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Política

LA TRANSICIÓN.Amnistía de todos y para todos.

LA TRANSICIÓN.Amnistía de todos y para todos.
Cuando murió Franco, la Guerra Civil era algo relativamente cercano. Habían pasado 35 años desde el final de la contienda, exactamente los mismos que han pasado desde que arrancó la Transición. Aproximadamente una generación, o dos, si tomamos el cómputo orteguiano.
En el 75 estaban vivos y gozaban de excelente salud muchos de los protagonistas de la guerra. Los grandes políticos y militares, los Azaña, los Franco, los Yagüe, los Largo Caballero, habían muerto, sí, pero otros estaban en activo y con la memoria de lo que había ocurrido en perfecto estado de revista.

La voluntad era de reconciliación. Los jóvenes que habían prosperado con el régimen de Franco, gente como Suárez y sus penenes, no recordaban la guerra, pero querían equiparar España con países como Francia o Alemania, a los que les iba estupendamente. Para eso era necesario hacer hueco a los políticos izquierdistas de los dos exilios: el del interior y el del exterior. Los más mayores, los que sí que se acordaban de la guerra: Fraga, Areilza, Fernández de la Mora, López Rodó y compañía, querían seguir mandando, y sólo podrían hacerlo acometiendo la reforma fundamental que consistía en dar cabida a algunos de los enemigos acérrimos del franquismo.

Éstos manejaban un planteamiento semejante. Abandonada la fantasiosa idea de la ruptura y la proclamación –en la Puerta del Sol– de la III República, los más listos: González, Carrillo, Marcelino Camacho y por ahí seguido, supieron avenirse a razones. Tenían que reconocer al Rey, aprender a llevarse con los antiguos ministros de Franco y colocarse lo mejor posible para el trinque mediante el sistema de partidos a la alemana, el sindicalismo subvencionado y la descentralización autonómica, que Suárez y González pactaron para que todos tuviesen su cuota de poltrona... y de presupuesto.

Más que una transición fue, como acertadamente ha dicho Eslava Galán, una transacción. Yo cedo un poco, te entrego una butaca de platea en el Olimpo y tú te olvidas de la Semana Trágica, de la comuna de Asturias y de la huelga general revolucionaria. Todo salió a pedir de boca. Los dos bandos cumplieron. Cinco años después de morir Franco, a la Reserva Espiritual de Occidente no la conocía ni la madre que la parió, y todos estaban tan contentos... a excepción del contribuyente, que empezó a pagar impuestos como no lo había hecho desde tiempos del emperador Diocleciano.
Pero, entre tanta concordia y tanto abrazo, había un escollo. Los crímenes que ambos bandos habían perpetrado durante la Guerra y la represión franquista al concluir ésta seguían ahí, y varios matarifes y torturadores paseando tranquilamente por las calles, dando charlas y hasta escribiendo libros.

Había dos formas de afrontar tal problema. Una de ellas consistía en abrir un macroproceso por el que desfilase todo el que se hubiese manchado las manos de sangre en la guerra o después. Atractivo, por aquello de la venganza justiciera, pero poco práctico. Arias Navarro, que había sido presidente del Gobierno hasta el verano del 76, habría sido imputado por su, digamos, excesivo celo durante la inmediata posguerra en Málaga. En el otro lado, a Santiago Carrillo, a la sazón líder carismático del eurocomunismo, le hubiese caído una formidable condena por su responsabilidad directa en la matanza de Paracuellos. Como éstos habrían salido mil casos, acompañados de mucho llanto, orquesta fúnebre y espíritu de desquite. Y eso era precisamente lo que se quería evitar.

La otra opción era decretar una amnistía total. Los más interesados en ella eran los comunistas, que se sabían débiles y que, travestidos de Hermanitas de la Caridad, proclamaban su fe ciega en la reconciliación, el olvido y el perdón. Los que estaban en el machito no eran partidarios de una amnistía tan generosa: por un lado, sospechaban que, de un rebaño tan grande, iba a salir alguna oveja negra; por otro, no consideraban que la cosa fuese con ellos; y si a alguno le pesaba la conciencia, sabía que el Ejército estaba ahí para algo.

