muchos miembros de Al Qaeda. No obstante, según advertían los progresistas, el motivo de la guerra no era otro que apropiarse del petróleo iraquí.

La oposición pacifista a la guerra de Irak tuvo un éxito increíble a lo largo y ancho del planeta. Lo que Horowitz se plantea es si ese pacifismo era genuino o podía compararse con las acciones pacifistas emprendidas por la izquierda durante la Guerra Fría para derrotar al enemigo del imperio soviético. El autor considera que este movimiento lo dirigen neocomunistas, gente que nunca ha renunciado a sus principios totalitarios pero que siguen siendo venerados como grandes pensadores de la izquierda.

En este repaso a los más importantes voceros del movimiento pacifista antiamericano Horowitz halla antiguos compañeros de viaje, como Herbert Aptheker, quien llegó a tachar de terrorista no sólo a Bush, sino a una leyenda como George Washington. Junto con Aptheker (fallecido en marzo de 2003), otro de los grandes comunistas del siglo XX, el historiador Eric Hobsbawn, ha estado arremetiendo contra el imperialismo de los Estados Unidos.

Hobsbawn era capaz, en 2002, de compatibilizar su crítica a la política americana con elogios a la Unión Soviética: "A fecha de hoy, miro con indulgencia y ternura la memoria y tradición de la URSS". Si un historiador dijera eso mismo de la Alemania nazi sería, con razón, expurgado y reprendido. Pero si, por el contrario, sigue mostrando su debilidad por la Rusia de Stalin puede seguir siendo un célebre pensador dotado de "sensibilidad social".

No es de extrañar, comenta Horowitz, porque la izquierda vive defendiendo un sistema utópico que no se apoya en la realidad. En consecuencia, todas las leyes vigentes son injustas; todas las relaciones, corruptas, y las instituciones, claramente opresivas. Tal y como lo expresó Marx, "todo lo que existe merece morir". Una crítica total implica una solución total, apostilla el autor.

Probablemente, la caída del Muro de Berlín ha sido una liberación para los izquierdistas, porque les exonera de defender un régimen indefendible y les permite dirigir todas sus fuerzas contra el capitalismo, los Estados Unidos e Israel. Es tal el odio de la izquierda a su propio país que buena parte del progresismo norteamericano se opuso a que la gente colgara, tras el 11-S, la bandera americana en sus casas; y es que EEUU había dado, según el profesor Todd Gitlin, "continuas muestras de imperialismo en países como Cuba, Nicaragua o Filipinas".

Sin duda alguna, el libro alcanza su clímax cuando analiza el pensamiento de otro famoso "pacifista" norteamericano, el lingüista Noam Chomsky, uno de los autores más vendidos y leídos en todo el mundo.

Chomsky es capaz de prologar un libro en el que se discute el Holocausto judío y culpar a Estados Unidos de apoyar a Hitler en la Segunda Guerra Mundial; de negar el genocidio de Camboya y vivir en un país como USA, al que tiene por "el mayor Estado terrorista del mundo".

Este sujeto –cuyos libros publica, entre otras, la editorial del entorno batasuno Txalaparta– señaló que los Estados Unidos estaban dejando morir a millones de afganos por medio de la reducción de la ayuda humanitaria cuando, como ha quedado probado, Afganistán estaba recibiendo más víveres que nunca.

Tras el repaso al pacifismo americano Horowitz se plantea analizar el antiamericanismo de la izquierda y compararlo con el que profesan los musulmanes radicales. Según el fundador de Frontpage Magazine, mientras que el islamista radical cree que la institución de la sharia en los países conquistados redime el mundo para Alá, la fe socialista pretende utilizar el poder estatal y los medios violentos para erradicar la propiedad privada y convertir la tierra en un paraíso.

Por este motivo –puntualiza–, la izquierda radical no se toma en serio a los extremistas musulmanes. En el fondo, el socialista cree que la religión islámica es la respuesta al sufrimiento causado por la propiedad privada. Si la revolución acaba con ese sufrimiento, también eliminará la necesidad de la religión. Por tanto, la liberación de la humanidad de la propiedad privada, o lo que es lo mismo, la defenestración de América y el capitalismo occidental hará que los musulmanes fanáticos no necesiten profesar el Islam.

