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Nacionalismos

Plan Ibarreche. Las respuestas.

Plan Ibarreche. Las respuestas.

Conviene no engañarse ni alimentar vanas esperanzas a la hora de analizar las posibles respuestas del Estado ante el ataque que, desde fuera y en contra de la Constitución, ha lanzado el conglomerado nacionalista vasco.

Se habla de delitos de traición, de sedición o de rebelión. Mal camino. No porque no nos las estemos jugando con traidores, sino porque el delito de traición no es aplicable a este caso, ya que tipifica y castiga conductas dirigidas a inducir a una potencia extranjera a declarar la guerra a España, o a facilitar la acción a un país enemigo en distintas formas.

Los delitos de sedición y de rebelión exigen, en sus respectivos supuestos de hecho, conductas que el llamado Plan Ibarretxe ha evitado cuidadosamente al decorar con formas parlamentarias y parajurídicas su ataque a la Constitución Española: Art. 472 CP: Son reos de rebelión los que se alzaren violenta y públicamente...; Art.544 CP: Son reos de sedición los que, sin estar comprendidos en el delito de rebelión, se alcen pública y tumultuariamente...

Falta pues el elemento esencial de violencia (rebelión) o forma tumultuaria (sedición) en el alzamiento. Esto no significa que no haya personas violentas entre los apoyos del Plan Ibarretxe. Sabemos que las hay. Significa que ningún juez basaría en esa circunstancia una calificación de rebelión o sedición. La violencia o la forma tumultuaria debe formar parte del supuesto de hecho del delito en cuestión, no de otros anteriores.

Es mejor no esperar absolutamente nada de la vía penal, que ni siquiera ha servido en casos que resultaban evidentes, como la negación por parte de autoridades o funcionarios públicos a dar cumplimiento a resoluciones judiciales (Art. 410 CP) o los infinitos casos impunes de ultrajes a España (Art. 543 CP).

Descartada la vía penal, al menos de momento, hay que ofrecer a la opinión pública análisis y prospectiva realistas y eludir el wishful thinking. Como en el jardín de Borges los senderos se bifurcan: uno conduce a la claudicación, y creo que es el que desgraciadamente le espera a una España gobernada por alguien como Rodríguez, que ha dado sobradas muestras de su tendencia a rendirse y a abandonar la defensa de los intereses de España. De momento ha amenazado a Ibarretxe con escucharle, quizá porque recuerda (al revés) lo de De Gaulle en Argelia. Además el gobierno socialista está ultimando un acuerdo estable con ERC, partido beligerante a favor del Plan.

El otro sendero, por el que sospecho que nadie se adentrará, es el camino legal, el de la gradualidad y la proporcionalidad, y es, sobre todo, el que se atiene a la Constitución: primera etapa, modificación de la legislación electoral para corregir la magnificación actual del voto nacionalista. Segunda etapa, si no hay más remedio, aplicación del Art. 155 CE, hasta que regrese la normalidad y con el fin de evitar, si es posible, la... Tercera etapa, activación del Art. 8.1 CE: Las Fuerzas Armadas (...) tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional.

Plan Ibarretxe. Una separación amable.

Plan Ibarretxe. Una separación amable.

Los promotores y defensores del Plan Ibarretxe sostienen que éste no es separatista, sino que sólo pretende conseguir una relación "amable" con ese ente lejano y ajeno que es España. Por el contrario, una lectura atenta del plan demuestra que, de aplicarse, la Euskadi resultante tendría casi todos los atributos de un Estado independiente.

El lendakari Juan José Ibarretxe consiguió ser elegido por el Parlamento vasco en 1998 gracias a los votos de Herri Batasuna; en 2001, tras su inesperada victoria electoral frente a la coalición PP, PSOE y UA, presentó su proyecto de reforma del Estatuto de autonomía. Desde entonces, Ibarretxe y el aparato mediático que le rodea no han parado de dar la matraca con él. Las fases del parto han durado tres años y aún no han acabado, pues continuará en la próxima legislatura. Después del Pacto de Lizarra (1998) y del Nuevo Estatuto Político sólo unos ingenuos o unos malvados podrán negar que estamos ante la continuación del proceso cuyo primer paso fue la introducción del término "nacionalidades" en la Constitución y cuyo final es una Euzkadi separada de España.

