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Gibraltar: la unanimidad rota.

Gibraltar: la unanimidad rota.

En 1704, España se hallaba desgarrada por una terrible guerra civil. El final de la dinastía de los Austrias en la figura de Carlos II el Hechizado había abierto un proceso sucesorio que, en puro derecho, tenía que haber comenzado y concluido con el entronizamiento de Felipe de Borbón como rey de España. Sin embargo, el temor a una alianza franco-española provocó de manera inmediata una reacción internacional y la aparición de un candidato alternativo en la persona del archiduque Carlos de Austria. Apoyaban a éste Holanda, el imperio y, muy especialmente, Inglaterra, que bajo ningún concepto deseaba la existencia de una potencia fuerte en el continente. El 4 de agosto del citado año, la ciudad, castillo y fortaleza de Gibraltar fueron objeto de un ataque llevado a cabo por una fuerza combinada anglo-holandesa. Gibraltar, como la casi totalidad de España, había ya prestado obediencia a Felipe V de Borbón y, de manera lógica, decidió resistir al ataque de unas tropas que representaban los intereses del archiduque Carlos. La resistencia estaba condenada al fracaso dada la superioridad del enemigo y, finalmente, vecinos y guarnición terminaron por rendirse.

A la sazón, el territorio de Gibraltar comprendía la comarca costera de la bahía de Algeciras y con su ciudad de más de cinco mil habitantes era la capital de una zona extensa superior a alguna provincia española. La acción, en teoría, no debía haber tenido mayor trascendencia en la medida en que, como ya queda dicho, ingleses y holandeses eran aliados de un aspirante al trono español y sólo tomaban posiciones en territorio de la nación española. Lamentablemente, el almirante inglés Rooke decidió pasar por alto reglas tan elementales y mediante un acto que sólo puede ser calificado como piratería tomó posesión de la plaza no en nombre del archiduque Carlos, sino de la reina inglesa Ana. La edición de 1879 de la «Encyclopedia Britannica», volumen 10, página 586, no se recataba de señalar lo taimado de semejante acción atribuyendo el acto llevado a cabo por Rooke a su propia responsabilidad («his own responsibility») y añadía que, desde luego, había ido en contra del honor de Inglaterra el que hubiera sancionado y ratificado una ocupación desprovista de principios como aquélla. El comportamiento de Rooke, por seguir el texto de la «Britannica», había sido el de un patriotismo carente de escrúpulos («unscrupulous patriotism») y por ello no resultaba extraño que los españoles hubieran sentido profundamente la injusticia perpetrada contra ellos.

Desgraciadamente, aquel episodio sólo iba a ser el inicio de una larga cadena de abusos ingleses. Desde luego, no resulta extraño que Felipe V intentara reconquistar la plaza, ya en septiembre de 1704, y que se irritara profundamente cuando le recordaran la villanía inglesa. Con el paso del tiempo, el monarca caería en un lamentable desarreglo mental -al que me he referido en alguno de mis libros- ,pero en lo que se refiere al tema de Gibraltar hay que insistir en que estaba cargado de razón. A fin de cuentas, Gibraltar formaba parte del territorio hispánico desde la época de la colonización romana, nunca había dejado de estar sometido a entidades políticas españolas -cristianas o islámicas- e incluso míticamente se asociaba con la fundación de España por el mismo Hércules. En términos cronológicos, distintas instituciones políticas hispánicas dominarían la plaza por un período de tiempo hasta ocho veces superior al de la existencia de la colonia británica. De hecho, cuando el Tratado de Utrecht puso fin a la guerra de Sucesión y en su artículo décimo se recogió la ocupación de Gibraltar por Inglaterra, España se guardó muy mucho de aceptar la legitimidad de aquel acto. La cesión quedó por añadidura condicionada a la supresión del comercio entre la plaza y el territorio vecino, a la prohibición de residencia en Gibraltar de determinadas personas para garantizar la seguridad española y al respeto por parte de Inglaterra del culto católico en la plaza. Finalmente, el texto incluía una cláusula resolutiva de la crisis en la que se afirmaba que si en algún tiempo Gran Bretaña decidía «dar, vender o enajenar» Gibraltar se daría «a la Corona de España la primera acción antes que a otros para redimirla». A partir de ese momento, España intentaría vez tras vez recuperar un territorio propio y Gran Bretaña, mantener la colonia.

Los abusos cometidos por esta potencia fueron, como ya hemos indicado, no escasos. Por ejemplo, en las negociaciones preliminares al Tratado de Madrid de 13 de junio de 1721 se planteó como condición previa la devolución de Gibraltar a España. El ministro inglés en Madrid, William Stanhope, y el secretario de Estado español, marqués de Grimaldi, se comprometieron así a que el tratado no sería ratificado mientras Jorge I de Inglaterra no comunicara la restitución de Gibraltar. El 1 de junio, Jorge I envió la carta en cuestión pero una vez que el 5 de julio del mismo año España ratificó el tratado, el monarca inglés faltó a su palabra.

Las promesas británicas volvieron a repetirse en ocasiones en que Gran Bretaña se vio amenazada por un enemigo más poderoso que España pero siempre para quedar en nada. Por si fuera poco, Inglaterra fue sumando a sus desafueros diplomáticos una larga lista de incumplimientos del Tratado de Utrecht desde el mismo siglo XVIII cuya simple exposición sería material para una docena de artículos como el presente. Así, nada más firmarse el acuerdo, las tropas inglesas procedieron a ocupar militarmente la Torre del Diablo a Levante y el Molino a Poniente, no incluidos en el mismo. El 19 de agosto de 1723, William Stanhope sostenía con evidente descaro que Inglaterra tenía derecho a ampliar el terreno cedido por el Tratado de Utrecht a «todo el terreno cubierto por la artillería de la plaza», aunque reconocía que tal extremo no estaba contemplado en el texto firmado por ambas naciones. En 1815, por ejemplo, una epidemia de fiebre amarilla diezmó a los ingleses de Gibraltar. España ofreció entonces generosa ayuda humanitaria a los británicos y éstos aprovecharon la situación para apoderarse de nuevos territorios españoles en la zona. En 1854, las autoridades británicas volverían a utilizar una ocasión similar -la generosa ayuda española prestada con ocasión de una epidemia- para repetir su proceso expansivo. En 1908, en claro antecedente del Muro de la vergüenza berlinés, el Gobierno británico levantó incluso una verja de hierro que separaba físicamente a España de una colonia gibraltareña que no había dejado de crecer territorialmente en las últimas décadas.

