LA POLÍTICA INFORMATIVA DEL GOBIERNO (PSOE): EL SILENCIO COMO PRINCIPIO.
Muere un soldado en Afganistán y el Ministro de Defensa, Alonso, promete explicaciones para más adelante, cuando tenga el correspondiente informe. Ayer un periódico, el Mundo, publicaba unas declaraciones de El Chino, realizadas a su hijo el 14 de marzo de 2004, en las que dice que «ETA se ha pasado», y el gobierno mantiene su mutismo, negándose a hacer declaración alguna al respecto.
Ambos comportamientos son prueba de que el PSOE, que presumía de trasparencia y claridad informativa, mantiene a toda la ciudadanía en la más triste de las ignorancias. Sólo gracias a que aún sobreviven medios de comunicación libres – como éste-, podemos llegar a conocer al menos parte de lo que sucede y que el Gobierno nos quiere ocultar.
La cuestión, no obstante, está en saber si esta política de ocultación tiene lugar por motivos estratégicos o es inherente a la propia ideología del actual PSOE. Lo primero parece insostenible, pues son ya demasiados temas sobre los que el Gobierno guarda silencio: la Guerra de Afganistán –hace pocos nos enteramos que en tiempos de Bono nuestras tropas fueron atacadas y no se informó a las Cortes-; los atentados del 11-M; las negociaciones con ETA –que entabló el Presidente Rodríguez cuando no era más que jefe de la oposición, y violentando el Pacto Antiterrorista-; las intereses ocultos en la OPA de Endesa; las negociaciones monclovitas, a espaldas de las Cortes, del Estatuto Catalán con los representantes de CiU... demasiados silencios para ser estratégicos.
Por eso, la política de comunicación del Gobierno parece responder más a un plan determinado e ideológico que a motivos meramente puntuales. Lógicamente no son ajenos a este plan los favores que el Presidente Rodríguez ha hecho al Grupo Prisa con la concesión de Cuatro; o a la «nueva guardia» de amistades del Sr. Rodríguez, los socios de La Sexta. Tal política supone, desde luego, un retroceso en la asunción de la democracia por parte del PSOE. No debemos olvidar que el Partido Socialista fue a lo largo de su historia ferviente antidemócrata. Así no le resultó difícil apoyar la Dictadura de Primo de Rivera, que por cierto fue quien facilitó al PSOE los medios económicos para convertirle en un gran partido de masas; participar en el Golpe de Estado de 1931 que instauró la II República; organizar el Golpe de Estado de 1934 al no querer admitir el resultado democráticos de las urnas, que favoreció al centro derecha; o ser parte en los Gobiernos revolucionarios y antidemocráticos habidos en la zona Roja desde el 18 de julio de 1936 hasta el 1 de abril de 1939.
Esta política informativa tan dada a las excentricidades –como es confundir el rosario que el S.S. regaló a la Vicepresidenta del Gobierno con un collar de perlas acabado en cruz- debe abrir los ojos a los votantes del PSOE que aún creen en su carácter democrático. El PSOE, como toda fuerza revolucionaria, es cada vez más propenso a la mentira y a la generación de divisiones artificiales en la sociedad. Así, en España no existía en la actualidad ninguna «cuestión religiosa», sin embargo, comportamientos como el del Presidente Rodríguez durante la visita del Papa parecen querer crear una; no existía, salvo en los residuales partidos nacionalistas, problemas con el actual marco constitucional, sin embargo el Sr. Rodríguez, con su obsesión estatutaria, ha puesto en serio peligro nuestro entramado constitucional; tampoco existía una honda división entre Monárquicos y Republicanos, sin embargo, la utilización partidista de Juan Carlos –que por otra parte se ha dejado manipular sin oponer resistencia- ha originado la existencia de una movimiento cada vez más activo y radical en contra del Jefe del Estado y su familia; para finalizar, si bien se asumía que tanto las fuerzas de derecha como de izquierdas tenían el mismo derecho a participar democráticamente, desde el Gobierno – y para eso se utiliza una muy personal reivindicación de la «memoria histórica»- se está difundiendo, de manera artera y muy eficaz, la idea de que la democracia sólo pertenece a la izquierda, y que la derecha no tiene ningún derecho a participar en la misma.
Así pues, y por salud democrática, desde los medios de comunicación libres se debe seguir informando sobre aquello que el Gobierno quiere ocultar. Sólo así se producirá la tan necesaria rebelión civil que haga imposible el sostenimiento en el poder de un partido que no duda acudir al medio más antidemocrático y totalitario de mantenerse en él: el envenenamiento informativo.