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Concentración por la familia. La Iglesia en la calle.

Concentración por la familia. La Iglesia en la calle.

 Nunca es tarde si la dicha llega. Al fin, la Iglesia católica, una de las instituciones más profundamente civilizadoras de Occidente y Oriente, ha salido a manifestarse en España a favor de una institución clave de las sociedades desarrolladas: la familia. Al fin, la Iglesia católica ha salido a la calle sola, sin ningún aditamento partidista, a decir que el Gobierno socialista ha robado a la institución de la familia sus derechos. La "legislación civil" sobre la familia en España, sí, la legislación recogida en el Código Civil español sobre la familia, coreada y aplaudida por cientos de medios de comunicación acéfalos, es una salvajada. Punto. Lo sucedido en Colón es muy importante. Miles de personas rezando por la familia ya es un asunto digno de respeto. Es todo un acontecimiento.

Esos miles que allí estaban defendían, más acá de su creencia en Dios, el hecho antropológico básico de la familia. Pero, aunque el valor de la familia es incalculable, las leyes españolas no reconocen esta realidad humana fundamental. Sí, el lenguaje poético, o mejor, el lenguaje de la calle, el lenguaje de la familia que hablan millones y millones de seres humanos, es negado, o peor, no está recogido en el "lenguaje jurídico". A la familia española le han robado sus derechos una legislación puesta en cuestión en el mundo entero. Contra ese robo, miles de españoles se han manifestado. Han rezado para su recuperación. Y, sobre todo, han afirmado que ese valor es inherente a la libertad de la persona. Quieren, en fin, que les sea devuelto lo que unos salvajes les han robado. Quieren que los traten civilizadamente como ellos tratan a todo ser humano, independientemente de su sexo, creencia o ideología.

¿Cuántos había en la reunión de Colón? Muchos, pero más importante que ese dato es constatar que en la parroquia de San Ginés, sita en pleno centro de Madrid, por poner un ejemplo, en la misa de una el templo estaba repleto. Más aún, entre las 10 de la mañana y las 14 horas del domingo 30, las Iglesias del centro de Madrid estaban llenas. Miles de feligreses estaban en misa. Otros miles entraban en los templos a rezar, y otros miles estaban en el acto de celebración por la familia y la vida que había organizado la diócesis de Madrid. Había cristianos por todas partes. Me di un paseo por las Iglesias del centro de Madrid y todas cobijaban a cristianos. Sí, el domingo 30, como cualquier otro domingo del año, las Iglesias de Madrid, y sospecho que otro tanto sucede en el resto de España estaban llenas de fieles.

Natural, dirá algún bienintencionado, ¿o es que acaso no estamos en España? ¿O es que este país se ha hecho de la noche a la mañana ateo o totalitario? Vale, de acuerdo, contestaremos castizamente; pero, es menester, tal y como están las cosas, constatar este hecho decisivo que niega el Gobierno de Zapatero. Millones y millones de españoles son cristianos de creencia o culturalmente. He ahí el grandioso acontecimiento, o dato básico, que el Gobierno socialista quiere matar. El Gobierno ataca a millones de ciudadanos españoles sólo por profesar la fe cristiana. Es en este preciso contexto donde debemos ubicar el acontecimiento de la plaza de Colón. Es ahí donde se pone en evidencia, una vez más, el enfrentamiento entre los defensores de la libertad y los que consideran que el hombre es un esclavo del Estado.

El conflicto entre la Conferencia Episcopal Española y el Gobierno socialista es una lucha entre la libertad y su contrario. La Iglesia, que siempre defendió su soberanía, se ha constituido como una verdadera fortaleza de libertad frente a un Estado despótico y autoritario. La diferencia entre la Conferencia Episcopal española y el Gobierno socialista no es de grado sino de fondo. Los socialistas confían en el Estado el desarrollo del individuo, o sea, el individuo tiene que someterse a sus dictados. Por el contrario, la Iglesia, y en eso coincide con otros muchos ciudadanos que no se acogen a principios sobrenaturales, desconfía y somete a crítica a quienes creen "conocer las leyes que rigen el futuro de los individuos y la humanidad".

En la Plaza de Colón, frente a lo que mantendrá el hombre-masa, el salvaje cerril, entregado a los dictados del Gobierno despótico, sólo había hombres y mujeres libres, con un objetivo común defender los valores de la libertad y la familia.

 

Ya sabemos como fué el 2007, pero, ¿que pasará el 2008?

Ya sabemos como fué el 2007, pero, ¿que pasará el 2008?