Al final, después de negociarlo duramente y de que tuvieran lugar las elecciones de junio del 77, entró en vigor la llamada "Ley 46/77, de 15 de octubre, de amnistía", en virtud de la cual quedaban amnistiados todos los actos de intencionalidad política, cualquiera que fuese su resultado, cometidos antes del 15 de diciembre de 1976. La ley había sido un empeño muy personal de Santiago Carrillo, que llegó a afirmar en el Congreso de los Diputados que era necesario "superar definitivamente la división de los ciudadanos españoles en vencedores y vencidos de la Guerra Civil".
Marcelino Camacho fue más lejos, se puso sentimental e hilvanó un discurso, en el mismo sitio, en el que afirmó que la amnistía era lo único que podía "cerrar ese pasado de guerras civiles y cruzadas". Y añadió: "Los comunistas, que tantas heridas tenemos, que tanto hemos sufrido, hemos enterrado nuestros muertos y nuestros rencores. Pedimos amnistía para todos, sin exclusión del lugar en que hubiera estado nadie".

No eran los únicos. Los socialistas del entonces juvenil y contestatario Felipe González apoyaron sin reservas la ley en el Parlamento y allá donde tuvieron ocasión de hacerlo. Los nacionalistas vascos y catalanes, los únicos que había en aquellos tiempos preautonómicos, la acogieron con alborozo porque suponía el "olvido y superación de todo agravio pretérito". En Cataluña se acuñó incluso el eslogan "Llibertat, Amnistia, Estatut d'Autonomia", que los manifestantes callejeros repetían sin cesar, poseídos como monjes tibetanos tocando el gong: tuvo tanto éxito, que cualquier español, incluso los que no vivimos aquello, conocemos bien el soniquete sincopado de ese mantra.

La Ley de Amnistía, que Fraga apoyó a regañadientes y contra el parecer de su partido, fue un triunfo para la izquierda; tan fue así, que, unos días antes de su aprobación, Carrillo aseguraba a sus acólitos en un mitin que la intención de los comunistas era "hacer cruz y raya sobre la Guerra Civil de una vez para siempre". El secretario general del PCE ganaba mucho en ello. A partir de ese momento el fantasma de Paracuellos se esfumaba para siempre, y con él las almas en pena de los militantes comunistas purgados durante el exilio con el beneplácito de aquél y de la Pasionaria, que volvió a España sin más preocupación que la de escuchar el megahit del momento, una canción-homenaje que le había hecho Ana Belén.

La 46/77 se aprobó por mayoría aplastante, de consenso, casi búlgara: 296 votos a favor, 2 en contra, 18 abstenciones y 1 nulo. Acto seguido, los padres de la patria se levantaron e irrumpieron en una larga y sentida ovación. Al día siguiente, la norma apareció en el BOE y abandonaron las cárceles los presos políticos que aún quedaban en ellas, así como mucha morralla común que no tardaría en volver al mismo sitio.

Han pasado 33 años. Hasta ayer, cuando alguien se acordaba de aquello era para ensalzar el sentido de Estado que la izquierda tuvo en esa hora decisiva. Las cosas han cambiado. Las cuentas, al parecer, siguen pendientes.

El libro negro del comunismo y por lo tanto del Socialismo.

El libro negro del comunismo y por lo tanto del Socialismo.
Se ha podido escribir que "la historia es la ciencia de la desgracia de los hombres", y nuestro siglo de violencia [el s. XX] parece confirmar la veracidad de esta frase de una manera contundente.
Es cierto que en los siglos anteriores pocos pueblos y pocos estados se han visto libres de algún tipo de violencia en masa. Las principales potencias europeas se vieron implicadas en la trata de esclavos negros; la República francesa practicó una colonización que, a pesar de ciertos logros, se vio señalada por numerosos episodios repugnantes que se repitieron hasta su final. Los Estados Unidos siguen inmersos en una cierta cultura de la violencia que hunde sus raíces en dos crímenes enormes: la esclavitud de los negros y el exterminio de los indios.