A esas alturas, los ingleses eran más que conscientes de que su colonia era incapaz de automantenerse -a diferencia de otras bajo pabellón británico- y reconocían que Gibraltar sobrevivía gracias a actividades ilegales como el contrabando. El 25 de agosto de 1841, por ejemplo, lord Palmerston, en una bochornosa nota enviada a la legación española en Londres, afirmaba que los barcos de contrabandistas irían armados con cañones para defenderse de los guardacostas españoles. A nadie se le ocultaba -como no se le oculta hoy- que Gibraltar no era viable económicamente salvo mediante la conjunción de prácticas económicas delictivas y colonialismo británico. Tan sólo este tema daría material más que sobrado para una voluminosísima tesis doctoral.

Por supuesto, no todos los británicos veían con agrado semejante suma de desafueros. En 1856, sir Robert Gardiner en su «Informe sobre Gibraltar. Una fortaleza y una colonia» se preguntaba: «¿Cuáles deben ser los sentimientos de todos los españoles con esta noble Roca a la vista siempre, ocupada por extranjeros?». Seis años después, John Bright afirmaba que «el Peñón de Gibraltar fue tomado y retenido por Inglaterra cuando no estábamos en guerra con España y su apropiación fue contraria a todas las leyes de la moral y del honor». No fueron los únicos.

España en Almoneda.

España en Almoneda.

Muchas voces se han alzado en los últimos días en defensa de la unidad de España. Cada vez somos más los que sentimos preocupación ante las extremas reclamaciones nacionalistas alentadas desde los gobiernos de la nación y catalán. Y ahora también por el denominado «Plan López», remedo vergonzante del «Ibarretxe» y casi calco de los acuerdos que su momento firmó el tripartito que dirige la Generalitat.

Frente al entreguismo socialista, el Partido Popular viene reiterando que se opone a ese tipo de propuestas. Pues no sólo rompen el modelo territorial pactado en la Constitución, al proponer la existencia de «comunidades nacionales» diferenciadas del resto de las comunidades autónomas, sino que además cuestionan la unidad misma de la nación española. Propuestas que, por lo demás, ni siquiera satisfacen a los nacionalistas, quienes sólo las toleran como paso previo a la segregación. Como cabía esperar, el mensaje navideño del Rey ha sido importante en un año marcado por acontecimientos más que traumáticos. Pero también por las tendencias disgregadoras que amenazan el horizonte de una convivencia democrática alumbrada con generosidad y consenso.

El Rey no ha podido ser más claro en defensa de la España plural y diversa que ya disfrutamos gracias a la estabilidad política, social y económica de los últimos veintiséis años. Sin dejar de recordarnos que éstos representan el más largo período de prosperidad de nuestra historia, hizo un llamamiento a la solidaridad y la defensa del interés general por encima de los legítimos intereses de partido.

En ello reside el verdadero problema. Que los nacionalismos aspiren a la independencia a nadie puede sorprender. Demandar la autodeterminación ha sido siempre su objetivo esencial. Lo que no estaba en el guión es que uno de los partidos de la alternancia y pilar del sistema -el Partido Socialista- se desmarcara de sus fundamentos y de su identidad histórica y diera un vuelco ideológico de tal magnitud. De rechazar el nacionalismo ha pasado a justificarlo abiertamente, pretendiendo ajustar el propio ideario y hasta el ordenamiento jurídico a las exigencias del nacionalismo más radical.

Necesitado de los escaños de Esquerra Republicana de Cataluña para mantenerse en el poder, el actual Gobierno de España parece dispuesto a cualquier dejación, perdiendo de vista los intereses generales. Está alimentando un debate que no interesa a la mayoría de los ciudadanos y haciendo concesiones de consecuencias imprevisibles, que afectan a elementos esenciales de la convivencia.

Los nacionalismos catalán y vasco nos están ganando la partida. ¿Quién iba a decir hace sólo seis años en el Partido Socialista -cuando se celebró el vigésimo aniversario de la Constitución- que en la actualidad estaría inventando argumentos, retorciendo textos, forzando interpretaciones y sometiendo a las instituciones a un desgaste intenso y continuado? Sólo la irresponsabilidad y la carencia del más elemental sentido del deber y de la función de la política pueden explicar que el Gobierno nos esté metiendo en este camino sin retorno con una frivolidad y ligereza impropia de gobernantes de un país democrático.

En este momento nada le conviene menos a España que este debate constitucional estéril, con las irreparables consecuencias que ya se vislumbran en el horizonte. Si entre todos no paramos esta deriva, las modificaciones de los estatutos de autonomía de Cataluña y Euskadi serán sometidas a votación en las Cortes Generales con el aplauso y apoyo de un Partido Socialista claudicante ante los nacionalismos para mantenerse en el Gobierno. Es un precio demasiado alto y también demasiado vergonzoso. Por fortuna, la unidad parece resquebrajarse en el seno del propio partido socialista.

Un militante tan destacado como Alfonso Guerra no cree que las propuestas que se están debatiendo tengan encaje en la Constitución. Desde el Gobierno mismo, el ministro de Defensa no ha dudado en pronunciarse con contundencia: «Nadie va a conseguir a punta de pistola que dejemos de sentirnos identificados con lo que España representa». Rosa Díez y Francisco Vázquez, entre otros muchos, también reclaman la recuperación de las señas de identidad socialistas.

