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Religión

El PSOE quiere excluir los bienes de la Iglesia de las ayudas del uno por ciento cultural.

El PSOE quiere excluir los bienes de la Iglesia de las ayudas del uno por ciento cultural.

Estos fondos se han destinado hasta ahora a restaurar catedrales, monasterios e iglesias románicas.

El grupo parlamentario socialista pretende excluir los bienes de la Iglesia de los fondos de restauración provenientes del denominado «uno por ciento cultural», una de las mayores partidas presupuestarias de que dispone el Ministerio de Cultura para finaciar los trabajos de conservación del patrimonio español. Si el Gobierno sigue estas instrucciones eliminará los programas de restauración de catedrales, monasterios e iglesias del rómanico, incluso de edificios declarados como Patrimonio de la Humanidad y principales referentes culturales tanto el plano religioso como turístico.

La ministra de Cultura, Carmen Calvo, pretende frenar las subvenciones estatales al patrimonio religioso.

El deseo de la ministra Carmen Calvo de aplicar las inversiones del «uno por ciento cultural» con criterios «de cultura y no de color político», no parece coincidir con los planteamientos de su grupo parlamentario, que ha presentado una Proposición no de ley para instar al Gobierno a que considere «imprescindible» que estos fondos se destinen a «bienes de interés cultural o protegidos o catalogados por las diferentes legislaciones autónomicas, y que sean de titularidad pública, o bien exista una cesión de uso público». De esta forma quedarían excluidos todos los bienes pertenecientes a la Iglesia, que hasta ahora podían obtener fondos para su conservación a través de tres planes especiales: el de catedrales, el de monasterios y el de restauración del románico.

La proposición, presentada a finales de noviembre, tendría que haber sido discutida en la comisión de Cultura del Congreso el pasado 9 de febrero, según el orden del día. Sin embargo, en el último momento y sin mediar explicación, el grupo socialista decidió aplazar, sine dÍe, su discusión. Según el diario digital «El Semanal Digital» este retraso respondía a la intención de evitar «un escándalo» en plena campaña del referendum sobre la Constitución europea.

La portavoz del prupo popular en la comisión de Cultura, Beatriz Rodríguez Salmones, confirmó ayer a LA RAZÓN que su partido ha presentado una enmienda exigiendo que «el Gobierno respete la actual legislación» y siga destinando estos fondos a bienes propiedad de la Iglesia. Por otra parte, y a pesar de los numerosos intentos de este diario, no ha sido posible contar con la opinión ni del portavoz del grupo socialista en la comisión de Cultura y firmante de la proposicón, Antón Moura, ni con los responsables de prensa del grupo socialista y del Ministerio de Cultura.

Medida cultural. El «uno por ciento cultural» es una medida creada por la Ley de Patrimonio Histórico que establece que en todas las obras públicas con un presupuesto superior a los 600.000 euros se debe incluir «una partida equivalente al uno por ciento de los fondos que sean de aportación estatal» para financiar trabajos de conservación del Patrimonio Histórico. El grueso de estos fondos proviene de los ministerios de Fomento, Medio Ambiente y Vivienda y son gestionados por una comisión interministerial, presidada por Carmen Calvo y formada por representantes de cada uno de los ministerios implicados.

Según Beatriz Rodríguez-Salmones esta comisión «no se ha reunido desde que se constituyó el gobierno socialista», con lo que una buena parte de los proyectos que ya estaban aprobados se encuentran paralizados en espera de «un informe jurídico documentado». Rodríguez- Salmones también ha denunciado que «la información del Gobierno en este campo es caótica, y la confusión en la documentación, enorme. En estas fechas deberían tener por lo menos una previsión de cuál va a ser el presupuesto para el próximo año, pero afirman que es imposible, porque todavía no se han aprobado los presupuestos».

La propuesta del grupo socialista también ha encontrado respuesta en diferentes comunidades autónomas, como en Asturias, donde según el portavoz del PP en la Junta, Joaquín Aréstegui, la mayor parte de los bienes de interés cultural son religiosos y «sería una salvajada que por motivos de sectarismo ideológico el patrimonio cultural se fuera a la ruina». De los últimos 29 proyectos financiados en Asturias, 22 son de patrimonio eclesiástico.