La estrategia del nacionalismo llamado moderado está clara: la creación de una comunidad nacional y estatal lo más cercana a un país independiente. Y la táctica es sencilla: presentar cada etapa como una manera de solucionar definitivamente el encaje de lo vasco en España, como una transacción o un acuerdo entre dos partes que negocian de buena fe y ceden un poco. La tranquilidad dura hasta que el PNV ha exprimido las nuevas competencias, ha creado nuevos cargos burocráticos que ha distribuido entre sus militantes y ha modelado un poco más a la sociedad vasca, mediante los medios de comunicación, la enseñanza y el terrorismo. Entonces, se declara la muerte del Estatuto y se comienza a reclamar un nuevo pacto.

El Plan Ibarretxe es, como el Tratado Constitucional Europeo, un texto que nadie se ha leído. Aprovechándose de esa ignorancia, junto con la renuencia de muchos ciudadanos a entrar en asuntos complejos y politizados, los nacionalistas vascos tratan de colar su proyecto con el argumento de que no es separatista, sino que sirve para "construir un modelo de convivencia amable entre Euskadi y España", como ha repetido el lendakari ante todo micrófono.

Como es costumbre siempre que se trata con nacionalistas, la verdad es lo contrario de sus palabras. El Plan de Ibarretxe rompe la unidad de España y deroga la Constitución. Establece una cosoberanía entre Euskadi y lo que queda de España, un régimen más parecido a la confederación que a la federación o al fracasado (por los acontecimientos que se suceden estos días) Estado de las Autonomías.

Según la Constitución de 1978, y todas las leyes fundamentales anteriores, desde la de 1812, en España no hay más que un sujeto de soberanía, que es el pueblo español, del que forman parte los vascos. Aunque se ha producido una descentralización que implica la concesión a las provincias para organizarse en comunidades autónomas y disponer de capacidad legislativa y de un elenco de competencias, existen una serie de instituciones políticas comunes, como la Monarquía, el Tribunal Constitucional, el Consejo General del Poder Judicial, las Cortes y el Gobierno nacional. Estas dos últimas, el Ejecutivo y el Legislativo, son las únicas que pueden reformar la Constitución y negociar y firmar tratados internacional que alteren la ley fundamental; en cambio, los parlamentos autonómicos no pueden discutir tratados con otros países ni modificar la Constitución. Una ley orgánica aprobada por las Cortes, firmada por el Rey y publicada en el BOE puede detraer a las comunidades, o a una de ellas, diversas competencias; por el contrario, un parlamento regional no puede, por ejemplo, proclamar la República, cambiar la bandera nacional o hacerse con la titularidad de los aeropuertos internacionales. De la misma manera, las sentencias del Tribunal Constitucional y del Poder Judicial obligan a las instituciones locales.

El Plan Ibarretxe derriba este edificio. Primero concede a una parte del pueblo español la capacidad de ejercer el derecho de autodeterminación; en otras palabras, de decidir si se independiza o no al margen de los demás españoles. A continuación, arrebata una serie de las pocas competencias exclusivas que permanecen en el ámbito del Estado y después establece un mecanismo de defensa de éstas. De acuerdo con el Nuevo Estatuto Político, el Gobierno de Euzkadi tendría potestad exclusiva para: convocar referendos y elaborar el censo electoral; acudir con voz propia -separado de la representación española- a las reuniones del Consejo de Ministros europeos; crear una ciudadanía vasca y otorgar indultos a los ciudadanos vascos encarcelados; aprobar una ley de partidos de ámbito vasco –que permitiría legalizar de nuevo a HB y prohibir a otros grupos-; gestionar la Seguridad Social; nombrar representantes en organismos como el Banco de España –que supervisa las cajas de ahorros vascas- y la Comisión Nacional del Mercado de Valores; vetar los tratados internacionales que negocie el Gobierno español y que le afecte; disponer de un mar territorial; etcétera.