Este ensimismamiento de la izquierda con el Islam se puede apreciar en la defensa de la causa palestina. La apología de Palestina ha llegado a tal punto que deliberadamente se oculta la fiebre asesina de Arafat y los suyos, así como la corrupción del ya fenecido ex líder de la OLP, para fijarse únicamente en las víctimas colaterales que, en ocasiones, acarrean las incursiones del ejército de Israel en los territorios "ocupados".

En un estupendo tour de force, Horowitz resume su brillante ensayo Por qué Israel es la víctima y los árabes los indefensibles agresores para explicar cómo jamás ha existido una conciencia nacional palestina, sino que ésta ha sido fomentada por los Estados arabes con dinero, armas y propaganda al servicio del terrorismo anti-israelí.

A partir de este espléndido resumen de la situación de Oriente Medio, el autor se lanza a desempolvar una serie de casos que la izquierda ha abanderado en apoyo de terroristas islamistas. El primero de ellos es el de Sami al Arian, un palestino que fue juzgado por constituir ONG que canalizaban dinero y captaban yihadistas para el terrorismo palestino.

Al Arian fue defendido por asociaciones de abogados de izquierda como el Centro para los Derechos Constituciones o la ACLU, que llegaron a llamar, con la connivencia de los medios izquierdistas de Estados Unidos, a la desobediencia civil.

Los "amigos de los pobres" también convirtieron en su causa el procesamiento de Omar Abdel Rahman, un terrorista musulmán. Lynne Stewart, una famosa izquierdista americana, representó a Arman, y llegó a justificar las acciones de su cliente con frases como ésta: "No tengo ningún problema con Mao, Stalin o con los líderes vietnamitas, ni ciertamente con Castro, encarcelando a gente que considera peligrosa, porque normalmente la disidencia ha sido utilizada por los grandes poderes para destruir la revolución popular".

Stewart mostró tal sinceridad en sus manifestaciones que ni siquiera tuvo que aclarar que la revolución de Ben Laden coincidía con la revolución del proletariado.

Aparte de incluir multitud de referencias a organizaciones contrarias a la guerra y al pasado totalitario de sus miembros, Horowitz estudia la evolución del Partido Demócrata, que, al igual que nuestro Partido Socialista, ha ido aceptando progresivamente muchas de las ideas de la extrema izquierda. Si Gore daba conferencias ante Moveon.Org, un grupo radical, en las que condenaba la guerra en Irak por "beneficiar a amigos y promotores del Partido Republicano", Kerry recordaba que él se había opuesto en plena Guerra Fría a las "guerras ilegales de Ronald Reagan en Centroamérica".

El libro de Horowitz ofrece muchos más datos que obligan a adoptar una actitud escéptica respecto a la posibilidad de que la izquierda vuelva a ser patriótica y prooccidental. Aunque hemos tratado de condensar lo mejor de esta obra sensacional, recomendamos la lectura urgente del libro, porque retrata la patología totalitaria de buena parte de la izquierda democrática.

Partido Popular. La esperanza de la Nación.

Partido Popular. La esperanza de la Nación.

El desastre anunciado está ante nuestros ojos, pero aún hay bien intencionados, a veces cobardes, que no quieren creerlo. El Gobierno y los nacionalistas quieren reformar la Constitución para que desaparezca España. Asistimos al último asalto a la nación española, pero los socialistas hacen como si la cosa no fuera con ellos. Trágica España. La entrega del PSOE a los dictados del nacionalismo-populista de catalanes y vascos sólo tiene una alevosa explicación, a saber, ZP y Maragall quieren sustituir a la nación, al Estado-nación, por el partido, el Estado-partido, como eje vertebrador de la sociedad. He ahí el primer desafío de nuestra triste democracia. Y, sin embargo, lo peor, dicen los más realistas, aún no ha llegado. Todos estamos expectantes, casi asustados, sobre cómo va a terminar esta pesadilla de un Gobierno entregado en cuerpo y alma a la destrucción de la nación española. La opinión pública política no está dividida, ojalá, sobre las acciones más o menos ajustadas del Gobierno con respecto a la nación, sino asustada ante el entreguismo de este ejecutivo a las demandas nacionalistas.