 En cuanto a las próximas elecciones, que son la pieza clave de casi todos los cálculos, el paisaje más probable es este: una victoria insuficiente del Partido Popular. No es una hipótesis que hayamos visto en una bola de cristal: es el producto aritmético de combinar los resultados de las últimas elecciones municipales –la pasada primavera- con los sucesivos sondeos de opinión de este año, incluidas las necesarias correcciones de tendencias. Las otras posibilidades son algo menos probables (una minoría mayoritaria del PSOE) o francamente improbables (una mayoría absoluta de Zapatero). 

 

Si Rajoy gana por mayoría insuficiente, ¿qué ocurrirá? El escenario será el mismo que hemos visto en multitud de comunidades autónomas y municipios: una coalición de perdedores –socialistas y separatistas o regionalistas- podría arrebatar el poder al vencedor. Ahora bien, esto, que en el ámbito local ha venido siendo tolerable, sería mucho más difícil de aceptar en el ámbito del Estado, donde cada medida de un Gobierno de esas características vendría afectada por un toque de ilegitimidad.
Lo más natural, institucionalmente hablando, sería que una oposición mayoritaria, pero dividida, aceptara la constitución de un Gobierno en minoría, como lo fueron los de UCD en 1977 y 1979, el del PSOE en 1993 o el del PP en 1996. Pero para eso hay dos obstáculos. El primero es que estamos en una situación institucional tan alterada (reformas autonómicas, remodelación del modelo de Estado, quiebra de consensos básicos, etc.) que no hay certidumbre de que nadie vaya a comportarse con sentido de la responsabilidad. El segundo obstáculo, vinculado al anterior, es que ese Gobierno minoritario tendría que hacer verdaderas contorsiones para conseguir acuerdos parlamentarios, porque éstos sólo podrían venir de las formaciones separatistas, las cuales ya están jugando abiertamente a dinamitar la estabilidad nacional.
¿Una gran coalición?
La única manera de que ese Gobierno en minoría del PP –mantengamos la hipótesis- saliera adelante, sería que el centroderecha pudiera llegar a determinados acuerdos básicos con el Partido Socialista. Tales acuerdos básicos descansarían, en realidad, en dos únicos puntos: cierre del modelo autonómico y política antiterrorista, que son las grandes cuestiones en las que un Gobierno de la nación no debería depender de los intereses de las minorías separatistas. Pero repárese en que se trata de los dos puentes que Zapatero ha volado. ¿Es posible reconstruirlos? Con un PSOE donde Zapatero siguiera de líder, no.
En los últimos meses se ha hablado mucho de una “gran coalición” inspirada en el modelo alemán: en una situación de empate técnico, los dos grandes partidos nacionales suscriben un amplio acuerdo de mínimos. Tanto en el PP como en el PSOE (y, sobre todo, en la Zarzuela) hay quien sueña con un pacto así. La medida no sería insensata, pero hace tiempo que la sensatez se cotiza a la baja en la política española. Además, permanece el obstáculo de Zapatero: el PSOE sectario y radical de ZP no podría pactar nada con un PP al que ha tenido cuatro años sometido a un antidemocrático “cordón sanitario”. ¿Y entonces? Entonces, y siempre dentro de la hipótesis (muy probable) de que el PP gane con mayoría insuficiente, habrá que esperar a una sola cosa: la reacción de la izquierda, y no tanto de la izquierda política (el PSOE) como de la izquierda mediática y financiera.
Todo apunta a que Zapatero, en una situación de minoría, no tendría el menor empacho en proponer un pacto de perdedores con ERC, el PNV, CiU y con quien haga falta, con tal de seguir en el poder. Vendería el pacto como una prolongación de su proyecto de “modernización” (la palabra mágica de la legislatura) y ofrecería como contrapartida la confederalización del modelo de Estado. Con un Tribunal Constitucional obediente y una Justicia purgada, la jugada sería posible. Las consecuencias, sin embargo, serían letales para el Estado, y eso lo saben muy bien la izquierda mediática –especialmente el grupo PRISA- y la izquierda financiera, que ven con pavor una hipótesis de este género.
Para esa otra izquierda, que probablemente es la que más contaría en semejante paisaje, el “escenario” idóneo no es el de una especie de Frente Popular constituido sobre la base de una derrota electoral, sino el de un gobierno de centroderecha minoritario y, por tanto, vulnerable y controlado por la izquierda. En las prospecciones más afinadas –hasta lo improbable- de la “gran coalición”, el resultado final debería ser el de un Ejecutivo compuesto mayoritariamente por ministros del PP pero con un presidente socialista (no han renunciado a Solana). Esto es, seguramente, ir demasiado lejos. Para otros, sería suficiente con un PP neutralizado y un Gobierno encabezado por alguien como Alberto Ruiz Gallardón. ¿Y aceptaría esto último la “base” electoral del PSOE? Si la alternativa es ver a Carod Rovira de ministro de Asuntos Exteriores y a Josu Jon Imaz de ministro del Interior, por supuesto que la base de la izquierda española aceptaría que gobernara el más votado. Pero añadamos una cuestión nada menor: por el camino, Zapatero tendría que marcharse a su casa. La elegida para sucederle es, según dicen en los mentideros, Teresa Fernández de la Vega.
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¿Elucubraciones? Por supuesto. Pero no son irreales. Al revés, se trata de tendencias concretas, y los movimientos que se están sucediendo en los márgenes derecho e izquierdo de la política española no han perdido de vista ese horizonte. Para corregir o verificar estas tendencias, habrá que estar atentos, ante todo, a tres cuestiones: una, la estrategia de ETA, porque los terroristas serán los primeros perjudicados si Zapatero deja el poder (así son las cosas); la segunda, la evolución de la economía, que parece ir cabeza abajo varios meses antes de lo que el Gobierno había previsto (véanse las últimas cifras en el sector de la Construcción); la tercera, los movimientos en la cúpula institucional del Estado, y en particular en el Tribunal Constitucional, donde se están librando batallas cuya resolución puede ser irreversible. Los tres elementos pueden modificar los cálculos de los gabinetes de prospectiva.
Guarde usted este artículo hasta finales de marzo. Después, hablamos.