Quizás sea el momento de recordar que algunos de ellos no me comprendieron cuando, hace exactamente un año, yo misma me dirigí a Zapatero para causar baja en el PSOE por mi discrepancia radical con el «nacionalismo oportunista» de Maragall que ya estaba haciendo todo tipo de concesiones, con el beneplácito de los dirigentes de Madrid, a los nacionalismos secesionistas para poder gobernar la Generalitat. Por entonces la cosa no había hecho más que empezar. Después llegó la masacre del 11 de marzo, los ominosos acontecimientos de la jornada de reflexión electoral, con el asalto a las sedes del Partido Popular y el vuelco electoral del 14 de marzo. El PSOE volvía a La Moncloa, pero del brazo de unos nacionalismos a los que no ha parado de hacer concesiones y, lo que es peor, a los que nunca podrá dejar de hacérselas.

No saben ya qué inventar ni por dónde salir. Que si «comunidad nacional» en vez de nacionalidad. Que si ampliar al menos el preámbulo de la Carta Magna. Mientras tanto, para complicar aún más el panorama, nada menos que la presidenta del Tribunal Constitucional se permite decir que hay que quitar emotividad al concepto de nación y el secretario de Organización del Partido Socialista afirma que no sabe si está de acuerdo o no con las ocurrencias que en cascada van enturbiando cada día más el debate. Ya va siendo hora de que fijen su posición.

Que dejen de jugar con un tema tan serio. Tienen la obligación de decir claramente cuáles son sus límites y si están dispuestos a poner a España en almoneda para satisfacer a sus socios y poder seguir gobernando.

Estatuto del periodista: atar en corto a la canallesca.

Estatuto del periodista: atar en corto a la canallesca.

¿Tolerará el gremio periodístico la artimaña legal que se pretende aprobar en el Parlamento con el fin de controlar la profesión? ¿Nos vamos a tragar una ley que ataca frontalmente el derecho a la libertad de información?

Los comités de sabios, consejos audiovisuales y demás organismos reguladores se unen ahora al proyecto de estatuto profesional del periodista en un nuevo intento de crear una jurisdicción especial para los que se encargan de informar. Y esa es una música que nunca suena bien.

¿Reclama la profesión una ley de prensa?

La iniciativa parlamentaria que ha presentado Izquierda Unida se fundamenta, según la coalición, en “las demandas de las y los profesionales de los medios de comunicación, así como de quienes se encuentran cursando los estudios relativos a esta profesión”, pretensión harto optimista por cuanto la profesión no constituye una suerte de clase o corporación y no existe ni mucho menos consenso entre quienes la ejercen acerca de la necesidad de tal proyecto legislativo.

Tampoco ha habido un proceso de debate previo que permita aseverar a IU que en la elaboración del proyecto de ley “se ha contado con el asesoramiento e inestimable ayuda de los distintos sindicatos de periodistas”, en tanto que tales sindicatos no representan más que a una parte de los profesionales de la información.

Jurisdicción especial

Según los proponentes, el Estatuto del periodista se basa en “un sistema de incompatibilidades y un Código Etico, cuyo control se confía a los Consejos de Información que puedan constituir las Comunidades Autónomas y a un Consejo de Información de ámbito estatal que se crea a partir de la aprobación de la ley.” De modo que, abolidas las jurisdicciones especiales (militar, etc.) por su carácter predemocrático, queremos instituir ahora una jurisdicción especial para los periodistas.

“Código ético” suena muy bien pero no significa absolutamente nada. En España disponemos del mejor código ético que existe, en la medida en que es el mismo para todos los ciudadanos cuando deben responder ante la Ley. Se llama Código Penal. Tal vez haya que incorporar nuevas figuras, delitos no contemplados hasta ahora y que afecten de manera particular a los periodistas. Hágase. Cuantas veces sea necesario. Pero inventar leyes especiales para sectores tan sensibles a la manipulación y la presión política como la prensa es iniciar el camino hacia la censura y el control de la información.

Más organismos de control

En la proposición de IU se habla de Consejos de Información autonómicos y de ámbito nacional. Así pues, de aprobarse la proposición de ley, habrá 18 oportunidades para mediatizar, controlar y censurar el derecho a la libre información. A ello habrá que sumar los Consejos Audiovisuales (también 18) que se superpondrán a los Consejos de Información, con lo que la situación puede llegar a ser surrealista, cuando no ridícula, para los periodistas que trabajen en cadenas de televisión, sometidos a doble observancia. Porque, seamos francos, ¿algún profesional de los medios se toma medianamente en serio la pretendida “independencia” de los susodichos consejos?

¿Quién será periodista según el Estatuto?

El proyecto de ley considera que periodista es cualquiera que se gane la vida informando, pero para ejercer es necesaria una acreditación:

“La condición de periodista profesional se acredita mediante el correspondiente carné expedido por el Consejo Estatal de la Información o sus equivalentes autonómicos. El carné profesional se renovará periódicamente.”

Los 18 controladores tienen la potestad de determinar quién es periodista. Y además tal condición caduca y debe ser renovada periódicamente. Vamos, igual que los médicos o cualquier otra profesión, que cada año deben ser confirmados en su actividad…

18 organismos decidirán en cada ámbito y territorio quién es periodista y esa decisión será revocable. ¿Hace falta argumentar más?

¿Quién no será periodista?

El capítulo de incompatibilidades no es demasiado extenso e igualmente arbitrario:

“El ejercicio de la profesión periodística es incompatible con a) el ejercicio profesional de la actividad publicitaria, de marketing y relaciones públicas; b) la condición de policía, militar, juez o fiscal; c) los ministros y los cargos públicos de libre designación ministerial o por los órganos de gobierno de Comunidades Autónomas y Corporaciones Locales.”
Dado que el proyecto de ley reconoce el carácter de periodista “a todo aquel que tiene por ocupación principal y remunerada la obtención, elaboración, tratamiento y difusión por cualquier medio de información de actualidad”, excluir a tantos niega la propia definición del profesional de la información que recoge el texto propuesto. ¿En nombre de qué no va a poder ser periodista un juez, o un militar, o un publicista? ¿Pero qué clase de caza de brujas subyace en este texto? Doble rasero a la hora de medir, eso es todo.

Control de la actividad privada

El proyecto de ley de IU establece también cómo deben comportarse las empresas de comunicación. La norma pormenoriza quién puede ser director de un medio y de qué forma ha de ser elegido y debe actuar, cuando tales atribuciones deben corresponder a los propietarios de las empresas, dado que estas son de carácter privado. Este no es un estatuto para RTVE, pero los diputados parecen haberlo olvidado.