Pero todo eso no contradice el hecho de que nuestro siglo parece haber superado al respecto a los siglos anteriores. Un vistazo retrospectivo impone una conclusión sobrecogedora: fue el siglo de las grandes catástrofes humanas –dos guerras mundiales, el nazismo, sin hablar de tragedias más localizadas en Armenia, Biafra, Ruanda y otros lugares–.El imperio otomano se entregó ciertamente al genocidio de los armenios, y Alemania al de los judíos y los gitanos. La Italia de Mussolini asesinó a los etíopes. Los checos han tenido que admitir a regañadientes que su comportamiento en relación con los alemanes de los Sudetes durante 1945-1946 no estuvo por encima de toda sospecha. E incluso la pequeña Suiza se encuentra hoy en día atrapada por su pasado de gestora del oro robado por los nazis a los judíos exterminados, incluso aunque el grado de atrocidad de este comportamiento no tenga ningún punto de comparación con el del genocidio.

El comunismo se inserta en esta parte del tiempo histórico desbordante de tragedias. Constituye incluso uno de sus momentos más intensos y significativos. El comunismo, fenómeno trascendental de este breve siglo XX que comienza en 1914 y concluye en Moscú en 1991, se encuentra en el centro mismo del panorama. Se trata de un comunismo que existió antes que el fascismo y que el nazismo, y que los sobrevivió y alcanzó los cuatro grandes continentes.

¿Qué es lo que designamos exactamente bajo la denominación de comunismo? Es necesario introducir aquí inmediatamente una distinción entre la doctrina y la práctica. Como filosofía política, el comunismo existe desde hace siglos, incluso milenios. ¿Acaso no fue Platón quien, en La República,estableció la idea de una ciudad ideal donde los hombres no serían corrompidos por el dinero ni el poder, donde mandarían la sabiduría, la razón y la justicia? Un pensador y hombre de estado tan eminente como sir Tomás Moro, canciller de Inglaterra en 1530, autor de la famosa Utopía y muerto bajo el hacha del verdugo de Enrique VIII, ¿acaso no fue otro precursor de esa tesis de la ciudad ideal? La trayectoria utópica da la impresión de ser perfectamente legítima como crítica útil de la sociedad. Participa del debate de ideas, oxígeno de nuestras democracias. Sin embargo, el comunismo del que hablamos aquí no se sitúa en el cielo de las ideas. Se trata de un comunismo muy real que ha existido en una época determinada, en países concretos, encarnado por dirigentes célebres –Lenin, Stalin, Mao, Ho Chi Minh, Castro, etc. (...)–.

Sea cual sea el grado de implicación de la doctrina comunista anterior a 1917 en la práctica del comunismo real (...), fue éste el que puso en funcionamiento una represión sistemática, hasta llegar a erigir, en momentos de paroxismo, el terror como forma de gobierno. ¿Es inocente, sin embargo, la ideología? Algunos espíritus apesadumbrados o escolásticos siempre podrán defender que ese comunismo real no tenía nada que ver con el comunismo ideal. Sería evidentemente absurdo imputar a teorías elaboradas antes de Jesucristo, durante el Renacimiento o incluso en el siglo XIX, sucesos acontecidos durante el siglo XX. No obstante, como escribió Ignazio Silone, "verdaderamente, las revoluciones, como los árboles, se reconocen por sus frutos". No careció de razones el que los socialdemócratas rusos, conocidos con el nombre de bolcheviques, decidieran en noviembre de 1917 denominarse comunistas. Tampoco se debió al azar el que erigieran al pie del Kremlin un monumento a la gloria de aquellos que consideraban precursores suyos: Moro o Campanella.

Superando los crímenes individuales, los asesinatos puntuales, circunstanciales, los regímenes comunistas, a fin de asentarse en el poder, erigieron el crimen en masa en un verdadero sistema de gobierno. Es cierto que al cabo de un lapso de tiempo variable –que va de algunos años en Europa del Este a varias décadas en la URSS o en China– el terror perdió su vigor y los regímenes se estabilizaron en una gestión de la represión cotidiana a través de la censura de todos los medios de comunicación, del control de las fronteras y de la expulsión de los disidentes. Pero la memoria del terror continuó asegurando la credibilidad, y por lo tanto la eficacia, de la amenaza represiva. Ninguna de las experiencias comunistas que en algún momento fueron populares en Occidente escapó de esa ley: ni la China del "Gran Timonel", ni la Corea de Kim Il Sung, ni siquiera el Vietnam del "agradable Tío Ho" o la Cuba del radiante Fidel, acompañado por el puro Che Guevara, sin olvidar la Etiopía de Mengistu, la Angola de Neto y el Afganistán de Najibullah.