La Nación, España, aún no ha respondido a este ataque criminal, porque sigue anestesiada por la propaganda y la agitación de un populismo barato. También la actuación responsable y ajustada del PP, de la genuina oposición al Gobierno, al espíritu constitucional está atemperando la dramática situación. Hay, sin embargo, un malestar público que presagia lo peor. Es algo que todos podemos percibir en la calle, en los periódicos, en las tertulias, en la charla entre amigos, en todas partes, pues, donde la vida política es observada con cierto distanciamiento ideológico. Allí donde el ciudadano está lejos de la manipulación ideológica, allí donde no se hace interpretación política, allí, en fin, donde el ciudadano se limita a levantar acta de las acciones del Gobierno no puede sustraerse de un cierto malestar derivado de la falta de criterio del Gobierno de la nación.

En efecto, pocas veces, quizá ninguna, en la historia reciente de España un gobierno ha perdido con tanta rapidez el respeto de sus ciudadanos a los pocos meses de llegar al poder. Excepto la plebe apolítica, nihilista y sectaria de quienes sólo se dirigen por la barriga, nadie se priva de ridiculizar al gobierno de la Nación. Nadie crítica ya cómo ha llegado el PSOE al poder. Nadie cree en la viabilidad de este Gobierno. Simplemente es que nadie espera nada bueno de este Gobierno. El respeto de sus ciudadanos, sin importar su credo político o religioso, por sus gobernantes y, especialmente, por su presidente de Gobierno ha desaparecido. Sin política exterior digna de resaltarse, sin coraje para defender la nación española de las tarascadas nacionalistas, sin proyecto económico que no sea el gasto por el gasto y, sobre todo, sin discurso para hacer política, el pacto entre socialista y nacionalista, con la comparsa comunista, se reduce a eliminar a la oposición.

Acaso por eso, y porque nadie con actitudes democráticas duda de que si la oposición es destrozada, el camino quedará expedito para que el PSOE rompa España, ha crecido como en ninguna otra época reciente el respeto por la oposición. Incluso entre los socialistas de bien, especialmente en el País Vasco y Cataluña, ha crecido un sentimiento de empatía con el PP, que convierte a este partido en algo más que una alternativa. El PP es, nuestra única esperanza para que aquí no pase nada desagradable. El PP es el último bastión para que la política no desemboque en violencia y paz de cementerio. El PP es el único que puede parar el desastre del PSOE.

Censura y veto en la Cumbre Antiterrorista de Prisa.

Todos sabemos el poder de Prisa y sus cercanos en el Gobierno. También recordamos que Zapatero quiere echar tierra sobre todo lo que recuerde a Aznar. Imaginamos que cualquier intento por que se oigan otras voces diferentes a las suyas son cercenadas de raíz. Esta estrategia llega hasta el punto de ignorar el congreso de las Víctimas del Terrorismo en Colombia y organizar para el aniversario uno sobre Terrorismo en Madrid, que comienza estos días. Lo organiza el Club de Madrid, promovido por “Diego Hidalgo Schnur, cofundador y miembro del Consejo de Administración de Prisa y consejero de la Fundación Santillana y de Sogecable”, como bien nos recuerda El Confidencial Digital. Además es el presidente de FRIDE, Fundación para las Relaciones Internacionales, cuya revista preside el columnista de El País Andrés Ortega. Pero en un Congreso de estas características sería bueno contar con un gran número de expertos, y más si son de la categoría de Bat Yeor, David Horowitz –editor del Jerusalem Post, entre otras múltiples ocupaciones– o Daniel Pipes. Pues no, estas figuras, eventuales colaboradores de Libertad Digital, han sido de alguna manera vetados por el Gobierno, poniéndoles un sinfín de problemas y ejerciendo la censura previa.

Cada caso es diferente. Según nos cuenta El Confidencial Digital a algunos de ellos les han practicado la censura preventiva, como a Horowitz, instándole a no utilizar ciertas expresiones como por ejemplo terrorismo islamista, para utilizar en su lugar terrorismo internacional. David Horowitz avisó con mucho timepo de antelación y tras conocer esto de que no acudiría a la Cumbre.

Sin embargo, y a pesar de que en un primer momento ECD citaba su nombre, Yigal Carmon, director de MEMRI, Instituto de Investigación y Análisis de Medios de Oriente Medio, se encuentra alojado en un hotel cercano al palacio de Congresos y no ha recibido ninguna instrucción sobre lo que ha de decir. Además, Carmon ha viajado sin acompañante y no se encuentra en casa de la familia Bosé como se había dicho con anterioridad, tal y como han explicado a Libertad Digital desde Memri.

A Bat Yeor, musulmana amenazada y exiliada de Egipto se le retiró la protección y además se le fijaron consignas. No vendrá.