El conejo, la propina y el canon.

El conejo, la propina y el canon.

Hay dos maneras de entender la política económica del Gobierno: una, para expertos, consiste en escuchar atentamente los discursos que pronuncia el vicepresidente Pedro Solbes. La segunda, asequible para el común de los ciudadanos, recurrir a los ejemplos más fáciles y explícitos sobre cómo lo que Solbes explica afecta a cualquiera de nosotros. Macroeconomía contra microeconomía, que dicen los expertos. Las grandes cifras frente a lo que nos sucede al llegar a la caja de los supermercados, que diría cualquiera. Y entre estos casos hemos tenido tres en los últimos días que ilustran muy bien lo que está ocurriendo en España en estas vísperas de Navidad.

Primero, fue lo del conejo. La ocurrencia del secretario de Estado de Agricultura de recomendar que se consuma esta carne en Navidad para combatir el alza de los precios de pavos, corderos, solomillos y, en general, lo que consumimos como plato fuerte en estas fechas. Ha habido mucha chirigota nacional con el conejo, no exenta de indignación. Porque es cierto que la mayoría de los ciudadanos salimos estos días a la calle con el cinturón bien prieto, pero también que donde no pensamos ahorrar jamás de los jamases es en lo que estamos atesorando para comer en Nochebuena, Navidad, fin de año, comida de empresa, almuerzo con los parientes y cualquier ocasión que se precie.

Luego vino lo del euro, eso que Solbes dice que hemos sacado fuera de contexto aunque lo tengamos grabado y visto una y otra vez por televisión. Que el vicepresidente económico, por lo general tan espeso en sus expresiones, nos culpe de dejar un euro de propina cuando pagamos dos euros por dos cafés ha sido algo que ha entendido todo el mundo y le ha dejado a él en bastante mal lugar. Dice Solbes en el vídeo que tanto sacamos por lo visto de contexto que él ha presenciado cómo se deja semejante propina, lo cual ha hecho pensar a mucha gente que el vicepresidente solo desayuna en la cafetería del Hotel Ritz.

Por último, hasta ahora, tenemos lo del canon, que como se sabe es eso de pagar un extra por comprar ordenadores, mp3s, cintas de DVD o teléfonos móviles para que ese dinero que recauda el Estado vaya a parar a la Sociedad General de Autores, sin que exista control sobre en qué se lo gasta la citada Sociedad. Todo bajo el supuesto de que hay que multar de antemano a quien vaya a utilizar esos aparatos en bajarse ilegalmente música y películas. O sea, como multar de antemano a los automovilistas cada vez que salen de su caso por si acaso van a aparcar mal o girar indebidamente a lo largo de la jornada. Eso sí, los cantantes beneficiados son los amigos del Gobierno. Como botón de muestra de su política económica, es aún más fuerte este caso que los del conejo o la propina de un euro.

Por 410 euros se acabó el

Por 410 euros se acabó el

Arancha abortó en enero de 2007, cuando estaba de nueve semanas, después de unas navidades atormentada por las dudas. Pero su novio y ella no tenían casa, aún estaba estudiando y, al final, se puso "una venda en los ojos". Desde entonces sus noches son una tortura.