Sin embargo, los crímenes del comunismo no han sido sometidos a una evaluación legítima y normal, tanto desde el punto de vista histórico como desde el punto de vista moral. Sin duda, ésta es una de las primeras ocasiones en que se intenta realizar un acercamiento al comunismo interrogándose acerca de esta dimensión criminal como si se tratara de una cuestión a la vez central y global. Se nos replicará que la mayoría de estos crímenes respondían a una legalidad aplicada por instituciones que pertenecían a regímenes en ejercicio, reconocidos en el plano internacional y cuyos jefes fueron recibidos con gran pompa por nuestros propios dirigentes. Pero ¿acaso no sucedió lo mismo con el nazismo? Los crímenes que exponemos en este libro no se definen de acuerdo con la jurisdicción de los regímenes comunistas, sino con la del código no escrito de los derechos naturales de la humanidad.

La historia de los regímenes y de los partidos comunistas, de su política, de sus relaciones con sus sociedades nacionales y con la comunidad internacional, no se resume en esa dimensión criminal, ni incluso en una dimensión de terror y de represión. En la URSS y en las "democracias populares" después de la muerte de Stalin, en China después de la de Mao, el terror se atenuó, la sociedad comenzó a recuperar su tendencia y la coexistencia pacífica –incluso si se trataba de "una continuación de la lucha de clases bajo otras formas"– se convirtió en un dato permanente de la vida internacional. No obstante, los archivos y los abundantes testimonios muestran que el terror fue desde sus orígenes una de las dimensiones fundamentales del comunismo moderno. Abandonemos la idea de que determinado fusilamiento de rehenes, determinada matanza de obreros sublevados, determinada hecatombe de campesinos muertos de hambre sólo fueron accidentes coyunturales, propios de determinado país o determinada época. Nuestra trayectoria supera cada terreno específico y considera la dimensión criminal como una de las dimensiones propias del conjunto del sistema comunista durante todo su período de existencia.
¿De qué vamos a hablar? ¿De qué crímenes? El comunismo ha cometido innumerables: primero, crímenes contra el espíritu, pero también crímenes contra la cultura universal y contra las culturas nacionales. Stalin hizo demoler centenares de iglesias en Moscú. Ceausescu destruyó el corazón histórico de Bucarest para edificar en su lugar edificios y trazar avenidas megalómanas. Pol Pot ordenó desmontar piedra a piedra la catedral de Phnom Penh y abandonó a la jungla los templos de Angkor. Durante la Revolución Cultural maoísta, los guardias rojos destrozaron o quemaron tesoros inestimables. Sin embargo, por graves que pudieran ser a largo plazo esas destrucciones para las naciones implicadas y para la humanidad en su conjunto, ¿qué peso pueden tener frente al asesinato masivo de personas, de hombres, de mujeres, de niños?

Nos hemos limitado, por lo tanto, a los crímenes contra las personas, que constituyen la esencia del fenómeno del terror. Éstos responden a una nomenclatura común incluso, aunque una práctica concreta se encuentre más acentuada en un régimen específico: la ejecución por medios diversos (fusilamientos, horca, ahogamiento, apaleamiento; y en algunos casos gas militar, veneno o accidente automovilístico), la destrucción por hambre (hambrunas provocadas y/o no socorridas) y la deportación, o sea, la muerte que podía acontecer en el curso del transporte (marchas a pie o en vagones de ganado) o en los lugares de residencia y/o de trabajos forzados (agotamiento, enfermedad, hambre, frío). El caso de los períodos denominados de "guerra civil" es más complejo: no resulta fácil distinguir lo que deriva de la lucha entre el poder y los rebeldes y lo que es matanza de poblaciones civiles.