La proposición de Estatuto de periodista que ayer presentó en el Congreso IU y aplaudió el PSOE supone un paso atrás porque:

Pone en riesgo la independencia de los profesionales de la información.

Les hace depender de unos organismos que serán los únicos con capacidad para otorgar “permisos de trabajo” renovables a los que quieran ser periodistas.

Regula el funcionamiento interno de las empresas privadas de comunicación.

Supone legalizar nuevas formas de control político y censura.

Texto íntegro de la proposición de Estatuto profesional del periodista
El Estatuto del Periodista nos devuelve al franquismo.

Navegante. Irán prohíbe los blogs.

Navegante. Irán prohíbe los blogs.

Amnistía Internacional, más preocupada quizá por los videojuegos, aún no ha expresado su rechazo; su página de noticias está encabezada por dos denuncias de Guantánamo Las autoridades judiciales iraníes han ordenado a los ISP bloquear el acceso de los súbditos del país a servicios como PersianBlog, Blogger, BlogSky o BlogRolling. Además de prohibir los blogs, han expresado su preocupación por el uso que los iraníes hacen de redes sociales como Orkut o Yahoo Personals impidiendo también su uso. Hay que indicar que Internet es tremendamente popular en Irán. Se estima que el persa es el cuarto idioma más empleado en bitácoras; existen unas 64.000 en ese lenguaje por las 26.000 en español. Son la tercera nación con más usuarios en Orkut, un 7% del total, tras Brasil y Estados Unidos.

El monopolio que el régimen islamista ha mantenido en los medios de comunicación ha impedido que apareciera en ellos las cada vez más necesarias críticas a los ayatolás. Intelectuales, académicos, escritores y periodistas se han visto sin medios con los que expresar sus ideas, dando lugar a cierta apatía que, sin duda, viene muy bien a los intereses del totalitarismo islámico en el poder. Es en este contexto en el que Internet y las bitácoras han cobrado tanta importancia en Irán: son un espacio relativamente libre y seguro donde llevar a cabo el debate político que el cierre de periódicos y partidos de oposición ha impedido que se lleve a cabo por medios más tradicionales. Internet se ha transformado en el talón de Aquiles del control de la dictadura.

Sin embargo, Amnistía Internacional, más preocupada quizá por los videojuegos, aún no ha expresado su rechazo; su página de noticias está encabezada por dos denuncias de Guantánamo. En cambio, la emisora norteamericana para el exterior Voice of America, junto con Radio Farda, llevan más de un año contratando los recursos de Anonymizer para permitir a los iraníes saltarse las restricciones que su gobierno les impone. Todos los días, esas radios comunican a sus oyentes las direcciones de servidores proxy a través de los cuales evadir el control gubernamental. Rutinariamente, el acceso a los mismos es prohibido, lo que obliga a cambiar las direcciones y emitirlas de nuevo por la radio. Por tanto, esta nueva vuelta de tuerca no destruirá la blogosfera iraní, tan sólo hará más difícil el acceso a la misma.

Mientras tanto, los ciber-activistas callan.

Ley de Defensa. Bono (Ministro de Defensa)pide tregua.

Ley de Defensa. Bono (Ministro de Defensa)pide tregua.

El Ministro de Defensa, José Bono, quiere a toda costa un pacto con el Partido Popular sobre política de defensa. Esta voluntad de consenso tiene, como siempre en él, más de necesidad de que de virtud, pero el Ministro está empeñado en sacar adelante el pacto y a tal efecto ya ha mantenido una primera reunión con el Presidente del PP, Mariano Rajoy. Su interés por cerrar el acuerdo con el PP es tan acuciante que incluso en un primer momento ha marginado al resto de las fuerzas parlamentarias, incluyendo aquellas que sustentan al Gobierno, de la negociación.

La necesidad de este pacto viene impuesta por la necesidad de Bono de cerrar frentes. Es obvio que el discurso españolista que hace recurrentemente el Ministro de Defensa le sitúa en el centro de las iras de los socios independentistas de Zapatero, e incluso de muchos socialistas catalanes y vascos. Por otro, Bono es visto con recelo por la mayoría de sus compañeros de Gabinete y se han producido ya los primeros choques serios con al menos los titulares de dos departamentos colaterales, Moratinos y Alonso, además de la lógica lucha al que todo Ministro de Defensa está obligado con Hacienda. No acaban ahí los enemigos del Ministro. En las Fuerzas Armadas las palabras y las decisiones de Bono son escrutadas con lupa. La sensación, cada vez más generalizada entre los militares, es que Bono no se cree esto de la Defensa porque en realidad no se cree más que asimismo y que ha puesto el ministerio más al servicio de su carrera política que su capital político al servicio de las Fuerzas Armadas.

El enfrentamiento con el Partido Popular ha sido brutal. Primero fue la guerra de Irak. Bono exprimió hasta la última gota de rentabilidad política de la decisión de Zapatero de retirar nuestras tropas. Acusó y sigue acusando al PP de todo: de embarcar al país en una guerra ilegal, de haber puesto a España de rodillas ante Estados Unidos y de haber ordenado a nuestros generales poco menos que un genocidio. Ha tenido incluso la bajeza de acusar a los dirigentes del PP de haber traicionado a sus votantes, como si él fuera el intérprete supremo de esos votos ajenos.

Luego fue el accidente del Yak-42. En este asunto, Bono no descansará hasta cobrarse el cadáver político de su antecesor en el cargo, Federico Trillo. Lo hace además con el discurso más cínico posible, asestando puñalada tras puñalada mientras asegura compartir el sufrimiento de su victima y no querer causarle ningún daño. Dado el perfil psicológico del personaje es posible incluso que lo crea así.

Ahora Bono pide el consenso de aquellos que ha tratado de masacrar políticamente. Lo pide porque le interesa cerrar ese frente para poder atender a los otros: el interno, dentro del Gobierno y del PSOE; y el externo, frente a los nacionalistas radicales. Es más, piensa que en ambas batallas el PP puede ser incluso un aliado instrumental.