1.- La prueba de embarazo. Fui incapaz de hacerme la prueba de embarazo yo sola, y mucho menos capaz de hacérmela con mi novio. Casi era ya Navidad y llamé por teléfono a mi amiga Arancha (nos llamamos igual) para saber si podíamos quedar. Fui a buscarla al centro comercial en el que trabaja, compré una prueba y nos fuimos a su casa. A la salida nos dieron un globo enorme y precioso de color lila con un corazón dibujado que ponía "vive el momento".

Después de hacerme la prueba, salí del baño y me puse a llorar. Había dado positivo. Mi amiga trató de hacerme "poner los pies en la tierra" y me recordó que Javi y yo no teníamos ni tenemos casa, que en ese momento yo estaba estudiando y que un bebé es mucho gasto. Yo estaba convencida de que quería a mi pequeño bebé a pesar de mis miedos.

Javi vino a recogerme para llevarme a mi casa con una caja enorme de bombones Ferrero Rocher; supongo que quería animarme, pero la verdad es que no lo consiguió.

2.- Orgullosa del bebé. Esa noche miré mil veces la prueba de embarazo que tenía en mi bolso y me dirigí a mi bebé por primera vez. Puse la mano sobre mi vientre, le dije: "Yo quiero que te quedes conmigo, pero vas a tener que echarme una mano y ayudarme a encontrar un trabajo". Fui a muchas entrevistas, pero al estar de lleno en las navidades todos los sitios en los que entregaba currículos me instaban a esperar a que pasaran las fiestas.

El 24 de diciembre, al ver a mi novio vestido y arreglado para la cena de Navidad, supe por qué estaba embarazada y me sentí muy orgullosa de lo que crecía dentro de mí.

En Nochevieja no probé la cena. Mi estado de nervios me hacía cambiar de opinión: hoy decido tenerlo, mañana me doy cuenta de que es una locura, pero pasado sé que quiero verlo crecer.

Me di otra oportunidad. Fui a una entrevista de trabajo el día 9 de enero, pero al final… nada. Los días se me echaban encima, el agobio me quitaba el sueño y me di cuenta de que no tenía más opción que abortar a mi pequeña alegría.

3.- Mensaje de auxilio. Me citaron el día 16 de enero en CB Medical. Primero me realizaron la ecografía, la pantalla del ecógrafo estaba girada y nunca llegué a ver a mi bebé. La sentencia fue "embarazo de nueve semanas" .

Al ponerme en pie sentí algo entre un mareo y náuseas, tuve que quitarme la chaqueta y recostarme en una silla. Todo esto sólo sirvió para hacerme tomar súbita conciencia de dónde estaba y qué iba a hacer, y asumir que no era un juego ni algo reversible. Lo tomé como un mensaje de auxilio de mi pequeño bichito, como si intentase decirme ‘lucho por vivir’. Pero yo, con el corazón endurecido y una venda en los ojos que nadie me había puesto, ignoré sus gritos.

Me pasaron a la consulta del psicólogo y tuve que recubrirme a mí misma de una entereza que no creí tener. Me dije a mí misma: "Arancha, no llores, porque si empiezas no paras y no puedes permitirte venirte abajo ahora, no aquí no, no así no".


4.- Se acabó. Tras firmar unos formularios, me administraron una pastilla para dilatar el cuello del útero y la tragué con un poco de agua, después me dieron otra que me coloqué bajo la lengua, y me dijeron que la dejase disolverse.

Pasé a la consulta de la asistente social, donde firmé el último papel y aboné los 410 euros que supondrían el fin de mis problemas.

Pasé a la habitación privada, donde me entregaron una bata azul, una cofia y unos cobertores verdes para los pies. Vino a buscarme un celador, que me guió hasta el quirófano, me tendieron en el borde de una camilla y coloqué las piernas en un soporte. Me ataron brazos y piernas con unos velcros, y el anestesista empezó a darme conversación. Me pinchó dos veces, supongo que una lo haría mal, y me dijo "puedes notar un mareo". De repente vi todo oscuro, se me empezaron a cerrar los ojos y sólo pensé una cosa: "Perdóname, te quiero".

Al despertarme en la sala de recuperación y oír la aspiradora que emplean me sentí fatal: supongo que estaban aspirando a otra chica en ese momento.

En cuestión de 15 minutos me encontraba vistiéndome y con el alta en la mano. Salí de aquel lugar, convencida de que todo estaba bien, sin saber que la parte más dura empezaba tras poner el pie en la calle.