Y después, como ha dicho el nuevo presidente del PNV, Josu Jon Imaz, establece un mecanismo que impida la intervención de las instituciones nacionales en la administración vasca: "un régimen de garantías mutuas que impida la interpretación restrictiva, la modificación o la interpretación unilateral del pacto suscrito". Y aquí aparece todo la mitología del pacto, de una relación de igual a igual entre las antiguas instituciones vascas, las Diputaciones, y los reyes de España. Nunca se ha probado que existiera esta relación y, según esa mitología, acabó con una ley de 1839, aprobada tal final de la primera carlistada.

Ese régimen de garantías mutuas –en realidad para una sola de las partes- consistiría en un Poder Judicial propio. Habría un Consejo Judicial Vasco, relacionado, aunque no supeditado, al Consejo General del Poder Judicial. El Tribunal Superior de Justicia Vasco se convertiría en el último tribunal ordinario al que los vascos podrían apelar, mientras que el Supremo quedaría reservado para unificar doctrina en ciertos casos. Los fiscales estarían sometidos a una ley vasca. Y en el Tribunal Constitucional se formaría una sala especial para resolver los conflictos Euskadi-Estado, compuesta por tres magistrados miembros del Tribunal y otros tres juristas vascos; por tanto, habría empate y se forzaría la negociación. Respecto a la elección de los jueces, cabe suponer que se aplicaría el principio, ya reclamado varias veces por el PNV, del conocimiento del euskera.

La última pieza que blindaría el nuevo fuero vasco es la Comisión Bilateral Euskadi-Estado, en la que "Madrid" debería discutir con los representantes del Gobierno vasco toda la acción política que afectase a la comunidad vasca. Por tanto, un Gobierno territorial determinaría la actividad de las Cortes Españolas, que, según la Constitución, representan al pueblo español.

Por tanto, estamos a un paso de la independencia y ¿por qué no se da y el PNV obtiene así un asiento en la ONU, como Bosnia? Pues porque saldría caro. No se trataría únicamente de pagar servicios que ahora presta el Estado a un precio bajo (el catedrático Mikel Buesa ha calculado este coste en 403 millones de euros al año por encima del cupo que abona el Gobierno vasco a la Hacienda nacional), sino, también, de perder el mercado español y salir de la zona del euro. En el proceso de adhesión a la UE, Euskadi perdería el Concierto Económico, garantizado por la Constitución, y mientras durasen las negociaciones tendría que crear otra moneda, con lo que las empresas vascas que quedasen en el territorio tendrían el tipo de cambio como un obstáculo para sus exportaciones e importaciones.

Si se aplicara el Plan Ibarretxe, en verdad que se llegaría a una "convivencia amable", pues los nacionalistas se habrían quedado con el caserío, habrían echado a los demás inquilinos y toda España les pagaría las facturas.

El desafío del Plan Ibarretxe sale adelante gracias a ETA y obliga al Gobierno a apoyarse en el PP.

El desafío del Plan Ibarretxe sale adelante gracias a ETA y obliga al Gobierno a apoyarse en el PP.

El Parlamento ratifica el proyecto de nuevo Estatuto al prestar SA, contra lo anunciado, tres votos al tripartito. El lehendakari telefoneó anoche a Zapatero y ambos acordaron fijar el 7 de enero la fecha de su entrevista.

El visto bueno de la banda terrorista ETA al plan secesionista de Ibarretxe, plasmado ayer en el Parlamento vasco al permitir que el proyecto se aprobara con mayoría absoluta gracias al apoyo de tres de los seis diputados que el brazo político de la banda tiene en la Cámara autonómica, deja en evidencia toda la estrategia de cesión, apaciguamiento y «buen talante» ante el PNV seguida por el Gobierno de Zapatero desde que llegó al poder.