Es posible que Bono encuentre en Rajoy el acuerdo que busca. La Defensa es un ámbito propicio, lo ha sido en los últimos veinticinco años, para este tipo de pactos de Estado. En la nueva Ley, aunque haya lógicas diferencias, no habrá nada tan sustancial como lo que llevó a un contundente enfrentamiento en la reforma del Poder Judicial. A pesar de los errores, que los hay y graves, el Ministerio de Defensa tampoco se encuentra en el caos y el delirio en el que Moratinos ha instalado nuestra política exterior. A Rajoy le puede interesar por tanto ofrecer la imagen de que el PP también sabe pactar cuestiones de Estado y hacerlo además en un tema de escasa relevancia electoral y que, por su propia naturaleza, sus soliviantadas bases entiendan que es susceptible de pacto incluso con este Gobierno.

No obstante, Rajoy debería meditar antes de dar un cheque en blanco a Bono. Primero porque la actitud mantenida por el Ministro respecto a Irak y al Yak-42 no merecen que el PP le corresponda con un gran pacto. Segundo, porque Bono es un especialista en instrumentalizar en tu contra cualquier concesión que se le haga, por razonable que parezca esa concesión. Tercero porque el único mensaje político de esta Ley es que con ella no será posible otro Irak. Un mensaje demagógico, contraproducente para el PP y contrario a los intereses de nuestra seguridad.

MANIPULACIÓN DEL TERRORISMO (Análisis del 11-M y sus objetivos).

MANIPULACIÓN DEL TERRORISMO (Análisis del 11-M y sus objetivos).

EL elemento primordial de toda manipulación del terrorismo consiste en "la táctica de diversión" basada en distraer a la opinión pública de los acontecimientos reales, girando su atención hacia falsos enemigos.
Esta táctica no implica sólo la utilización de macro atentados traumáticos, sino también de una cadencia continuada de pequeñas informaciones, falsas e intoxicadoras, que mantendrán en vilo a la población impactada por el espantoso acontecimiento.

En el caso 11-M los elementos de "distracción" fueron:

a).- Al Quaeda y el hecho de que el gobierno del Partido Popular errara al atribuir, sin tener las pruebas suficientes, la responsabilidad a la banda terrorista ETA. Unido esto a la campaña de desinformación que organizó la desleal oposición y que en otro momento analizaré, se convirtió en el factor esencial que enmascaraba que los atentados (fueran quienes fueran sus responsables) tenían un objetivo inmediato: provocar un cambio de gobierno.

En este sentido puede decirse que, a pesar de que estaba en el corazón de la mayor parte de los españoles la retirada de las tropas de Irak, lo cierto es que los terroristas alcanzaron sus objetivos. Hecho todavía mas evidente por la premura en la vergonzosa retirada de las tropas, que supuso una verdadera puñalada en la espalda a nuestros aliados, que se mofaban de nuestros soldados cacareándoles como si fueran gallinas.

Quien hizo estallar las bombas el 11-M, estaba seguro de que poco después, Zapatero sacaría a nuestras tropas de Irak. El terrorismo había creado una necesidad (para ellos) y una urgencia (para España): la retirada de tropas, lo solucionaba todo. Craso error.
El análisis del problema por parte de los medios afines al Partido Socialista indicaba a la población que los atentados de los trenes de la muerte eran el resultado de nuestra presencia en La Cumbre de las Azores, que nos había hecho perder las buenas relaciones con mundo árabe.

En realidad, el atentado del 11-M tiene poco que ver con nuestra posición en el conflicto de Irak o la Cumbre de las Azores, sino mas bien por el interés de terceros (no necesariamente naciones árabes) en romper la coalición internacional. Esto no sólo lo dice el abajo firmante. Alguien tan poco sospechoso como Fernando Reinares, entre otros intelectuales lo ha afirmado por activa y por pasiva, aunque son sistemáticamente silenciados desde los medios afines a la órbita gobernante.

b).- La estrategia de degradación progresiva de las situaciones.-

Una sola acción provocadora no suele generar el efecto buscado -a no ser que se trate de un macro atentado como el del 11-M-. Esta degradación progresiva se percibe perfectamente desde la fecha de los atentados hasta el 18 de abril. Es decir, al estallido sigue el aviso en forma de artefacto en la vía del AVE (que no estaba siquiera montado), distintos comunicados, progresivamente más amenazantes, para llegar al anuncio de la retirada final de tropas, aprisa y corriendo, el domingo 18 de abril.
Cada episodio aumentó el efecto del anterior y en total los 37 días que median entre el 11-M y el 18 de abril encierran un periodo de manipulación informativa mediante la cual el miedo se apoderó de los españoles.

c) El aprovechamiento por parte de las organizaciones terroristas de las circunstancias preexistentes, por la conspiración.

En toda organización terrorista, una vez manipulada su propia credibilidad, esta viene en función del pasado de alguno de sus miembros. Este es el caso de El Tunecino y de sus compañeros.

Para los atentados del 11-M era preciso contar con algún elemento integrante cuyo nombre hubiera sonado como relacionado con Al Queda. Esto contribuiría a dar la sensación de que esta organización internacional terrorista estaría tras la trama de los sangrientos atentados aún cuando NO EXISTIERAN PRUEBAS OBJETIVAS.

Es en este contexto en el que aparece la figura de Jamal Zougam en el que se unen tres características: CONOCIDO POR SUS TRAPICHEOS, CONOCIDO DE "ABU DAHADA”, Y MENCIONADO EN EL SUMARIO DE LA CÉLULA DE ALQAEDA EN ESPAÑA. La relación de Zougam con todo esto era tenue, pero suficiente par poder afirmarse en los medios de comunicación ZOUGAM = AL QAEDA.

Tras el 11-M el pueblo español estaba dispuesto a aceptar el mensaje de cualquiera que le propusiera liberarse de la presión psicológica que ejercía el terrorismo, tanto nacional como islámico. En este sentido, no hizo falta que Zapatero explicase de nuevo su posición sobre la retirada de las tropas de Irak. “Estaba en el ambiente". Se difundió por los medios afines al PSOE la especie de que, simplemente, retirando las tropas, no volverían a producirse más atentados.