No obstante, podemos establecer un primer balance numérico que aún sigue siendo una aproximación mínima y que necesitaría largas precisiones, pero que, según estimaciones personales, proporciona un aspecto de considerable magnitud y permite señalar de manera directa la gravedad del tema:
– URSS: 20 millones de muertos.
– China: 65 millones de muertos.
– Vietnam: 1 millón de muertos.
– Corea del Norte: 2 millones de muertos.
– Camboya: 2 millones de muertos.
– Europa Oriental: 1 millón de muertos.
– América Latina: 150.000 muertos.
– África: 1,7 millones de muertos.
– Afganistán: 1,5 millones de muertos.
– Movimiento comunista internacional y partidos comunistas no situados en el poder: una decena de millares de muertos.
El total se acerca a la cifra de cien millones de muertos.

Este grado de magnitud oculta grandes diferencias entre las distintas situaciones. Resulta indiscutible que en términos relativos la palma se la lleva Camboya, donde Pol Pot, en tres años y medio, llegó a matar de la manera más atroz –hambre generalizada, tortura– aproximadamente a la cuarta parte de la población total del país. Sin embargo, la experiencia maoísta sobrecoge por la magnitud de las masas afectadas. En cuanto a la Rusia leninista y estalinista, hiela la sangre por su aspecto experimental pero perfectamente reflexionado, lógico y político.

[...]

Nuestra obra contiene muchas palabras y pocas imágenes. En ella se aborda uno de los puntos sensibles de la ocultación de los crímenes del comunismo: en una sociedad mundial hipermediatizada, en que la imagen –fotografiada o televisada– es lo único que merece credibilidad ante la opinión pública, solamente disponemos de algunas escasas fotografías de los archivos dedicados al Gulag o al Laogay, y ninguna foto de la deskulakización o del hambre durante el Gran Salto Adelante. Los vencedores de Nüremberg pudieron fotografiar y filmar con profusión los millares de cadáveres del campo de concentración de Bergen-Belsen y se han encontrado las fotos tomadas por los mismos verdugos, como ese alemán que dispara a bocajarro sobre una mujer que lleva a su hijo en brazos. Nada de eso existe en relación con el mundo comunista, en que se había organizado el terror en el seno del secreto más estricto.

No se contente el lector con algunos documentos iconográficos reunidos aquí. Consagre el tiempo necesario a conocer, página a página, el calvario sufrido por millones de seres humanos. Realice el indispensable esfuerzo de imaginación para representarse lo que fue esa inmensa tragedia que va a continuar marcando la historia mundial durante las próximas décadas. Entonces se planteará la cuestión esencial: ¿por qué? ¿Por qué Lenin, Trotsky, Stalin y los demás consideraron necesario exterminar a todos aquellos a los que designaban como "enemigos"? ¿Por qué se creyeron autorizados a conculcar el código no escrito que rige la vida de la humanidad: "No matarás"?

ZP, el 'tonto útil' de los sátrapas.

ZP, el 'tonto útil' de los sátrapas.

La visita del chamán aymara nos cuesta 70 millones €.

La diplomacia española patrocina una nueva alianza totalitaria.

Aquí cualquiera se puede pasar por la Zarzuela a dejarle recaditos al Rey. Los más recientes e ilustres invitados han sido los castristas Hugo Chávez y Evo Morales, quienes se dieron el lujo de ser recibidos sin cita previa para extender el «nuevo socialismo» por España. Nos toman por el pito del sereno. Ninguneado por las democracias occidentales, a ZP sólo le queda presumir de una siniestra alianza con los sátrapas del Tercer Mundo.

Primero fue el bolivariano que vino para decirnos que España "no era puerta de Europa para el mundo suramericano". Luego llegó el chamán aymara, que se permitió dar lecciones de honradez al pedir a los empresarios que aspiren a operar en Bolivia que se abstengan de ofrecerle dinero para financiar su campaña electoral porque, afirmó, «eso no va conmigo».

Lo de menos en este segundo capítulo bolivariano es -como recuerda el editorial de Expansión- "la necedad del discurso del sindicalista aymara llegado al poder por un proceso de base revolucionaria, legitimado democráticamente ex post para, también a través de una ficción democrática, por el sistema de mano alzada, modificar la Constitución para poderse perpetuar con ella, a semejanza de Chávez".

Morales aprovechó la escala para cerra la condonación total de la deuda de Bolivia con España, que supera los 70 millones de euros. Mientras tanto, las agresiones y "apretadas" a las empresas españolas en Bolivia no cesa.