5.- Mis noches son torturas. Ahora mis noches son torturas en las que no puedo dejar de preguntarme si mi bebé habrá sufrido. Sé que mi bebé me pidió auxilio, sé que me elevó un grito silencioso y sé que me negué a escucharle. Sé que no quiero olvidar y sé que aún no es mi momento para expulsar tanta culpa de mi interior.

Por alguna razón creo que mi hijo era varón. No tengo forma de demostrarlo, pero para mí es mi ángel.

Sé que al abortar he negado a mi hijo la posibilidad de reír, de ser feliz, de sentir dolor en sus rodillas tras un resbalón, de enamorarse, de sentir cosas buenas y malas. Sé que le he negado muchas cosas, pero también me he negado a mí el ser feliz, el poner la mano sobre mi vientre y decir: buenas noches, hijo mío.

¿Sabrá el PSOE dirigir la economía en tiempos de crisis?

¿Sabrá el PSOE dirigir la economía en tiempos de crisis?

Ridículo en el Foro económico del partido. Solbes dice que la inflación se debe a que no hemos sabido “interiorizar” el euro. ZP arreglará la subida de precios con un Observatorio de la inflación y una página WEB. También ofrece 1,5 millones de viviendas de protección oficial... ¡en 10 años! Eso sí, el vicepresidente asegura que, en cuanto se celebren elecciones, el IPC volverá al 3%. La política que plantea es un más de lo mismo: sigue girando alrededor del superávit público y de las tres píldoras amargas: salarios bajos, impuestos altos y vivienda cara

En líneas generales, la política económica del Gobierno Zapatero merece un notable alto. Al menos, según el modelo de análisis vigente hoy en día, según el cual puede distinguirse entre el estado de la economía y el estado de las economías familiares. Dicho de otra forma, la economía española durante la legislatura socialista ha marchado mucho mejor que las economías de los españoles.

La misma diferencia puede establecerse entre las economías particulares y las economías empresariales o entre el ahorro familiar y la evolución de los mercados financieros. Así, mientras los salarios han crecido en España durante la era zapatista al 3% anual, los beneficios empresariales lo han hecho al 20% y la bolsa al 30%.

Ahora bien, si prescindimos de esas nimiedades, la economía española ha marchado bien. La política del vicepresidente Pedro Solbes ha supuesto una continuidad respecto a la de Rodrigo Rato, el mismo estilo, incluso acentuado: la prioridad absoluta es el superávit público, que, en efecto, ha ayudado a los fuertes crecimiento del PIB y creación de empleo, aunque éste haya sido un empleo temporal y, sobre todo, con salarios bajos. De hecho, económicamente la inmigración ha sido muy beuna para España salvo en ese punto: en un país de retribuciones bajas, aún ha reducido más el peso del factor trabajo.

En definitiva, las tres patas en los que se sustenta la economía española sigue siendo: salarios bajos, impuestos altos (ya estamos en la presión fiscal media europea, y somos el país de la Europa de los 15 donde más se ha incrementado esa presión fiscal- y vivienda cara. El gran problema de la juventud española sigue siendo independizarse y formar una familia, ante la imposibilidad de comprar una casa.

El sábado fue la jornada económica socialista, marcada por una inflación que se había encaramado hasta el 4,1%, y había obligado al Gobierno a actualizar pensiones.  El Foro económico del PSOE, la gran cita preelectoral... y la cosa terminó en caricatura. Zapatero, tras criticar el catastrofismo de la derecha, ofreció grandes ideas para combatir la inflación: por ejemplo, la creación de un Observatorio sobre el IPC, con página virtual anexa, donde se informe a los consumidores de la evolución de los precios. Algo que, sin duda, ayuda mucho y que puede servir para que la Academia le otorgue el Nobel de Economía.

El vicepresidente Solbes no le anduvo muy a la zaga en brillantez. Por de pronto, pasando de economista a psicólogo, explicó que no hemos sabido “interiorizar” el euro, y se explayó sobre aquellos malvados ciudadanos que consumen dos cafés y dejan un euro de propina, sino darse cuenta, explicó, que “un euro son 160 pesetas”. Figúrense lo que nos queda por interiorizar hasta las 166,3.

Al tiempo, advirtió que no es para tanto, y que después e las elecciones de marzo, precisamente entonces, los precios volverán a la senda del 3% y se comportarán decentemente.

Lo de menos es que la imagen del PSOE fuera penosa y de que en el seno del partido se dedique más tiempo a pelear por el control sobre la política económica que a diseñar una estrategia ante la crisis. Solbes no aceptará más intromisiones de taguas, sebastianes, calderas y chacones. Y si no –ZP lo sabe-... se no se marchará, claro, pero se enfadará mucho.