Nadie parecía preocuparse de analizar los porqués del atentado y los PUNTOS NEGROS DE LA VERSIÓN OFICIAL. En realidad, la sociedad española está hoy más inerme que nunca ante el terrorismo: La premura en la retirada de tropas ha evidenciado el terror que causa entre los gobiernos la posibilidad de nuevos atentados... en lugar de querer llegar hasta el fondo de lo que en realidad había ocurrido.

Por primera vez, la sociedad española, cedió al chantaje del terror. En la tarde del 18 de abril, cuando Zapatero anunció apresuradamente la retirada de tropas de Irak, era evidente que había mostrado vulnerabilidad ante el terror: cualquiera que aspire a alterar decisiones importantes, puede aspirar a presionar, igualmente, al gobierno español, mediante el mismo terror.

Este atentado, analizado con la serenidad que da el tiempo transcurrido, es a los ojos de muchos analistas y expertos independientes, una operación psicológica de gran envergadura en la que coinciden los intereses políticos y económicos de personas y países, con los intereses personales de determinados grupos económicos. Son intereses distintos pero que convergen momentáneamente en una necesidad concreta que va a facilitar el camino a los primeros, cuando los segundos obtengan el poder. Poder obtenido gracias a la manipulación del fenómeno terrorista, por unos facilitando la comisión del atentado, y por los otros, obteniendo el rédito que dio en su momento la gestión de la indignación y rabia de la masa, sabiéndola dirigir, hacia quienes había que derrocar y haciéndolos parecer los responsables de la masacre.

Los promotores de la manipulación del terrorismo moderno son buenos conocedores de la psicología de las masas; los profesores Fernando Reinares, Ignacio Sánchez-Cuenca, Francisco J. Llera Ramo, Antonio Elorza, por citar a los de nuestro entorno, son especialistas en el estudio y con el conocimiento necesario para el análisis de este fenómeno que podemos ir resumiendo así:

- El nivel de inteligencia de una masa no es el promedio de la inteligencia de sus miembros sino que se sitúa en el nivel más bajo de todos sus elementos.

- Las masas no admite razonamientos complejos, precisa ideas simples. Ninguna sofisticación mínima en el pensamiento puede ser asumida por las masas.

- La masas se mueven por instintos irracionales y frecuentemente evidencia una cobardía estructural. El carácter emotivo y sentimental de las masas las inhabilita para el análisis racional. Los gestores del terrorismo moderno, sean quienes sean, no pretenden apelar al razonamiento sino a los instintos.

- Las masas se preocupan básicamente por sus necesidades vitales primarias y viven de espaldas a problemas complejos.

- La masa busca el placer y huye del dolor, busca soluciones fáciles y simples a problemas complejos, huyendo de la sofisticación y complejidad.

- Las impresiones grabadas a fuego en el subconsciente de las masas condicionen su comportamiento.

- La capacidad de memoria de las masas es mínima. Aunque sus elementos constitutivos tengan memoria, como entidad colectiva carecen de esa facultad que es sustituida por las impresiones subconscientes.

- Estas interpretaciones subconscientes generan un espejismo entre lo que las masas ven o lo que intuyen. En cualquier caso aceptan fácilmente sugerencias que enlazan con su subconsciente.

- Las masas sufren el fenómeno del contagio: cualquier sugestión que aparezca sobre un sector, es susceptible de ser asumido en poco tiempo por la totalidad de ellas.

Desde este punto de vista, la masa carece de valores más allá de los de la mera supervivencia y de la búsqueda de la seguridad. Las masas, como tales, absorben con facilidad las sugestiones procedentes de la galaxia mediática. Considerada en las individualidades que la componen, el mismo efecto queda asegurado en cuanto se manifiesta el miedo anidado en cada ciudadano y en sus efectos sobre el subconsciente.

OBJETIVOS DEL 11-M

-La creciente influencia de España en África y las excelentes relaciones que el gobierno Aznar había conseguido con Argelia en todos los planos y en detrimento de la "Grandeur francaise”, han sido y son, siempre en opinión de los observadores independientes, el principal motivo de la guerra de “baja intensidad” que mantenía Marruecos con España que se materializo en la retirada de su embajador, sin haber motivo aparente y en la invasión del islote "Perejil". De no haber plantado cara a esa acción de guerra, las consecuencias hubieran sido más trágicas posteriormente. Sin duda.

-Los atentados de Casablanca no sólo hicieron volar por los aires algunos de los símbolos del capital y del poder marroquí, sino que lo hicieron también en medio del proceso de arbitraje por el dominio del Sahara. Estos atentados sirvieron para que el régimen de Mohamed VI -apoyado política y militarmente por Estados Unidos y por Francia- iniciara una brutal campaña de persecución a los sectores islamistas de la sociedad marroquí, que son los que amenazaban la integridad del propio régimen del monarca y de sus objetivos económicos. Al tiempo que se iniciaban los conflictos con España anteriormente descritos.

-Mientras el Gobierno de Aznar aprobaba la entrega de los pozos petrolíferos a REPSOL, el de Mohamed VI, hacia lo propio con varias empresas de Estados Unidos y de Francia (TOTALFINA). Efectivamente, detrás de los conflictos de la isla Perejil y de la retirada del embajador de Madrid, podrían ocultarse problemas derivados por ese control de las regiones petrolíferas.

Este momento histórico que hemos vivido (y que seguiremos viviendo) ha sido definido por algunos como una especie de “guerra de baja intensidad” dentro de la cual habría que incluir los sucesos del 11-M.
Estos mismos analistas, dicen y explican en foros restringidos que: "la famosa reunión de dos dirigentes de ERC (Ezquerra republicana de Cataluña), Josu Ternera / Mikel Antza , tres representantes más del frente militar de esa organización terrorista, varios miembros de un servicio secreto francés, dos miembros de un servicio secreto español (a uno de ellos le conocen en su propia "casa" como "el traidor") y varios españoles más, sin poder precisar número, pero si que pertenecían a la política, en Perpignan, lugar elegido por alguien donde se pactó la desestabilización de España por arriba por el centro y por abajo (textualmente).”