Todo esto tras rubricar acuerdos para comprar armas y reforzar una alianza entre países "que tienen en común la falta de libertades de sus ciudadanos y su voluntad de coacción sobre democracias soberanas", como recuerda Hermann Tertsch en ABC:

Ayer Zapatero se fue a Rusia como invitado estrella de una espectral Conferencia sobre «Estado Contemporáneo y Seguridad Global». El objetivo de dar libertad a Rusia para restaurar su hegemonía sobre lo que fue la URSS, dejando a Georgia, Ucrania y otros a su merced. El chantaje recaería pronto sobre Centroeuropa. Y de extender el «nuevo socialismo» por Iberoamérica y el Tercer Mundo. Irán también participa a través de Chávez. Zapatero es el perfecto «tonto útil» para esa nueva alianza totalitaria.

Felipe González busca un relevo para Zapatero.

Felipe González busca un relevo para Zapatero.
Consenso en el Felipismo: Zapatero es un desastre. Una sustitución de urgencia sólo es posible con Fernández de la Vega, pero se la considera inútil ante la crisis económica. Los felipistas (Almunia, Solana, Solchaga, Rubalcaba, así como los barones regionales) hablan del desprestigio internacional del presidente y de sus ministros. El zapatismo es una casa en ruinas que sobrevive gracias a su control absoluto de la TV . 

FG busca el relevo de ZP. Ahora mismo, pocas referencias tiene el socialismo en una Europa que mira a la derecha, y una de ella sigue siendo el ex presidente del Gobierno, Felipe González. Y es FG -no el presidente del BBVA- quien está empeñado en forzar el relevo de ZP. En el Parlamento y en la Citi madrileña, lo más comentado durante la mañana del lunes, con escasa clemencia, era el ataque de mosquitos sufrido por el avión del presidente del Gobierno en Togo, cuando regresaba a España tras su periplo africano.

Dicho de otra forma, lo que está ocurriendo es que ZP se está quedando sólo en la familia socialista. Los pesos pesados del Felipismo, como Javier Solana, Joaquín Almunia, Carlos Solchaga, así como los barones regionales, especialmente el catalán José Montilla, consideran que ZP está amortizado. La previsión de la OCDE augurando para el PIB sépanlo en 2009 una caída del 4,2% -cifra conocida en la mañana del martes- ha cubierto ya el rompecabezas: todos están convencidos de que hay relevar a este “desastre” antes de que una floja derecha le arrebate La Moncloa al PSOE. La principal acusación es su inoperancia absoluta, no ya para afrontar la crisis económica sino para ofrecer confianza al electorado de izquierdas.

ZP se ha quedado sólo ante sus propios ministros: Rubalcaba siempre le ha considerado un necio pero, ahora, además, está convencido de que nunca llegará a la Vicepresidencia primera que tanto estima. Chacón ya no es su favorita ni ha traicionado al PSC, Sebastián, rencoroso, quiere pagarle su ninguneo, Manuel Chaves es una molestia que recuerda Filesa y Salgado, fiel a su historial no se moja en la ducha, ni tan siquiera para llamar al orden a un díscolo Miguel Ángel Fernández Ordóñez (MAFO).

Por no hablar de los barones regionales, especialmente del catalán José Montilla, cada vez más desligado del PSOE y cada vez con más apoyos en la cuota catalana del Gobierno: los titulares de Defensa y Trabajo, Carme Chacón y Celestino Corbacho, principalmente.

Ahora bien, el referente de todos los conjurados, el ex presidente Felipe González, no encuentra sustituto para relevar a Zapatero, salvo la vicepresidenta primera del Gobierno, Teresa Fernández de la Vega, a quien considera absolutamente incapaz para afrontar la crisis económica.

Por otra parte, aunque el Zapatismo es una casa en ruinas, lo cierto es que se mantiene en pie gracias a su increíble control del oligopolio televisivo. ZP lleva cinco años agasajando a los señores de la prensa, en su versión televisiva.

Hoy, todos los medios nacionales, premiados con licencias digitales, están con él, incluido Planeta, que le castiga desde Onda Cero y La Razón pero le alaba desde A-3 TV. Ahora la opinión pública redivide entre quienes se informan por Internet y la prensa y quienes lo hacen por la televisión. Y estos últimos son absoluta mayoría.