Al mismo tiempo, ZP, un personaje sin muchos conocimientos económicos pero con un gran olfato político, prometió en el mismo foro 1,5 millones (0,6 millones en alquiler) de protección oficial... sólo que para los próximos diez años, es decir, para dos legislaturas y media. En un país donde se han llegado a construir más de 700.000 viviendas –no hace mucho: el pasado año la promesa tampoco es para tirar cohetes.

En definitiva, la política económica del PSOE –siempre con las antedichas precisiones- durante la legislatura merece un notable alto. Ahora bien, lo del Foro del Sábado dio que pensar a muchos. A lo mejor es que Solbes no está hecho para ser ministro en tiempos de crisis. Porque la crisis, queramos o no, está llamando a la puerta. Por de pronto, ya se ha apoderado de las mentes y de los hogares: ahora ya sólo le queda llegar a los mercados y a las estadísticas.

No estais solos.

No estais solos.

Me dirijo a los familiares de Raúl y de Fernando para gritarles con toda mi alma que no están solos. Que nosotros, los que hemos visto morir y sufrir a los nuestros y quienes nos apoyan, vamos a luchar sin descanso para que el sacrificio de vuestros seres queridos no haya sido en vano.
Sé que hoy mis palabras no consolarán a unos padres sin consuelo, pero yo necesito decirles que mientras a mí me quede aliento voy a denunciar los crímenes de ETA y a exigir a quien nos gobierne que no le tiemble la mano, ni la voz, a la hora de enfrentarse a la organización terrorista que tanto dolor nos causa, ya sea dialogando o sin dialogar.
Basta de tanto compromiso, hoy, con un muerto y un herido grave y ayer, sin ellos, deberíamos oír que la resolución que permite negociar con ETA queda revocada y los partidos del entorno etarra ilegalizados.
Lo que las víctimas y miles de españoles pedimos el sábado en Madrid, siendo tachados de insensatos y absurdos, volvemos a pedirlo ahora, pero en este momento, con dos familias destrozadas y una sociedad despierta, nadie jugará a humillarnos; es más, tomarán de nuestra pancarta las palabras para sus discursos de condena; por la libertad y la derrota de ETA y nos dirán que los asesinos irán a la cárcel. Y escuchándoles recordaré mi llanto mientras veía a De Juana Chaos saliendo de ella.
Espero que no tengamos que volver a ver la triste y vergonzosa película que Rodríguez Zapatero y su gobierno nos han obligado a presenciar durante estos años y que la paz y el diálogo dejen definitivamente de ser la venda con la que cubrir los ojos de una España que prefería no ver la sangre manchando las aceras de su próspero país.
Unidos sí, pero contra ETA y contra quienes siguen pensando que algo tendremos que darles. ¿Qué más quieren? ¿No le hemos dado ya lo mejor que teníamos? ¿O es que Raúl, Fernando y los miles de muertos y heridos no lo eran?
TERESA JIMÉNEZ-BECERRIL

Balanzas fiscales y nacionalismo carca.

Balanzas fiscales y nacionalismo carca.

  Si permitimos que se llame solidaridad a lo que es una obligación legal, se podrá llegar a exigir, como pasa ahora, por parte de las comunidades más ricas, que esa solidaridad sea ésta o la otra. 

Con los dineros del Estado, los nacionalistas cometen cuatro falacias. La primera es la más conocida, la de afirmar eso de que "España nos roba". La eterna cantinela catalanista. Esta matraca la hemos tenido que soportar durante años. Se suponía que Cataluña sólo aportaba al Estado y éste le devolvía una miseria. Mientras tanto, Madrid y el resto de España vivían a costa de los catalanes. Aunque parezca grosero, así se transmite y así se ha instalado en el inconsciente colectivo de millones de personas en Cataluña.

Tragado el sapo, ahora se disponen a explotarlo metabolizado en el dret a decidir (o sea, "derecho a decidir"). Este lema, inventado por los vascos para reivindicar la autodeterminación, ha sido adaptado por los catalanistas más independentistas con la chulería de quienes no necesitan dar razones ni cuentas a la ley. Pero con una sutil diferencia; mientras los vascos van de frente y exigen todo por el mero hecho de ser vascos, los nacionalistas catalanes lo empiezan a utilizar como señuelo para camelar el descontento social por las infraestructuras y montar manifestaciones con el "derecho a decidir". Ese será el lema de la del sábado en Barcelona. Y allí estarán todos los nacionalistas, más todos los que se crean que asistiendo a la manifestación estarán pidiendo decidir sobre las infraestructuras.