Lo mismo ocurre con Daniel Pipes, uno de los máximos expertos mundiales en terrorismo islámico, según ECD. Libertad Digital ha podido saber que Pipes estaba dispuesto a dar la batalla en la cumbre, pero tras ponerle y quitarle su conferencia, cambiarle las fechas y enseñarle la censura preventiva ha decidido no venir, con un monumental enfado, según ha podido saber Libertad Digital. La agenda de estas personas estaba además cubierta de reuniones y charlas en diversas instituciones, como FAES, o reuniones privadas o cenas con analistas de prestigio e institutos de estudios estratégicos como GEES. Otro de los casos que ha conocido LD es el de Bill Clinton. A pesar de que El País ha dicho que no viene por enfermedad, el ex presidente norteamericano ha decidio no asistir a la cumbre tras comprobar de que se trataba en realidad.

Retomando la información de ECD explica que “algunos expertos que han seguido de cerca la organización de este simposio han asegurado a este confidencial que el objetivo del Club de Madrid podría ser contar con un buen número de académicos que avalen las conclusiones oficiales que se van a derivar de la comisión parlamentaria sobre el 11-M. Según afirman estos expertos, se pretende dar carta de naturaleza a ideas como que el terrorismo islamista es consecuencia de la pobreza, de la política agresiva de Estados Unidos contra el mundo árabe, o que el 11-M fue culpa de la errada política exterior de José María Aznar”.

Para los analistas del Grupo de Estudios Estratégicos la cuestión está más que clara, "la cumbre será un fracaso". En el análisis de este martes en LD explican que "con esa visión el gobierno de ZP se vuelca en una cumbre antiterrorista a celebrarse en Madrid, a la que había invitado a todos los dignatarios de la UE y a la que sólo van a asistir unos cuantos segundones, unos pocos sátrapas y algún que otro líder institucional en busca de reconocimiento publico. ¿Cómo iba a prestarse Clinton a santificar que no vale cuanto se ha hecho para luchar contra el terror islámico y cómo no iba a aprovechar Kofi Annan una oportunidad más para tapar su pésima gestión al frente de Naciones Unidas y arremeter contra su odiado George Bush?"

"...La cumbre será un fracaso. Y no sólo porque los supuestos amigos de ZP no le correspondan a su invitación, sino porque las conclusiones a las que llegue –si llega a algunas– van a encontrar poco eco internacional. Pero no importa, el gobierno siempre podrá vender la reunión como el inicio de un ambicioso proceso que culminará, como sus relaciones con los Estados Unidos, con una gran sorpresa. La realidad es que no deja de sorprendernos día a día".

Anticlericalismo del PSOE. Monjas expulsadas de su monasterio en Barcelona.

Anticlericalismo del PSOE. Monjas expulsadas de su monasterio en Barcelona.

El Ayuntamiento de Esplugues de Llobregat (Barcelona), gobernado por el PSC con mayoría absoluta y entre cuyos concejales se encuentra la actual Vicepresidenta del Congreso de los Diputados, Carme Chacón, ha iniciado los trámites para expropiar, de forma totalmente arbitraria, el Monasterio de Santa María de Montsió y expulsar a la comunidad de religiosas dominicas que ahí vive.

El objetivo del Ayuntamiento es apropiarse de todo el monasterio (Iglesia, claustro gótico del S.XIV, dependencias y jardines), que es propiedad de la Comunidad de religiosas. Y, para tal fin, pretende modificar el Plan General Metropolitano actualmente vigente y recalificar los terrenos, pasándolos de zona verde privada de uso religioso a terrenos de titularidad pública con la zonificación de verde público y equipamiento.

Esta modificación es totalmente contraria a Derecho e infringe el ordenamiento jurídico, además de ser poco coherente, irracional y antieconómica. Y los argumentos dados por el Ayuntamiento no tienen ninguna justificación. El Ayuntamiento afirma que con la expropiación se pretende preservar el conjunto patrimonial y garantizar la apertura del mismo a todos los ciudadanos. Pero esas razones son falsas y no se sostienen. El conjunto patrimonial ha sido preservado, desde su creación (S.XIV), precisamente por las distintas comunidades de religiosas que ahí han vivido a lo largo de los siglos.