Nunca Zapatero había estado tan a la defensiva: respecto a la oposición y respecto a los suyos. Y está claro que Felipe González le sigue considerando un inútil a quien hay que reciclar. Pero, por el momento, el único relevo que encuentran es De la Vega, mientras ZP se enroca y se dispone a no marcharse ni aunque le echen.

Zapatero se quita la careta y descubre su verdadero rostro vengativo.

Zapatero se quita la careta y descubre su verdadero rostro vengativo.

"No me votáis, pues a pagar". El líder del PSOE es todo talante menos cuando se le critica. De eso saben en su partido: el hedor de los cadáveres del zapaterismo hace irrespirable Ferraz..

Donde tiemblan las piernas ahora es en el PSOE. La crisis interna se ha trasladado de Génova a Ferraz por obra y gracia de las elecciones europeas. Los resultados electorales del 7-J son difícilmente extrapolables a unas generales pero nadie duda de que se tratan del mejor sondeo nacional que un político puede tener en su mano. Además, preocupa el cómo ha ganado Rajoy a Zapatero.

Los resultados del PP en algunas regiones como Murcia, Galicia, Comunidad Valenciana, Madrid o Castilla-La Mancha son espectaculares. Y, claro, sumergen en la crisis a barones como Pedro Saura, Jorge Alarte, Tomás Gómez y al mismísimo José María Barreda, además, por supuesto, de a Zapatero, al que por mucho que quieran dejar a un lado, a fin de cuentas, es el líder del partido y el que vive en La Moncloa.

Asimismo, la crisis del PSOE no es sencilla de resolver. Porque no es simplemente un problema de nombres. No sólo eso al menos. También lo es de ideas, de mensajes y de estrategia y -tratándose de estos asuntos- "no parece que con Jesús Caldera al frente del principal think-tank socialista pueda surgir algún brote verde en el árbol del socialismo que aparece yermo por toda Europa", señalan las fuentes consultadas.

"El problema, señalan las mismas fuentes socialistas, es el modelo de gestión que Zapatero ha impuesto al partido y, también, los bandazos políticos con que conduce su Gobierno y que hace que barones territoriales no sean percibidos próximos y fiables por la gente en sus territorios". De hecho, bastante tienen con tratar de justificar lo que desde La Moncloa se decide, unas veces para contentar a nacionalismos de todo pelaje, otras a la izquierda más radical y, la mayoría, por estigmas ideológicos o amiguismos impropios de un partido que transita en la socialdemocracia.

Zapatero, ensimismado, cada vez más alejado de la realidad, en este preciso instante anda contaminado del síndrome de La Moncloa, es decir, de una soberbia que gastan los presidentes cuando ganan dos elecciones generales seguidas y que les hace creerse aristócratas descendientes de la misma pierna de El Cid Campeador. "Todos estamos equivocados, menos él", señalan las fuentes socialistas.

Tras el golpe del 7-J su respuesta asusta: castigar a los españoles con una subida inmediata de impuestos al consumo de tabaco y carburantes. "No me apoyáis, pues a pagar y, encima, ahora os decimos de sopetón que la crisis va a ir a peor", tal parece el mensaje que sale del presidente sólo cinco días después como reacción a su derrota.

El problema es que los que conocen de cerca al líder socialista hablan de que este es un comportamiento "muy suyo". Que le pregunten a los compañeros que ha ido dejando en la cuneta "por toserle": Borrell, Narbona, Maragall, Marín, Rodríguez Ibarra, Leguina, Rosa Díez, Guerra, Paco Vázquez, Clos, Jordi Sevilla, Carmen Calvo, entre otros. Que le pregunten a Felipe González cómo se las gasta quien ahora ocupa el puesto que él mismo ocupó. Si Sarkozy propone al socialista español González para presidir la UE en noviembre, pues aquí, en España, donde manda Zapatero, se apoya la reelección del democristiano portugués Durao Barroso, el cuarto jinete de la foto de las Azores. Coherencia zapateril: "Al enemigo ni agua". Y en este caso, el enemigo de ZP parece ser el "compañero" Felipe.