Es un error doble: el de confundir cualquier descontento provocado por una mala gestión con la forma del Estado (¿habremos de pedir la devolución de la seguridad al Estado porque la Generalitat la esté gestionando mal?) y el caer en la misma trampa de la transición. Y es que entonces, aprovechándose del rechazo generalizado al franquismo, el catalanismo abanderó las reivindicaciones nacionales como si fueran la antítesis democrática al régimen y, en una década, convirtieron las organizaciones políticas y sindicales en lacayos de una de las ideas más rancias del siglo XIX: el nacionalismo. En Cataluña no conocemos otro gobierno desde entonces.

Pues bien, con la publicación de las balanzas fiscales realizado por el BBVA, la falacia se desvanece: Madrid paga el doble que Cataluña; o sea, cada madrileño aporta 3.247 € a la caja común del Estado, frente a los 1.489 € que paga cada catalán, datos que corresponden al quinquenio económico 2001-2005.

La segunda falacia es el empeño de los nacionalistas en dar carácter de sujeto jurídico a lo que sólo es una realidad de geografía física (las regiones) o política (las comunidades autónomas) en cuestiones fiscales. Quienes pagan los impuestos son las personas físicas, y todas pagan exactamente lo mismo en cualquier lugar de España, dependiendo de su renta personal. Así, un catalán que gane 50.000 euros al año pagará exactamente igual que un madrileño, un gallego o un murciano que gane esa misma cantidad. No es, por tanto, su comunidad quien paga sus impuestos, sino cada uno de ellos, y por eso pagarán más las comunidades que tengan un mayor número de ciudadanos con rentas elevadas y afincadas muchas y grandes empresas. Es el caso de Madrid, Cataluña, Baleares y la Comunidad Valenciana, que son contribuyentes netas a la solidaridad interterritorial.

Hay en esta confusión un enorme error: España es una nación de ciudadanos concretos, libres, con iguales derechos y deberes; no un conjunto de comunidades cuyo imaginario sujeto jurídico suplanta esos derechos individuales.

La tercera falacia es que para definir la contribución de las comunidades al Estado para que éste distribuya dicha renta en función de las necesidades de cada una de ellas se ha impuesto el concepto de solidaridad. De ahí nacen todos los agravios. No es solidaridad, es justicia distributiva. No se trata de que unos se apiaden de otros, sino de que el Estado por el poder que le confieren las leyes distribuya esa riqueza recaudada de forma equitativa entre todos los españoles. De la misma manera que una empresa o un ciudadano individual no puede disponer ser solidario con el dinero que ha de aportar a Hacienda porque es una obligación legal hacerlo, no lo son las comunidades que, además, no aportan nada.

Si permitimos que se llame solidaridad a lo que es una obligación legal, se podrá llegar a exigir, como pasa ahora, por parte de las comunidades más ricas, que esa solidaridad sea ésta o la otra. Si hablamos de justicia distributiva, serán los responsables políticos de cada momento y las reglas legales que nos hemos otorgado entre todos los que decidan donde y en qué cantidad deben ir los dineros de todos.

Pero la cuarta falacia es la peor. Si la propaganda nacionalista hubiera tenido razón, es decir, si las balanzas fiscales concluyeran que era Cataluña la que más pagaba, no cambiaría nada. Porque de la misma manera que un rico paga más que un pobre y eso no le da derecho a exigir al Estado que sus calles estén mejor asfaltadas, las regiones económicas que más producen han de pagar, pero no por eso pueden exigir gestionar el montante total de lo que pagan. Porque si así fuera, todos los ricos querrían gestionar sus impuestos, es decir, ninguno pagaría nada, porque la gestión de lo que pagasen repercutiría de nuevo sólo en ellos. ¿Quién pagaría entonces la seguridad social de todos, el colegio público, los transportes, las carreteras, las fuerzas armadas etc.? Simplemente no habría Estado.

Si se fijan, ni las políticas más conservadoras de la derecha más rancia se atreverían hoy a defender ese egoísmo fiscal. Y sin embargo, hoy, en España, el Partido Socialista de Cataluña, ERC, CiU e ICV, defienden esa política fiscal: quieren gestionar "sus" impuestos. Quieren tener "derecho a decidir" sobre todas las rentas que son de todos los ciudadanos españoles. Lo que nadie se atrevería a exigir como persona individual, lo exigen como nación. Nunca un argumento había definido tan nítidamente lo que es un comportamiento ideológico carca.

A propósito, un día u otro habrán de desaparecer esas antiguallas medievales llamados Fueros. Con perdón.