Gracias a ellas, solamente a ellas, el claustro ha llegado hasta nuestros días en perfecto estado. Y gracias también a ellas, cualquier persona puede visitar el claustro y los jardines cuando lo desee. Porque la Comunidad de Dominicas, siendo como es la única propietaria del Monasterio, abre las puertas de su casa a cualquier persona que quiera visitar el conjunto patrimonial. De ello pueden dar fe muchas personas e instituciones de Cataluña. Incluso hay prevista una jornada de puertas abiertas el último domingo de cada mes. Y son precisamente las religiosas las que se encargan de recibir a los visitantes y de explicarles el conjunto patrimonial.

La actuación del Ayuntamiento es totalmente arbitraria. No hay razones que justifiquen la expropiación. Y el modo en cómo se está llevando a cabo es lamentable. Ningún responsable del Consistorio se dignó a informar de palabra a la Comunidad de religiosas. Se enteraron mediante una simple carta en la que se les informaba de que el Ayuntamiento había decidido quedarse con el Monasterio. Y el propio Ayuntamiento ya se ha encargado de dar por hecha la expropiación, anunciando en su publicación mensual que el Monasterio será de titularidad pública en breve. En Esplugues, la gente ya está convencida de que las monjas tienen que irse.

Carta a Pilar Manjón.

Carta a Pilar Manjón.

Estimada Pilar: Estoy seguro de que estos días previos al primer aniversario del brutal atentado terrorista del 11-M le tienen que estar resultando muy duros. El ir recordando día a día, hora a hora, minuto a minuto, los instantes previos a aquella fatídica mañana en la que perdió la vida su hijo Daniel, tiene que ser demoledor. Por eso cuenta, al igual que el resto de los familiares de las 191 víctimas restantes, con todo mi apoyo, afecto y solidaridad.

Usted sabe que los españoles llevamos sufriendo mucho tiempo con el terrorismo. Desde hace cuarenta años, la banda terrorista ETA ha ido golpeando sin piedad en el País Vasco y en el resto de España, hasta acumular un total de 817 víctimas mortales y miles de personas heridas. Militares, guardias civiles, policías nacionales, ertzainas, políticos de la UCD, AP, PP y PSOE, jueces, empresarios, periodistas, ciudadanos sin ninguna adscripción política y social relevante e incluso niños integran la macabra lista de los criminales de ETA.

Las víctimas de esos 817 asesinatos nos han dado a lo largo de estos años un ejemplo de dignidad moral, de saber estar, de no tomarse la justicia por su mano, de llorar a sus muertos, muchas veces en medio de una gran soledad y desamparo por parte de las Instituciones y de la sociedad en general. Las víctimas nos han dado mucho más de lo que ellas han recibido. Ese ejemplo nos ha hecho a todos ser un poquito mejores, ha cohesionado sin duda a la sociedad española. Esa ha sido y tiene que seguir siendo la gran lección de las víctimas.

A pesar del sufrimiento causado en tantas personas, nunca, ninguna de las víctimas ha cometido el tremendo e inmoral error de acusar al Presidente del Gobierno de turno de ser el responsable de esos asesinatos. No lo hizo Ana María Vidal Abarca -persona a la que usted conoce y que preside actualmente la Fundación Víctimas del Terrorismo- con Adolfo Suarez, cuando ETA asesinó a su marido, Jesús Velasco, en Vitoria. No lo hizo Mapi Heras con Felipe González, cuando ETA asesinó a su esposo, Fernando Múgica, en pleno centro de San Sebastián. Tampoco lo hicieron los padres de Gregorio Ordoñez con González , cuando el joven político del PP fue asesinado por la banda terrorista mientras comía en un bar de la parte vieja de la capital guipuzcoana. No lo hicieron los padres o la hermana de Miguel Angel Blanco con José María Aznar, cuando ETA asesinó a "cámara lenta" al joven concejal del PP de Ermua, tras tenerle cuarenta y ocho horas secuestrado. Son sólo unos ejemplos de ese comportamiento ejemplar de las víctimas del terrorismo.

Sin embargo, usted si ha acusado al ex -Presidente Aznar de ser el culpable del asesinato de su hijo y del resto de víctimas del 11-M. Lo hizo a las puertas del Congreso de los Diputados, el día en que Aznar compareció ante la comisión de investigación del 11-M. Y lo volvió a hacer días más tarde cuando usted misma compareció ante esa comisión. Ahí se equivocó y cometió una profunda injusticia. No sé si se dejó llevar por el dolor, por el rencor, por su ideología o por una mezcla de las tres cosas. Pero se equivocó profundamente, porque estará de acuerdo conmigo en que los únicos responsables de cualquier atentado son quienes los cometen, nunca las autoridades que no consiguen evitarlos.