El Papa expresa a Rouco su preocupación por el laicismo en España que lleva a restringir la libertad religiosa.

El Papa expresa a Rouco su preocupación por el laicismo en España que lleva a restringir la libertad religiosa.

El Papa Juan Pablo II expresó su preocupación por la difusión en España en el ámbito social de «una mentalidad inspirada en el laicismo» en su mensaje al presidente de la Conferencia Episcopal, Antonio Rouco Varela, en el marco de las visitas «Ad limina» que los obispos españoles están realizando en estos días.

Según el mensaje del Papa, este laicismo se está convirtiendo en una ideología, que en España «lleva gradualmente, de forma más o menos consciente, a la restricción de la libertad religiosa hasta promover un desprecio o ignorancia de lo religioso, relegando la fe a la esfera de lo privado y oponiéndose a su expresión pública». «Esto no forma parte de la tradición española más noble, pues la impronta que la fe católica ha dejado en la vida y la cultura de los españoles es muy profunda para que se ceda a la tentación de silenciarla. Un recto concepto de libertad religiosa no es compatible con esa ideología, que a veces se presenta como la única voz de la racionalidad. No se puede cercenar la libertad religiosa sin privar al hombre de algo fundamental», continuó el Santo Padre.

El Pontífice también hizo hincapié en la necesidad de la educación religiosa en los colegios, uno de los puntos de ruptura entre el Gobierno español y la Conferencia Episcopal. «La juventud tiene derecho, desde el inicio de su proceso formativo, a ser educada en la fe. La educación integral de los más jóvenes no puede prescindir de la enseñanza religiosa también en la escuela, cuando lo pidan los padres, con una valoración académica acorde con su importancia». «Los poderes públicos, por su parte, tienen el deber de garantizar este derecho de los padres y asegurar las condiciones reales de su efectivo ejercicio, como está recogido en los Acuerdos Parciales entre España y la Santa Sede de 1979, actualmente en vigor», añadió.

Asimismo, el Papa mostró su preocupación ante «las nuevas generaciones de españoles, influenciadas por la indiferencia religiosa, la ignorancia de la tradición cristiana con su rico patrimonio espiritual, y expuestas a la tentación de un permisivismo moral». El Santo Padre también se detuvo en su mensaje a Rouco Varela en la cuestión de la «unidad» de España, afirmando que «la diversidad de pueblos, con sus culturas y tradiciones, lejos de amenazar esta unidad, ha de enriquecerla desde su fe común». «Y vosotros, en cuanto sucesores de los Apóstoles, tenéis que esforzaros en conservar la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz», indicó a los obispos españoles.

Por otra parte, Juan Pablo II se hizo eco de los informes quinquenales presentados por los obispos y donde «se evidencian la preocupación por la vitalidad de la Iglesia y los retos y dificultades a afrontar». Según las palabras del Papa, en Aragón, Asturias, Castilla-La Mancha, Castilla-León, Madrid, Navarra y el País Vasco -las comunidades a las que pertenecen los obispos que han sido recibidos-, «han cambiado muchas cosas en el ámbito social, económico y también religioso, dando paso a veces la indiferencia religiosa y a un cierto relativismo moral, que influyen en la práctica cristiana y que afecta consiguientemente a las estructuras sociales mismas».

A continuación el Papa pasó a analizar la situación económica y social de algunas regiones donde «en algunas zonas se vive en la abundancia mientras otras tienen graves carencias». «En ocasiones, lo que fueron fuentes de riqueza en tiempos anteriores ­-por ejemplo, la producción minera y siderúrgica, la construcción naval, diversas empresas- sufren un cierto declive ante el cual hace falta mantener la esperanza», añadió el papa Otro de los temas que afrontó el Pontífice fue «el problema del aguaes se vive la confrontación social por un recurso natural: el agua; siendo ésta un bien común no se puede despilfarrar ni olvidar el deber solidario de compartir su uso. Las riquezas no pueden ser monopolio de quienes disponen de ellas, ni la desesperación o la aversión pueden justificar ciertas acciones incontroladas de quienes carecen de las mismas».