En su afán de acercar posiciones al partido de Ibarretxe, los socialistas vascos, al menos su secretario general, Patxi López, habían asumido oficialmente postulados nacionalistas en su propuesta de reforma del estatuto presentada este mismo mes. El giro del PSE, aunque sancionado desde la Moncloa, había caído mal en muchos sectores del PSOE, incluidas las direcciones del partido y del grupo parlamentario, bien por su inoportunidad o por ir contra la tradición de la organización socialista, como han destacado Alfonso Guerra o Nicolás Redondo.

Frente a la estrategia tejida en los últimos meses de marginación del PP y acercamiento a todos los grupos nacionalistas e independentistas del arco parlamentario, Zapatero tendrá que apoyarse ahora en el PP para rechazar, previsiblemente antes de las elecciones vascas, el plan Ibarretxe en el Congreso de los Diputados. De este modo, el PSOE no podrá presentarse en esas elecciones como punto equidistante entre nacionalistas y populares, que incluían incluso la posibilidad de buscar después un acuerdo con el PNV, previa renuncia al plan Ibarretxe, con la reforma de estatuto como alternativa negociable para los nacionalistas.

Zapatero, que ayer volvió a guardar silencio pese a la magnitud del reto lanzado por el presidente del gobierno autonómico con el respaldo esta vez de una banda terrorista que ha asesinado a cerca de novecientas personas, ha impulsado una reforma del Código Penal para evitar que Ibarretxe tenga que enfrentarse a una pena de cárcel si convoca, como ha anunciado, un referéndum sobre su plan, asunto para el que carece de competencias. Era una medida puesta en marcha por el Ejecutivo del PP para frenar el plan Ibarretxe.

El dirigente nacionalista vasco, al margen de todo procedimiento oficial, cerró ayer su intervención con el anuncio de que iba a llamar por teléfono a Zapatero para abrir «un proceso inmediato de negociación formal al que iremos con un espíritu y talante abierto». El presidente del Gobierno atendió su llamada y quedaron en volver a hablar el día 7 para buscar una fecha.

Mientras ERC, los principales aliados parlamentarios del PSC, se congratulaban de que los nacionalistas vascos hubieran provocado «el primer conflicto institucional real» en el sistema democrático, el presidente del principal partido de la oposición, Mariano Rajoy, llamó a La Moncloa para cerrar filas ante el reto de Ibarretxe y pedirle una entrevista personal que se celebrará también después del 6 de enero. En la breve conversación, ambos políticos hablaron de la gravedad del problema, pero no de respuestas conjuntas por falta de tiempo, aunque Zapatero quedó en informar a Rajoy de la cita que vaya a dar a Ibarretxe. Moncloa no quiere que el lendakari centre el debate político hasta las elecciones autonómicas y saque rédito con ello.

En paralelo y mientras el Gobierno eludía dar respuesta concreta alguna al desafío salvo recordar que el proyecto será rechazado en el Congreso, el secretario general del PP, Ángel Acebes, exigía al Ejecutivo que planteara un recurso al Constitucional por la vía del artículo 161.2 que permite la suspensión de las disposiciones adoptadas por órganos de las Autonomías.

Fiel oposición

El aparente desconcierto del gabinete de Zapatero aumentó la inquietud en el PP tras comprobar que la política de cesiones ante los nacionalistas en general aplicada por sus sucesores en el poder, lejos de frenar los planes independentistas, los han acelerado con un inesperado protagonismo para ETA en el caso vasco. No obstante, en el PP aseguran que se mantendrán en su papel de fiel oposición para apoyar al Gobierno en todas las medidas que habrá que tomar ante el desafío planteado ya formalmente al sistema democrático, a la unidad de España y a los derechos de los ciudadanos en el País Vasco.

En la última reunión del Pacto Antiterrorista, Rajoy recordó al Gobierno que debía instar al Fiscal general del Estado para que recurriera el archivo de la causa abierta contra Atutxa por desobedecer al Tribunal Supremo en amparo de Batasuna, pero hasta el momento ni el Ejecutivo ni el fiscal han dado paso alguno en ese sentido.