Posteriormente he visto que ha seguido protagonizando algunas actuaciones que, créame, no ayudan ni a las víctimas ni a la sociedad en general. Con motivo de este triste primer aniversario del 11-M, se ha empeñado en dictar a las Instituciones lo que deben y no deben de hacer. Ha dicho que le indigna que ese día vayan a repicar todas las campanas de las Iglesias de Madrid. Tampoco ha estado de acuerdo con el funeral que se celebrará ese día en la Almudena, al que no piensa acudir, aunque si lo hará el día anterior a un concierto en el Auditorio Nacional en el que entre otros cantantes intervendrá alguien tan comprometido con las víctimas del terrorismo como "Loquillo"…

Señora Manjón: no pretenda dirigir hasta esos extremos el dolor de las víctimas, de las que desgraciadamente usted forma parte. Las víctimas son de todos, porque los terroristas atacan a todo un pueblo, a toda una sociedad y a ese pueblo, a esa sociedad, hay que reconocerles el derecho de llorar, de acompañar, de estar con sus víctimas. Imite usted el ejemplo de las otras víctimas a las que antes me he referido y aprenderá muchas cosas. No introduzca dosis de ideología, de política, de rencor en su actuación al frente de la Asociación de Víctimas del 11-M. No se deje utilizar por nadie. Si quiere trabajar por las víctimas, hágalo, pero recuerde que no es la primera, aunque esperemos que sea la última que lo hace. En todo caso, le reitero que cuenta con todo el afecto, apoyo y solidaridad ante lo que ya es irreversible: la pérdida de su hijo Daniel en el atentado del 11-M. Y si no le molesta, cuente también con mis modestas oraciones.

Corrupción en Cataluña.. El Régimen.

Corrupción en Cataluña.. El Régimen.

Artur Mas podía haber capitalizado la contribución de CiU a la gobernabilidad con UCD, con el PSOE, con el PP. Pero al apoyar el plan Ibarretxe optó por dilapidar su patrimonio histórico, confirmando que su prudencia no iba a sobrevivir a su poder. Claro que, a cambio de sus votos, CiU había obtenido del PP un cheque en blanco para mantener su régimen en Cataluña. Cheque que se mantuvo con la mayoría absoluta de Aznar. Las ofertas populares a CiU para que entrara en el gobierno de España sugieren que los jefes del PP nunca han querido ver de frente lo que el nacionalismo “moderado” era realmente.

La verdad es que eran una casta que impuso su voluntad durante casi un cuarto de siglo y que todavía no ha despertado de su sueño impune. Allí donde había un negocio importante a la vista, era para ellos. Por definición. Si un buen capital extranjero entraba en Cataluña, ellos debían tutelarlo. Si el capital salía, si se deslocalizaba alguna industria, ellos se reservaban el diseño de la operación y el “asesoramiento”. En cuanto a la obra pública, Maragall ha sido bastante claro, a pesar del suflé y de la vaselina. El pujolismo ha dejado una sensación de enchufismo generalizado, de sectarismo, de mafias familiares, de ley del silencio. Y de arrogancia.

Hasta ahora nunca han tenido que rendir cuentas de ningún abuso porque atacarlos a ellos equivalía a atacar a Cataluña, tic maldito que, a la vista está, todavía aqueja a Pujol, el líder que empezó su carrera comprando un banquito desde el que poder estirar –como decimos en catalán- más el brazo que la manga. Había que financiar a mucha gente y a muchas entidades, desde el histórico PSAN -el independentista Partit Socialista d’Alliberament Nacional- hasta unos cuantos socialistas que vendieron su alma.

Postergaron una de las lenguas de todos los catalanes, falsificaron la historia en los libros de texto, practicaron un victimismo estomagante que nos llevó al hartazgo y que dañó nuestra imagen en España. Liquidaron los lazos afectivos de las nuevas generaciones con una patria a la que negaron hasta el nombre. Protagonizaron la más infame manipulación informativa a través de los medios públicos de la Corporació Catalana de Ràdio i Televisió y sometieron a los medios privados a la correa de la subvención encubierta.