Los obispos, según el mensaje del Pontífice, le han informado de «su preocupación por la vitalidad de la Iglesia en España». «Atentos a los problemas y expectativas de los fieles ante esta nueva situación, vosotros, como Pastores, os sentís interpelados a permanecer unidos para hacer más palpable la presencia del Señor entre los hombres a través de iniciativas pastorales más apropiadas a las nuevas realidades», respondió el Papa a esta preocupación de la Iglesia española. Según el Papa, los fieles españoles «apoyados por sus obispo para reclamar «el respeto efectivo a la vida, en todas sus etapas, la educación religiosa de los hijos, la protección del matrimonio y de la familia, la defensa del nombre de Dios y del valor humano y social de la religión cristiana» Asimismo, el Sumo Pontífice dio algunas recomendaciones a los obispos para el desempeño adecuado de las actividades sacerdotales y expresó su satisfacción por «el incremento de las vocaciones sacerdotales que se da en algunas partes». «Los jóvenes, futuro de la Iglesia y de la sociedad, han de ser objeto especial de vuestros desvelos pastorales.

En este sentido, no deben escatimarse los esfuerzos necesarios, aunque a veces no den fruto inmediato», instó a los obispos. Recordando la vigilia que el Papa ofició con miles de jóvenes en Cuatro Vientos, el Papa también apoyó la iniciativa de la Iglesia española de dedicar un año especial a la Inmaculada, Patrona de España, en con memoracióndel 150 aniversario de la proclamación de este dogma mariano.

La Iglesia ahorra al Estado 6.000 millones de euros al año.

El Gobierno intenta transmitir de múltiples modos a los ciudadanos españoles que el Ejecutivo sustenta a la Iglesia y que esta institución recibe un trato de favor: sólo recibe, no da.

Ante este cúmulo de falsos mensajes, ÉPOCA se ha planteado un escenario irreal, pero que sirve adecuadamente para averiguar lo que aporta la Iglesia a la sociedad civil, que es lo mismo que decir al Estado: ¿Qué ocurriría si la Iglesia católica con todas sus instituciones, desapareciera de España? ¿Qué ocurriría con la sanidad, la enseñanza o la labor caritativa y social? El catedrático Juan Velarde contesta: "Sería una catástrofe para el conjunto de la sociedad española del bienestar.

La financiación en general de los servicios sociales a cargo de la Iglesia se hace de manera extraordinariamente barata. Si el Estado tuviera que hacerse cargo a la fuerza de todos esos servicios sociales, sería imposible que pudiera abordarlo: tan sólo ver las cifras de educación y los costes que conlleva impresiona, hay que ver las partidas con atención.

Creo que este debate se ha empezado de manera frívola y que hay que reconsiderarlo de arriba a abajo, porque si desapareciera la Iglesia se dinamitarían los servicios sociales que los españoles reciben en buenas condiciones. Sería hacer pagar a los ciudadanos por un mensaje anticlerical resobado que no tiene sentido en ningún lugar, que lo tuvo en el siglo XIX y que actualmente provoca carcajadas. Todo esto es algo inaudito y alguien tendrá que pagarlo porque es irresponsable".

"No hay ninguna previsión de cambio de los acuerdos básicos con la Iglesia católica". Estas palabras del presidente Rodríguez Zapatero pretendían cerrar un debate abierto por el propio Ejecutivo socialista y que ha puesto encima de la mesa la siguiente cuestión: ¿El Estado debe seguir complementando por vía presupuestaria (en torno a 30 millones de euros anuales, aproximadamente) lo que aportan los contribuyentes que lo desean, en su mayoría católicos, a través de la casilla del IRPF?