Para los que estamos al tanto de esta trama, fue ahí donde se gestó el famoso "súper misil" que dijo un político español.
Si cabe añadir más cosas al tema, sumemos el misterioso asesinato en Fuengirola del opositor al régimen marroquí Hicham Mandari, en agosto de este año, suceso que pretendió el gobierno fuera silenciado, consiguiéndolo a medias. Que también está relacionado con el 11-M, pues el opositor marroquí LO SABÍA TODO. Y ESTABA DISPUESTO A CONTARLO Y PROBARLO. Por eso lo asesinaron.

Plan Ibarreche. La situación.

Plan Ibarreche. La situación.

No es casual que el plan Ibarreche haya sido aprobado con los votos de los terroristas. Un parlamento distinguido por la presencia de un asesino como Josu Ternera en su comisión de derechos humanos, y por la permanencia de los representantes de la ETA, en jactancioso reto a la ley, no pasa de caricatura o farsa de parlamento, inaceptable en cualquier país civilizado. Pero a eso se ha llegado allí, o se ha permitido que se llegara. La complicidad de los terroristas con Ibarreche es sólo la culminación, por ahora, de la alianza que propuso el PNV a la ETA para hacer frente común contra la reacción por el asesinato de Miguel Ángel Blanco. Por lo demás, como he podido comprobar abundantemente al estudiar la historia del nacionalismo vasco, según he expuesto en el libro de reciente aparición Una historia chocante, la política de sacar rentas políticas de los asesinatos ha constituido el eje y sentido de la acción peneuvista desde el comienzo mismo de la Transición (vamos a olvidarnos ahora de sus condenas retóricas y sin consecuencias). Ha sido una asociación de hecho entre el PNV y el TNV (Terrorismo Nacionalista Vasco, autobautizado como MNLV), asociación con alternativas y peleas de familia, pero mantenida siempre en lo esencial.

El uso de palabras de contenido emocional inevitablemente fuerte, como "asesino", "terrorismo", etc., puede dar a entender, a su vez, un contenido emocional en el anterior análisis. No hay tal. Procuro dar una descripción precisa de los hechos, que quizá podrían exponerse con palabras más frías, pero probablemente menos adecuadas. No conviene tomar por frialdad analítica la ocultación de realidades, como a menudo se hace. En síntesis, la asociación PNV-TNV ha determinado la política en las Vascongadas, con repercusión en toda España, y ha sido la causa principal del asolamiento de la democracia en aquellas provincias. Lo podemos mirar desde otra perspectiva: si las libertades subsisten allí en parte, se debe a la acción de las fuerzas de seguridad del estado, a las cuales nunca ha dejado el PNV de desacreditar y calumniar, en concomitancia con la propaganda etarra.

La consecuencia lógica del Plan Ibarreche es la legitimación del terrorismo como instrumento político. La democracia se apoya, en suma, en la sustitución de la violencia por unas reglas de juego equitativas y basadas en las libertades, pero en realidad el PNV, fiel a sus totalitarios orígenes sabinianos, nunca aceptó las reglas democráticas y no ha cesado de sabotearlas y desprestigiarlas, al paso que las explotaba abusivamente, como por lo demás han hecho siempre los totalitarios. Ahora bien legitimar el terrorismo como lo hace Ibarreche es un arma de doble filo, pues vale lo mismo para los nacionalistas que para los antinacionalistas. Obviamente, Ibarreche, Arzallus y los suyos confían en que no habrá un terrorismo de respuesta, pero lo menos que puede decirse es que, al beneficiarse del TNV y beneficiarlo a su vez, han abierto las compuertas a cualquier réplica en los mismos términos. Romper las reglas del juego vuelve el juego imposible y convierte la política en violencia. Aun si eso no llega a ocurrir, como es de esperar y desear, los jefes sabinianos han asumido una responsabilidad inmensa.

Eso aparte, el Plan Ibarreche rompe unilateralmente la Constitución y el Estatuto autonómico, y lo hace desde unas instituciones que son parte del estado español, legitimadas precisamente por la Constitución y el Estatuto. Estamos ante un golpe de estado en toda regla, ante una rebelión contra la legalidad constitucional, realizada, insisto y como no podía ser menos, en complicidad con los terroristas y en un parlamento degradado a niveles difíciles de creer si no estuvieran ante nuestros ojos. Significa la sustitución de la soberanía del pueblo español por la soberanía de la alianza PNV-TNV, que se arroga la representación del pueblo vasco. Es la secesión práctica, apenas disimulada por una leve y formal capa que le facilitaría mantenerse en la Unión Europea sin afrontar los costes económicos de la secesión.

Que los secesionistas intenten golpes de estado contra la legalidad constitucional no es, por desgracia, algo nuevo en España. En 1923 los nacionalistas vascos, catalanes y gallegos se sintieron lo bastante fuertes para establecer un "Pacto Tripartito" y amenazar con un próximo recurso a la acción armada, en concomitancia con los rifeños de Abd El Krim. El plan no cuajó porque a los pocos días Primo de Rivera dio a su vez su golpe de estado y desarticuló la trama separatista. Al llegar la república, que nada debía a la presión del nacionalismo catalán, éste aprovechó el momento para imponer una política de hechos consumados, y en 1934 se rebeló por las armas contra el gobierno legítimo. Durante la guerra civil los nacionalistas vascos y catalanes intrigaron permanentemente en Francia e Inglaterra, incluso en la Italia fascista y la Alemania nazi, saboteando los esfuerzos de sus aliados del Frente Popular (lo cual, dicho sea de paso, vino muy bien a Franco). Tras el final de la dictadura, la reforma democrática permitió la primera Constitución hecha por consenso en España, y esa legalidad constitucional es la que intentan echar ahora por tierra entre Ibarreche, Carod-Maragall, Beiras y otros más, con la complacencia del gobierno de Rodríguez. Mientras desde fuera presiona y golpea el terrorismo islámico.