Se lo llevaron crudo manejando los fondos que llegaban de Europa para formar parados, cobrando cursos de Formación Ocupacional que jamás se impartieron. Siempre con la mayor arrogancia, siempre seguros de su impunidad. Al que se atrevía a toserles lo trituraban, fuera periodista, abogado o empresario. Sea por conjurar la crisis del Carmel, sea por cualquier otro motivo, Maragall, entre disimulos, les ha preparado un juicio indirecto pero sumarísimo. Es la catarsis catalana. Un año después de perder el poder van a perder la autoridad. Nada es eterno.

Concapa abandona el pacto educativo tras el rechazo sindical a la Religión.

Concapa abandona el pacto educativo tras el rechazo sindical a la Religión.

Los padres laicos de Ceapa frenan el acuerdo hasta que el Ministerio presente su reforma.

La Confederación Católica de Padres de Alumnos anunció ayer su retirada de las negociaciones, entre otras razones, por la votación en el Consejo Escolar de UGT y CC OO –dos de los cinco artífices del preacuerdo alcanzado– en contra la Religión. Los padres laicos de Ceapa han puesto también el freno al borrador de acuerdo a la espera de conocer las líneas de la reforma educativa que la ministra de Educación presentará a las comunidades el 17 de marzo.

La baraja se ha roto cuando parecía que las cinco organizaciones implicadas en las negociaciones para un pacto social por la Educación –Ceapa, Concapa, UGT, CC OO y FERE– habían alcanzado un principio de acuerdo. Hace dos días, la confederación de padres laicos de Ceapa advertía de que «para llegar a la firma de un documento de tanta trascendencia, sería conveniente conocer las líneas generales del anteproyecto que el Ministerio de Educación está preparando de acuerdo con las comunidades autónomas». Y señalaba la importancia de avanzar en cuestiones como «la democracia participativa y la importancia del sistema público de enseñanza».

Comisiones Obreras valoraba a su vez el borrador de pacto por la educación, pero ponía el acento en la insuficiencia del texto en aspectos como el papel de los trabajadores de la enseñanza, las retribuciones, el acceso, la estabilidad, las jubilaciones o la carrera docente. Contenidos sin los que el sindicato adelantaba que «no firmará un acuerdo».

Con todo, los de Comisiones mantenían el objetivo de conseguir un acuerdo, para lo que hacían un llamamiento al ministerio, las comunidades autónomas y los partidos políticos para alcanzar el necesario consenso.

Después de que las dos organizaciones progresistas expusieran sus «peros» al preacuerdo, la estocada la pusieron ayer los padres católicos de Concapa, mucho más contundentes en sus razones para abandonar la propuesta. La más importante, la posición que adoptaron UGT y Comisiones Obreras en el polémico Pleno del Consejo Escolar del Estado, al votar a favor de la salida de la asignatura de la Religión del currículo y del horario lectivo, así como de la enmienda que pedía al ministerio la derogación de los acuerdos con la Santa Sede que supuestamente vulneran principios constitucionales. «No podemos confiar en unos planteamientos que varían y son contradictorios en función del lugar y el momento en que se proponen o debaten», alegaron.

Concapa se lamentaba además del «secretismo» con el que se plantearon las conversaciones, con el que «una vez más se hurta a las familias, a la sociedad y a muchas organizaciones educativas intervenir en un debate que debe ser realizado “entre todos y para todos”».

Los padres católicos revelaron que se habían reunido con la mayoría de las organizaciones de la Mesa Concertada –compuesta por los sindicatos CC OO, UGT, FSIE y USO y las patronales Educación y Gestión, CECE y APSEC– y que había constatado su «rechazo inequívoco» a la forma en que se ha propuesto la consecución del pacto, «a espaldas de la sociedad española».

Propuesta desvirtuada. Otra razón de peso para abandonar el pacto ha sido que dentro de dos semanas la ministra presentará a las autonomías el anteproyecto de ley de la reforma educativa, lo que pone en tela de juicio la intención ministerial de respetar las premisas del pacto en sus propuestas. A lo que añade Concapa «la posibilidad de que esta propuesta de pacto educativo sea desvirtuada y empleada como coartada que permita al Gobierno pactar con sus socios políticos la existencia de 17 sistemas educativos diferentes». En definitiva, proponen «comenzar un verdadero debate, sosegado, dialogado y reflexivo, con la necesaria claridad y transparencia».