El ministro de Trabajo, Jesús Caldera, afirma que ésta es una cuestión que "debería revisarse", y manifiesta injustamente que la religión católica, mayoritaria en España, tiene a su juicio "un trato preferente" respecto a otras. "Esta circunstancia tiene que ser revisada porque el Estado español no es confesional.

Deben ser los católicos los que sostengan a la Iglesia y, en la actualidad, este hecho no se produce porque lo que aportan los fieles (a través del IRPF) es inferior a lo que requiere dicha institución", señala.

Caldera dice verdades y cosas falsas. No hay tal trato preferente, como demostramos en este artículo, y es verdad que este coeficiente del 0,5239 por ciento del impuesto sobre la renta de las personas físicas es insuficiente, pero lo impusieron los socialistas en los Gobiernos de Felipe González, y numerosos expertos consideran que debería aumentarse hasta el 0,8%, tal como sucede en los países europeos que incluyen este sistema, asegura Alberto de la Hera, director general de Asuntos Religiosos con los Gobiernos de José María Aznar (1996-2004).

El catedrático de Economía Política y Hacienda Pública de la Universidad Complutense de Madrid José Tomás Raga insiste en la misma idea: "En el año 87 la cuota se calculó mal y ahora debería haber un ajuste de tarifas. (...) ¿Que dicen que España es un Estado aconfesional y tiene que ser voluntario financiar la propia religión? De acuerdo. Pero ni a usted ni a mí nos preguntan si queremos sostener a los sindicatos (un 4% de afiliación por parte de los trabajadores) y lo hacemos.

Tampoco les preguntan a las empresas si desean sustentar a las Cámaras de Comercio a través del impuesto de sociedades y, sin embargo, están obligadas. Frente a estos datos le doy otro: el 80% de la población española se confiesa católica".

Lo realmente grave, sin embargo, es este debate sobre la financiación de la Iglesia, en el que profundizamos más adelante, que ha servido de catapulta para situar a la Iglesia católica como presunta beneficiaria de regalos por parte del Estado. Nada más calumnioso que hablar de "sobrefinanciación", como acostumbra a hacer el secretario de Política Municipal y Libertades Públicas del PSOE, Álvaro Cuesta.

Tras consultar a numerosas instituciones que operan en España, el saldo neto entre el Estado y la Iglesia ha resultado favorable con enorme amplitud a esta última. Si tenemos en cuenta solamente tres variables -la acción educativa de instituciones religiosas, su labor sanitaria y su tarea social-, este saldo es, con arreglo a los datos recogidos del año 2000, de 6.000 millones de euros favorable a la Iglesia católica (ver cuadro en página anterior).

Comencemos por la acción social. Hace décadas, la Conferencia Episcopal creó la Organización No Gubernamental Cáritas Española con el fin de fomentar y coordinar la solidaridad de la comunidad cristiana. La labor de esta ONG abarca todos los grupos afectados por la desigualdad y la injusticia con programas de asistencia a mayores, colectivos sin techo, inmigrantes, drogodependientes, enfermos de sida, minusválidos, reclusos e infancia.

Según la memoria de 2000, Cáritas invirtió 25.881.312.128 pesetas (155 millones de euros) en proyectos que sirvieron para mejorar la situación de más de un millón de personas. Así, el 70% de lo recaudado procedía de fuentes privadas, mientras que el resto llegó de las distintas Administraciones públicas.

Los fondos privados de Cáritas dedicaron 2.806.146.459 pesetas (16.865.279 euros) al programa de Acogida y Asistencia; al de Mayores, 1.963.359.649 pesetas (11.800.029 euros); al de Empleo, 987.059.550 pesetas (5.932.347 euros); a los Transeúntes, 963.612.864 pesetas (5.791.429 euros); a la Infancia, 458.146.800 pesetas (2.753.517 euros), y así sucesivamente.

Si Cáritas no hubiera estado en España en el año 2000, no se habrían dedicado 57,3 millones de euros a la lucha contra la pobreza. ¿Quién aplica todos estos programas? 3.828 trabajadores de Cáritas en las diferentes comunidades autónomas de España, la mayoría laicos (3.396). Además, cuentan con 66.805 voluntarios (49.923 laicos, 1.696 sacerdotes, 1.501 religiosos, 390 seculares y 13.295 miembros cuya condición no está especificada).