Por un futuro en libertad. Juntos, derrotemos a ETA.

Por un futuro en libertad. Juntos, derrotemos a ETA.

Varios miles de personas han recorrido las calles de Madrid para participar en la manifestación para protestar contra la política antiterrorista del Gobierno. Muchos de los concentrados han portado banderas de España y pancartas en contra del Gobierno y de la negociación con la banda terrorista ETA.
El lema de la manifestación ha sido "Por un futuro en libertad. Juntos, derrotemos a ETA" y portando la pancarta estuvieron el presidente de la AVT, Francisco José Alcaraz y el ex funcionario de prisiones secuestrado por ETA, José Antonio Ortega Lara. La Comunidad de Madrid ha cifrado en 550.000 el número de asistentes a la marcha.En la protesta se ha exigido la ilegalización de ANV y del PCTV, la disolución de los ayuntamientos gobernados por la primera de estas formaciones y que se revoque el acuerdo del Congreso que autorizaba al Ejecutivo a dialogar con ETA si ésta mostraba voluntad de abandonar la violencia.A la manifestación ha acudido una nutrida representación del Partido Popular como su secretario general, Ángel Acebes, la presidenta del PP en el País Vasco, María San Gil o el portavoz del PP en el Congreso, Eduardo Zaplana, además de la líder de Unión Progreso y Democracia, Rosa Díez.Antes de finalizar la protesta, el presidente de la Asociación Víctimas del Terrorismo (AVT), Francisco José Alcaraz, ha dicho que el Gobierno "tiene la responsabilidad, política y moral, de echar de las instituciones vascas, de manera inmediata, a los proetarras" y ha exigido que ilegalice y disuelva ANV y el EHAK-PCTV. En un discurso pronunciado en la plaza de Colón al término de la manifestación, Alcaraz ha señalado que, gracias al "siniestro y vergonzante proceso de rendición" del Gobierno ante ETA, "nos encontramos con que el brazo político de ETA se hace fuerte en las instituciones vascas".El presidente de la AVT ha añadido: "ni el Gobierno que tenemos, ni Gobiernos futuros, pueden vender la dignidad de todos los españoles cediendo ante el chantaje de una banda asesina".También ha afirmado que las víctimas siempre han creído en la Justicia y que el cumplimiento íntegro de las penas por delitos de terrorismo "no puede ser moneda de cambio" y dirigiéndose al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ha dicho: "ceder en estas cuestiones sería traicionar a las víctimas".Acusaciones antes de la marchaMomentos previos a la protesta, el presidente del PP, Mariano Rajoy, ha animado a la ciudadanía a secundar la manifestación convocada por la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), a cuyos miembros ha transmitido todo su "apoyo, afecto y cariño".El presidente del PP, que se encuentra en un acto público celebrado en el Teatro Auditorio de Roquetas de Mar (Almería), ha dedicado sus primeras palabras a recordar a la AVT ya que, a pesar de su ausencia en la marcha, su partido está "como siempre" con las víctimas del terrorismo.Ésta será la undécima manifestación durante esta legislatura que protagonice la Asociación de Víctimas del Terrorismo en protesta contra la política antiterrorista del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero y la octava que se celebra en Madrid.La convocatoria de la marcha también ha provocado la reacción del secretario de Organización del PSOE, José Blanco, quien arremetió contra Rajoy por "tirar la piedra y esconder la mano" al animar a los ciudadanos a ir a la manifestación, pero no acudir a ella. En un mitin celebrado en Lorca (Murcia), Blanco se preguntó dónde está la razón para justificar esta marcha.El líder del PSOE afirmó que la AVT tiene la consideración de su partido, y que las víctimas tienen su reconocimiento y apoyo, pero reiteró que esta convocatoria "es un despropósito" y que es "absurda e insensata".Instó además al líder del PP, Mariano Rajoy, a que desautorice la convocatoria si cree que no tiene sentido, o que de lo contrario acuda a la manifestación, pero que, si no hace ni una cosa ni la otra, lo que conseguirá es quedar mal con todos "en un ejercicio de irresponsabilidad e hipocresía".Por su parte, el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, ha acusado al PP de haber escrito la historia de esta legislatura "en negro" con temas como el terrorismo que, en su opinión, "nunca tuvieron que haber sacado".En un mitin ante unos 500 militantes en Orihuela (Alicante), el ministro subrayó la "gran paradoja y contradicción" de que "en la legislatura en la que ETA ha matado menos, es aquella en la que se han manifestado contra la política del Gobierno, entre otros, el primer partido de la oposición".