El plan Ibarretxe llegará al Congreso la próxima semana para su tramitación. Cuenta con el rechazo anunciado de PP, PSOE e IU -el noventa por ciento de la Cámara- e incluso puede ser rechazado en la Mesa por su evidente inconstitucionalidad y no ser admitido para debate en pleno.

Izquierda y nacionalismo. Spain is different.

Izquierda y nacionalismo. Spain is different.


En España, la izquierda y los nacionalismos han actuado siempre coordinados. Uno se pregunta cómo es posible que esa alianza no se haya interrumpido en ningún momento durante más de un siglo Spain is different, incluso en su izquierda política. Si se compara la izquierda española con la de otros países europeos percibimos algunas características comunes, pero también otras muchas muy específicas de aquí, y ha sido así siempre, como comprobamos no sin sorpresa al leer nada menos que a Carlos Marx y Federico Engels.

Marx y Engels escribían en 1873 un artículo titulado La República en España, publicado en el diario Der Volksstaat (obviamente sobre la Primera República Española). En él descalifican a las pequeñas repúblicas de tipo cantonal, como la Suiza o las de Hamburgo o Bremen (de la época), señalando que "como herencia de la edad media, han adoptado formas más o menos democráticas, y, en el mejor de los casos, han sustituido el dominio de los patricios por el dominio –no mucho mejor– de los campesinos (...)". Más adelante califican la posible destrucción de la unidad nacional de España como "reaccionaria", pues reproduciría "una Suiza mayor". Critican también la compartimentación de la fiscalidad en la España de entonces, por "absurda de punta a cabo".

En el mismo periódico y en el mismo año se publicaron tres artículos bajo el título general de Los Bakuninistas en acción, de los que es autor Engels. Éste se explaya en él contra las locuras cantonales de la Primera República, en la que participó la izquierda revolucionaria española. Engels señala: "lo que interesaba a los señores intransigentes [separatistas] por encima de todo era la instauración de la república federal lo más rápidamente posible, con el fin de ocupar el poder y los numerosos cargos de nueva creación en el gobierno en cada uno de los cantones". Ese era el verdadero propósito de "despedazar a España". Por otro lado, la izquierda apoyaba el pillaje y el saqueo de los separatistas para, de esa manera, destruir el Estado fraccionándolo, y hacer así la revolución "desde abajo".

En España, la izquierda y los nacionalismos han actuado siempre coordinados. Uno se pregunta cómo es posible que esa alianza no se haya interrumpido en ningún momento durante más de un siglo: desde la locura de la Primera República, pasando por la alianza de sangre durante la Segunda República, hasta la voladura controlada de la Constitución de 1978, los que en cualquier país de Europa no habrían sido sino antagonistas en España han compartido siempre el lecho.

Como se resuelve el nacionalismo.

Como se resuelve el nacionalismo.

Hace años, sobre el terrorismo de Eta, había cosas que no se podían decir. A los muertos por asesinato había que sacarlos por la puerta de atrás, de noche, y a escondidas. Existía la censura que se imponía desde el nacionalismo terrorista de Eta. Y la sociedad solía comentar que si esa persona había sido asesinada habría sido por algo.

Actualmente, para hablar de nacionalismo, desde los periódicos y desde todos los medios de comunicación y todos los partidos políticos, sólo se puede hablar de una determinada manera. Hay que hablar diciendo que son demócratas (algunos no lo son, pero hay que decir que son demócratas) (*), que condenan la violencia, que defienden intereses legítimos, que defienden la pluralidad y la cultura, que defienden sus derechos. En realidad se dicen vaguedades y después de eso ya no se dice nada mas. Se supone que todos igualmente somos demócratas, estamos en contra de la violencia. Todos defendemos aspiraciones legítimas aunque no coincidamos con las aspiraciones del nacionalismo. Todos podemos discrepar. Incluso podemos discrepar de las ideas y de los intereses que defiendan los nacionalistas. Todos defendemos la cultura, la pluralidad, y defendemos nuestros derechos.