El actual golpe de estado del PNV-TNV no ofrecería el menor peligro en una democracia asentada. Al gobierno le bastaría cumplir y hacer cumplir la ley, suspendiendo la autonomía hasta que la situación se normalizase y el parlamento vasco dejase de ser el de los Josu Ternera y similares. Gran Bretaña ha suspendido en más de una ocasión la autonomía irlandesa -donde el terrorismo ha ocasionado tres veces más víctimas que en España- y no ha pasado nada. La suspensión sería la reacción legal, legítima y más eficaz ante un desafío como el planteado por las fuerzas antidemocráticas, y seguramente no pasaría nada si se realizase con la habilidad y previsión necesarias ante posibles resistencias. Sin embargo esto resulta difícil en España, donde existe una tradición de gobiernos que prefieren cerrar los ojos y claudicar ante conflictos menores. hasta que los conflictos se vuelven mayores e inmanejables. España no es, por desgracia, una democracia asentada, y los políticos sienten gran temor a asentarla del único modo posible: aplicando la ley.

Pero si cabe dudar de que incluso Aznar se atreviera a hacer cumplir la ley en este conflicto, pese a ser el enemigo en realidad irrisorio, con Rodríguez no hay ninguna duda: no sólo no hará cumplir la legalidad, sino que contribuirá a su ulterior descomposición, al menos durante un tiempo. Por una de esas monstruosidades de la historia que llevan a los pueblos al despeñadero, el gobierno de España ha recaído en unos personajes que no creen en la nación española, que detestan a Montesquieu y no creen tampoco en la democracia liberal, que comparten muchas ideas con los terroristas, se dedican a dividir a la sociedad hostigando a la mayoría católica, y sufren tan infección de sectarismo que con tal de cortar a la derecha el paso al poder están dispuestos a pactar con quien sea y a tolerar cualquier ataque a la democracia y la unidad de España. Esa fue, viene a cuento recordarlo, la política de las izquierdas presuntamente moderadas de Azaña y Prieto en 1936, después de otras elecciones anómalas. Y con esa política se deslegitimaron.

¿Qué va a ocurrir, por tanto? Tenemos ante nosotros unas presiones de creciente intensidad y peligro para disgregar España, en combinación de hecho con la amenaza islámica, más un gobierno complaciente con los enemigos de la democracia y la unidad españolas, que con ello corre hacia su propia deslegitimación.

El análisis no debe prescindir de aspectos menos sombríos: la oposición tiene gran fuerza, en principio, aun si no es claro que sepa utilizarla, y cabe en lo remotamente posible que el gobierno cambie a tiempo de rumbo. Por otra parte, aunque la sociedad española está ciertamente aturdida y letárgica, hay indicios de reacción. La democracia no depende en última instancia de los partidos, sino de los ciudadanos, y quizá éstos sepan responder al desafío mejor que los políticos, empujándolos a actuar o descartándolos.

Los militares, colapsan la red interna del Ejército con sus críticas a la retirada del lema de Lérida, «A España servir hasta morir».

Los militares, colapsan la red interna del Ejército con sus críticas a la retirada del lema de Lérida, «A España servir hasta morir».

La VI Promoción de la Academia de Suboficiales se plantea no celebrar sus bodas de plata como protesta.

Aún colea entre los militares la decisión repentina de retirar el lema de la Academia de Suboficiales de Lérida, «A España servir hasta morir». La indignación y el malestar han llegado ya a los órganos internos del Ejército, en cuya intranet se han recibido cientos de cartas protestando y criticando la decisión, tildada incluso como la «orden más miserable y cobarde» que han tenido que cumplir. Tal es la indignación que incluso una de las promociones salida de la institución situada en Tremp está planteando la posibilidad de no celebrar sus bodas de plata en señal de protesta.

Aunque la noticia de la retirada del lema de la academia de suboficiales de Lérida abandonó hace tiempo las primeras páginas de los diarios, la cuestión sigue doliendo entre los militares, hasta tal punto que sus protestas han inundado la intranet del Ejército y los foros especializados en la red. Pocas veces este colectivo protesta, y menos tan unánimemente, por el cumplimiento de una orden. La indignación, la rabia y el malestar han llevado a muchos militares a calificar la retirada del lema «A España servir hasta morir» como una cobardía, una traición o un acto miserable.

La carta que reproducimos más abajo, escrita por uno de los alumnos que tuvo que borrar la inscripción de la montaña de la localidad ilerdense de Tremp, es uno de los ejemplos. En otra, un oficial de Infantería señala que «han dado la orden de quitar las piedras a cambio de sus treinta monedas y los cobardes se han apresurado a cumplirla. No me refiero a los alumnos, a los que no corresponde la decisión de desobedecer una orden, sino a los que teóricamente debían de tener la valentía moral de negarse y no lo han hecho». En este sentido, el oficial critica que «son los mismos que sólo lloriquean cuando les apean de su poltrona pero que no levantan la voz cuando se engaña a las familias de los caídos, los que se aferran a sus privilegios pero que no son capaces de mover un dedo por su Institución y por su gente, son los que disfrutan en las retiradas y brindan por ellas mientras traicionan a sus aliados y a sus muertos, son en definitiva los que hablan de disciplina cuando se debería hablar de valor y de honor».

El malestar se transforma en rabia en muchas de las protestas, tanto verbales expresadas en círculos cerrados, como escritas en la intranet del Ejército. El oficial antes citado muestra su convencimiento de que «se equivocan los que poco a poco dejan que erosionen sus valores, dándole poca importancia a los pequeños detalles, con excusas vacuas y se justifican y racionalizan su ignominia con argumentos sofisticados y explicaciones vanas».

Por último, el oficial califica de «ridículos» a «esos talibanes de chaqueta y corbata o pasamontañas que amparados en su ignorancia, su sectarismo y su profunda estupidez no son mejores que los que destruyeron las imágenes de Buda en la ruta de la Seda».

Pero las quejas no sólo son de palabra. El día de Navidad, la plaza de Zocodover de Toledo apareció espontáneamente adornada con banderas de España en las que se podía leer el lema retirado de la montaña cercana a la institución militar.

En la misma línea de actuaciones de protesta, la sexta promoción de la academia de suboficiales ilerdense, que este año celebra sus veinticinco años de salida de la institución, está barajando la posibilidad de no asistir a la comida con la que se festejan sus bodas de plata para mostrar claramente su disconformidad con la orden de retirada de la frase.