El catedrático Raga afirma que "parece claro que el Estado no podría acoger a todas las personas marginales que la Iglesia encauza. ¿Si no se aclara sobre los centros de acogida nocturnos cómo los va a ayudar?

El Estado debe apoyar a todas las instituciones que ejercen una función social que en teoría es pública. Pero siempre está regateando. ¿O tiene el mismo sueldo un hermano de San Juan de Dios que un enfermero de la Seguridad Social (con todos los respetos para estos enfermeros)? El religioso gana una tercera parte".

Otro importante capítulo de la labor caritativa de la Iglesia se desarrolla en las prisiones. La Pastoral Penitenciaria atendía en 2000 a 45.080 reclusos en 82 centros penitenciarios, a través de 130 capellanes y 162 asociaciones religiosas, 76 movimientos apostólicos y 69 asociaciones civiles. Es imposible cuantificar tanto esfuerzo.

Enseñanza
Uno de los ámbitos en los que la Iglesia católica está más presente en España es la enseñanza. Según el Consejo General de Educación Católica, en el curso escolar 1999-2000, la Iglesia tutelaba 185 guarderías, entre concertadas (con ayuda del Estado) y no concertadas: 168 centros infantiles, 1893 centros infantiles con primaria, 204 centros de primaria, 2.058 centros de la ESO, 497 centros para BUP y COU, 117 centros de Formación Profesional, 43 centros de educación especial, 23 centros de formación para adultos y nueve para enseñanzas no regladas.

En este mismo curso escolar había 1.298.105 alumnos inscritos en centros educativos católicos (en enseñanzas básicas y medias). Asimismo, la Iglesia poseía en el curso escolar 1999-2000 la titularidad de seis Universidades, 11 colegios universitarios, 44 facultades, siete escuelas técnicas superiores, 66 escuelas universitarias y 65 centros de otra naturaleza. En ese curso escolar había 125.386 alumnos en los centros educativos católicos y similares de educación universitaria y asimilada. En este capítulo es difícil de cuantificar la inversión que la escuela concertada realiza sobre cada alumno, pero no lo es llegar a una conclusión: la escuela pública es mucho más cara que la escuela gestionada por la Iglesia.

Manuel de Castro, secretario general de la FERE-CECA, ha asegurado a ÉPOCA que "el coste de un alumno en la escuela pública es superior en un 50% al menos al de la escuela concertada, según opinión mayoritaria de los consejeros de educación de las CC AA, incluida Cataluña".

En efecto, la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid manifiesta que "el aula de una escuela pública es un 60% más cara que la concertada, teniendo ésta un déficit de 3.000 euros". Diversas fuentes consultadas por ÉPOCA coinciden en que el Estado dedica 1.800 euros anuales a un alumno de enseñanza básica y media que estudia en una escuela concertada, una cifra que apenas ha variado en los últimos años. Las mismas fuentes añaden que se trata de una estimación.

Por otro lado, un estudio del ex secretario de Estado de Educación Álvaro Marchesi defiende que el gasto por alumno no universitario en España está a la cola de la Unión Europea. Este gasto varía según las CC AA: en el País Vasco, donde se dedica a este capítulo la cifra mayor, se invierten 4.440 euros por alumno, mientras que en Madrid o en Andalucía no llega a los 2.300.

En líneas generales, la media del gasto por alumno en España es de 2.989 euros. Según este dato, si desapareciera la escuela concertada en primaria y en la ESO (990.774 alumnos) en España, el Estado debería invertir o gastar 1.178 millones de euros para garantizar las mismas prestaciones educativas.

Con estos datos, José Tomás Raga califica de "tremenda" la situación que se produciría si desapareciese esta institución de la enseñanza, "con el matiz de que la escuela concertada no quiere decir que haya un coste público de la enseñanza. Yo le haría otra pregunta al Ejecutivo: ¿Qué ocurriría si la financiación de la enseñanza se hiciera a través del alumno? Es decir, ni un céntimo más a ninguna escuela, a ninguna.