Por lo tanto existe una censura autoimpuesta y socialmente aceptada. España es un país acomplejado que no es capaz de hablar libremente de nacionalismo. El nacionalismo es un tema tabú del que sólo se puede hablar de una determinada manera.

El terrorismo se empezó a resolver cuando la sociedad empezó a cambiar y empezó a manifestarse. Cuando perdimos el miedo.

Las continuas exigencias y desafíos que se plantean desde el nacionalismo, a veces abusivos (otras veces puede que no, pero son constantes y a veces son abusivos y crean desigualdades), se resolverán cuando la sociedad hable y debata libremente sobre las demandas y aspiraciones del nacionalismo. Al fin y al cabo es la sociedad española la que tiene que decidir sobre su propio futuro. No tiene por qué someterse a ninguna autocensura. La soberanía de las personas, el respeto a su voluntad expresada libremente en las urnas mediante un referéndum sobre su modelo de estado, es mas importante que la soberanía de ningún territorio. Las personas, por el bien de su libertad, no pueden estar sometidas al interés y a los deseos que nadie defienda en ningún territorio. Nadie puede apropiarse de ningún territorio. En el año 2004 hay que conquistar libertades. No hay que conquistar patrias, fronteras, ni territorios. En democracia lo correcto es respetar la voluntad de las personas.

Estos problemas se resuelven cuando la sociedad tenga la oportunidad de expresarse y de decidir. Nos falta madurar. De momento sólo tenemos fútbol, propaganda y autocensura. Tenemos miedos y complejos. Sólo hablamos de fútbol, y eso no es bueno para defender nuestra democracia ni nuestras libertades.

Se van los constitucionalistas del Pais Vasco.

Se van los constitucionalistas del Pais Vasco.

No aguantan más. Se van. Numerosos son los casos de políticos, periodistas, profesores, empresarios, etc., que han decidido irse de su tierra. Tras décadas de una resistencia cuyo valor no se alcanza a comprender en el resto de España, son muchos los que ya no pueden más. Y lo grave es que el partido que ha colmado el vaso de la paciencia no ha sido el PNV ni sus aliados de ETA, sino el PSOE.

Unos, porque consideran que el ambiente social, con el fantasma del Plan Ibarretxe de fondo, es cada día más irrespirable.

Otros, porque el canje ofrecido por el Gobierno Zapatero, consistente en sustituir dicho Plan por una imitación del "modelo catalán", es otra bajada de pantalones ante los nacionalismos.

Otros, porque están hartos de no poder ir a tomar un café con su mujer sin que se les insulte y amenace.

Otros, porque sienten envidia de los ciudadanos de otras regiones, que pueden salir a pasear, a cenar o a charlar sin tener que mirar por encima del hombro para ver si alguien les está escuchando.

Otros, porque han quedado estupefactos ante la calificación del vandalismo separatista por parte del secretario de Estado de Interior casi como una diversión.

Otros, porque no aceptan que, con la reincorporación de los etarras a la universidad, el Gobierno de Zapatero haya dejado a los profesores no nacionalistas "a los pies de los caballos", como textualmente ha denunciado la socialista Gotzone Mora.

Otros, porque les escandaliza y aterra la posibilidad de que en los próximos meses el PSOE pacte con el PNV para dejar Álava en manos nacionalistas.

Otros, porque les provoca náuseas el creciente clima de compadreo entre el PSOE y el PNV.

Otros, porque temen que la capacidad de cesión por parte del Gobierno de Zapatero a las presiones nacionalistas sobrepasará lo soportable.

Por todas estas razones y por muchas más es creciente el número de vascos que se van. Dan su tierra, su hogar, por perdido. ¿Comprenderán esto alguna vez los españoles de las demás regiones, que con tanta comodidad e ingratitud observan esta tragedia desde la distancia?

Gran victoria de los nacionalistas. Una más en su camino hacia la victoria final. Y puesta en bandeja, una vez más, por el PSOE.

Y, mientras tanto, los ciudadanos españoles, muchísimos de ellos votantes del PSOE, seguimos esperando en vano a quien en ese partido dé un paso al frente y ponga punto final a esta pesadilla.