Rajoy recuerda a Zapatero que Franco está muerto y el esfuerzo de "todos" en 1978 de mirar adelante.
PROVOCAR CON LA ESTATUA DE FRANCO.
Ya me extrañaba que el gobierno de la paz y la alianza de las civilizaciones no se dedicara a reabrir heridas del pasado y a recordarnos sin motivo los episodios más abominables de nuestra historia reciente. Es muy coherente, desde luego. Por un lado predicas la reconciliación, y por otro te dedicas a despertar pasiones, a resucitar las dos Españas, a reavivar el enfrentamiento sempiterno entre las derechas y las izquierdas, los rojos y los azules. Todo lo que deberíamos olvidar y desterrar para siempre. No sé, la verdad, si se trata sólo de una torpeza, o es simple provocación. Quizás lo que pretenden es crear una polémica innecesaria sobre algo que estaba más que superado para que olvidemos otras polémicas y otros asuntos mucho más molestos. Y es que si nos enzarzamos ahora en una guerra sobre la estatua de Franco no hablamos de la corrupción en Cataluña ni del hundimiento del Carmelo ni de los desatinos de Moratinos ni de los abrazos en Madrid al enviado especial del dictador Castro. No hablamos de los negros nubarrones en la economía y por supuesto tampoco del cerrojazo a la comisión del once-eme. Muy listos. Han sido listos. La ministra de Fomento se cree muy lista y en verdad lo es, pues ha logrado que no nos fijemos en
lo mal que van las obras públicas y sí en lo eficaz que es derribando estatuas de Franco.
Se ve que más que pasar a la historia como la ministra de la modernización de España, tiene mucho más interés en que se la recuerde como la ministra que derribó la estatua del caudillo. Muy bien. Todo un logro. No teníamos otra cosa más importante que hacer ahora que derribar estatuas y dedicarnos a despertar los demonios del pasado. Era fundamental para nuestras vidas, para el futuro del país, para el porvenir de nuestros hijos, para crear riqueza y fomentar la paz y la alianza de las civilizaciones. Hay que predicar con el ejemplo, y esto de la estatua ecuestre es prueba de ello. No tenía ninguna razón Felipe González cuando decía que era mejor olvidar las estatuas y dedicarse a trabajar. Tampoco ha estado bien, por lo que se ve, esta transición que hicimos y que consistió en aparcar los elementos de división y avanzar en aquellos otros que nos servían de unión, en trabajar por un futuro común, en ir creando símbolos que nos representen a todos sin ofender innecesariamente a los de unos y otros.
Claro que no vamos a defender la estatua de Franco. A la mayoría nos importaba y nos importa bien poco la dichosa estatua. Es verdad que la teníamos asumida como parte del entorno. Cuando ibas a los nuevos ministerios pasaba desapercibida y no te dabas cuenta de su presencia. La historia es la historia y no la vamos a borrar por el hecho de que nos dequemos a tirar o enterrar estatuas. ¿Por qué no derribamos también el arco de la victoria? Por mucho que modifiquemos o retiremos sus leyendas, este arco será siempre lo que fue y para olvidar lo que de verdad representó habría que demolerlo. Igual que habría que demoler el valle de los caídos. Pero a qué nos llevaría eso. ¿Qué lograríamos? Pues crispar y crispar. Sólo crispar. Enfrentar a unos con otros, reabrir heridas, volver a las viejas batallas, resucitar el fantasma de Franco y todo lo que representó. Y de paso, dar excusas a algunos para volver a la calle, alentar y facilitar argumentos a la derecha extrema, dar alas a los que buscan algún motivo para hacer aquí el Frente Nacional.
Hay más. Si derribamos la estatua de Franco deberíamos hacerlo también con las de Julián Besteiro y Largo Caballero, pues como recordó ayer magistralmente Pedro Corral en estas páginas, no se caracterizaron precisamente por la moderación durante la guerra, sino que más bien se dedicaron a alentar las ejecuciones y a favorecer la pena de muerte. Si se hubieran derribado conjuntamente con las de Franco, por lo menos sería creíble el discurso de la re conciliación. Pero así de esta manera, no. Así sólo han logrado traernos de nuevo a la memoria episodios que felizmente logramos superar hace tiempo. Que no queremos volver a recordar. Que no nos hace ninguna falta reabrir. Que no pretendemos reeditar. Y también sería lógico, por lo demás, que los socialistas presionaran en el País Vasco para que fueran eliminados de todas las calles y plazas de Euskadi los símbolos, bustos y estatuas que nos recuerdan a un nazi y un racista como Sabino Arana, predicador del odio y la persecución de lo español, autor de teorías que ya hubiera querido para sí el mismísimo Hitler.
No, creo que lo de tirar la estatua de Franco es fuego de artificio, una operación de propaganda que no nos lleva a ningún sitio, una acción que sólo sirve para dividir y volver al pasado, algo que no era reclamado por nadie y que sólo tiene como razón de ser tapar otras vergüenzas y otros escándalos que no interesa propagar sino ocultar. Está bastante claro.