Lo que en Holanda se denomina el cheque escolar: es el alumno (sus padres) el que tiene el dinero y es el alumno quien decide. El Gobierno se tiene que dar cuenta del alcance de la labor de la Iglesia en este ámbito".

El economista Raga concluye que "el Ejecutivo ha abierto este debate de manera frívola, como si el dinero que el Estado entrega a la Iglesia fuera a parar al bolsillo de los obispos. Como si estuviesen financiando una actividad lúdica, y nada más lejos de la realidad".

Zapatero y la religión. Creencias y política.

Empiezan a ser odiosos los ataques de los socialistas a la Iglesia católica. Quien se tape los ojos para no ver que se trata de un asunto crucial para un Gobierno sin programa, sin horizonte político y económico, es un esclavo del partido en el poder. Enfrentarse únicamente al cristianismo y a la Iglesia católica, y no a otras iglesias, sólo tiene un sentido ideológico: apropiarse, en realidad, confiscar las formas religiosas que mayor éxito han tenido en nuestra nación, el catolicismo, vaciarlas de sus genuinos contenidos religiosos y sólo religiosos, y, más tarde, recubrirse con ellas para adquirir un poco de legitimidad. La obsesión del personal socialista por la Iglesia católica recuerda il faudrait dieux ("harían falta dioses") de Rousseau para legitimar la revolución. Acaso porque Zapatero ya ha hallado ese dios en un Nuevo Hacedor de escuadra y cartabón, no quiere oír hablar del Dios de los cristianos. Lo cierto es que Zapatero y su Gobierno no dejará de cuestionar el cristianismo, porque parece haber descubierto en su especial "religión" una nueva forma de legitimación de su triste política. Si no quieren competencias liberales en nada, menos aún las habrían de querer en cuestión de dioses.

Quien oculte, pues, el ataque directo, que no el enfrentamiento, del Gobierno de Zapatero a las formas de vida cristiana, citando frases bíblicas, del tipo "dadle el manto, a quienes quieran robaros la túnica", es peor que un ignorante, es un farsante. El pobre impostor de algo que existió durante muy poco tiempo en España, la llamada izquierda democrática, nunca dará su brazo a torcer. Aunque más dañino, torpe y malvado es el estulto columnista de contraportada, cuando reduce el asunto a una cuestión personal entre Rouco y Zapatero, o peor, culpa a una de las víctimas eclesiásticas del horror de su agresor. Tampoco el señor Acebes ha estado fino al calificar de payasadas los llamados "bautizos laicos". Son peor que payasadas. Son una agresión totalitaria a la separación moderna de política y religión. El ciudadano cristiano puede que actúe en política inspirado por su creencia, pero sabe, por lo menos desde el siglo XVIII, que su legitimidad sólo la adquiere en el ámbito secular de la ciudadanía. He ahí la principal diferencia entre el ciudadano cristiano, el ciudadano, y el militante socialista, seguidor de una consigna que ya nada tiene que ver con "ese nuevo espíritu religioso", que un ministro socialista de la Segunda República llamó "solidaridad obrera". Sí, en efecto, la legión socialista ya no repite consignas espirituales sino meramente ideologemas oportunistas.

En fin, quizá haya opiniones discutibles en el seno de la Iglesia católica. Quizá algún católico esté entregado a la causa del PSOE contra la Iglesia católica. Quizá algún socialista cristiano considere que la agitación y la propaganda contra la jerarquía eclesiástica seguirá dando buenos réditos electorales para su partido. Todo es posible en el seno de la Iglesia. Pero el socialismo español a todos los iguala. No distingue. Sabe muy bien lo que hace con respecto a la religión católica. No está entrando en un jardín del que saldrá malparado, como dicen los bienpensantes de derecha e izquierda. Pensar así es una ingenuidad, porque desconoce el dato fundamental de la situación del socialismo español: su absoluta carencia de conceptualización política. El socialismo, hoy, no tiene un concepto sino una obsesión: el anticlericalismo. Los más listos enmascaran el asunto con la palabra laicismo. Vieja expresión que sintetiza y resumen la ideología de los herederos de un curioso integrismo religioso, una religión secular, que confisca, reitero con todos los críticos del totalitarismo contemporáneo, los genuinos valores religiosos del cristianismo, los vacía de contenido y, posteriormente, se reviste con ellos para dominar y doblegar a la sociedad. Terrible. Mas nadie se engañe, porque una nueva forma de totalitarismo, de fascismo sin correaje, recorre España.

CATÓLICOS EN BUSCA DE ESPACIO.

CATÓLICOS EN BUSCA DE ESPACIO.

Los católicos españoles empiezan a moverse en el panorama español. Las nuevas medidas del actual gobierno no han iniciado un aumento del sentido crítico del mundo social católico, sino que ha derramado un vaso que se había ido llenando durante los gobiernos anteriores.

Los católicos españoles actuales no son como los de hace veinte años, ciudadanos pasivos, de Misa dominical, que miran su bolsillo como máxima autoridad de sus destinos. El católico de ahora, sabe que es una minoría activa en una sociedad secularizada. Son ahora más de medio millón de católicos, los que pertenecen a la Prelatura del Opus Dei, al Camino Neocatecumenal o a los distintos institutos seculares y sensibilidades surgidas del Concilio Vaticano II. Estos católicos son activos y se muestran apostólicos en una sociedad que les ve con hostilidad. La primera generación de aquellos jóvenes adolescentes que en 1982 escucharon al Papa en el estadio Bernabeu, fueron fluyendo a los seminarios, y convertidos en sacerdotes, dirigieron un millón de jóvenes a su reunión con el Papa en Madrid el año pasado.

El actual fundamentalismo laicista, que impregna la política europea y la española, encuentra un enemigo difícil de batir. Los católicos han empezado a tener un mínimo de medios de comunicación. A nivel de prensa escrita, después de semanarios punteros, como Alfa y Omega (Arzobispado de Madrid) o Paraula (Arzobispado de Valencia), esta la sección de Fe y Razón, del periódico La Razón, o el recién llegado semanario Alba, del grupo Intereconomía. En las ondas herzianas, COPE mantiene su hegemonía con un plausible cambio de dirección, motivado por la llegada de periodistas coherentes con su fe. Del mismo modo, con Popular. TV, única televisión que puede ser vista por la familia entera sin restricciones. En el campo vanguardista de internet, nuevas iniciativas han surgido, como el diario electrónico Forumlibertas.com, vinculado al grupo católico catalán E-cristians o la revista de pensamiento Arbil.org, órgano de la asociación cultural del mismo nombre, que practica el gramcsismo católico y realiza diversas actividades por toda España y en Chile.

En definitiva existe una nueva generación de católicos que están dispuestos a dejar su testimonio, de manera pública. Este sector social va creciendo y tejiendo sus grupos sociales, según los temas van demandando su postura; como CONCAPA, en defensa de la clase de religión; la Plataforma por la Familia, integrada en el Foro de la Familia, en defensa de la familia; o la Asociación Próvida, y Unidos por la vida, que defienden el derecho a subsistir de los más débiles.

Los católicos comprometidos van madurando y demandando una participación pública que los defienda de la legislación antinatura. En ese sentido la presencia en el plano político e incluso su revitalización en el ámbito sindical es cuestión de tiempo. El catolicismo social está creciendo, es maduro, defiende sus derechos y tiene su propia opinión sobre la sociedad. Por eso aunque, coincido con el profesor José Manuel Cansino, de la universidad de Sevilla, en la apertura de un sector identitario social. No obstante, sigo manteniendo que es un punto que en España tener como protagonista a una derecha moral, que se asiente sobre una comunidad social en crecimiento, formada por el catolicismo comprometido, y que demanda una sociedad de entidades intermedias y no una ciudadanía individualizada y atomizada, como propugnan los nuevo gurus del laicismo liberal socialdemocrático.