NADA OCURRE POR CASUALIDAD. Rubalcaba le hizo a ZP el trabajo sucio para que viajara GRATIS en el Falcon del Ejército.

NADA OCURRE POR CASUALIDAD. Rubalcaba le hizo a ZP el trabajo sucio para que viajara GRATIS en el Falcon del Ejército.

En La Moncloa sabían de antemano que la prensa les iba a pillar otra vez, así que para amortiguar las críticas trazaron un plan con la inestimable colaboración del ministro del Interior.

En La Moncloa nada es casualidad y esta vez no iba a ser la excepción. La táctica elegida para capear el temporal de los aviones militares es coger el paraguas y esperar a que escampe sin más, porque José Luis Rodríguez Zapatero no está dispuesto a que su partido tenga que gastarse los euros contratando aviones privados si puede ir de gratis total a los mítines valiéndose de su cargo institucional.

También Felipe González y José María Aznar lo hicieron -los populares han negado por activa y por pasiva este extremo- y razones de seguridad. Esos son los dos argumentos esgrimidos hasta la saciedad por los muchos dirigentes socialistas preguntados al respecto. 

Se daba la circunstancia de que este jueves el presidente tenía previsto volver a las andadas: a adueñarse de un Falcon desde Torrejón de Ardoz y plantarse en el aeropuerto de Asturias por la tarde. Y de ahí a Langreo para intervenir en un mitin. El personal monclovita sabía a ciencia cierta que toda la prensa estaba tras la pista de ese viaje para ver si Zapatero se desplazaba en un avión militar, como lo hizo el domingo a Sevilla. Y conscientes eran también de que un medio u otro acabaría pillándoles con las manos en la masa. 

Ya que no podrían evitar lo inevitable, ¿qué hacer? Echar mano de Alfredo Pérez Rubalcaba. Quién mejor que el ministro del Interior para transmitir a los españoles por enésima vez el mensaje de que la seguridad del presidente es lo primero y que sólo un Falcon puede garantizársela. Así que, siguiendo instrucciones de Presidencia, Rubalcaba convocó a media mañana a las agencias en su Ministerio para dar una breve rueda de prensa. Convocatoria que no figuraba en la agenda que envía La Moncloa la noche antes, puesto que el plan se trazó este mismo jueves.

Tan reducida fue la convocatoria que ni los periodistas que habitualmente cubren la información de Interior se enteraron hasta después. Sólo agencias como Efe y Europa Press, que servirían de correa de transmisión para hacer llegar el mensaje al resto de medios de comunicación de la forma más rápida y menos engorrosa.

Dicho y hecho. Allí se plantó el ministro y soltó su speach. Primer alegato: "El presidente del Gobierno lo es todo el tiempo, todos los días, a todas horas, y la obligación del Estado es que su seguridad sea máxima, y esta se tiene con vuelos oficiales". Segundo: "Si a mi me preguntara cualquier presidente autonómico cómo ir a un mitin electoral, cosa que hacen todos ellos todos los días, le diría que fuera con sus escoltas y en coche oficial porque en general son blindados, para tener así las máximas condiciones de seguridad". Y tercero: "Todo el mundo puede entender que cuando se organiza cualquier viaje del presidente del Gobierno, lo más importante es tener en cuenta la seguridad, en todos los países y más en uno como España". Con esta última frase, de paso, metió por medio a ETA para dar mayor empaque a sus argumentos.

Faltaba un último ingrediente para completar la faena de aliño: entrar en Hora 14 (el informativo de mediodía de la Cadena SER) para ser entrevistado por José Antonio Marcos. Terminada la entrevista, misión cumplida. Al poco rato, como previeron acertadamente en La Moncloa, El Mundo daba en su página web -y pronto los demás medios- que Zapatero iba a viajar esa tarde en un avión de las Fuerzas Aéreas, pero ahí estaban calentitas las declaraciones de Rubalcaba para parar el golpe. Porque en La Moncloa insisten: ni en el próximo mitin ni en ninguno otro van a cambiar un protocolo de seguridad que, según ellos, lleva muchos años instaurado.

El PSOE tiene actitudes impropias de un demócrata.

El poder corrompe, el poder absoluto corrompe absolutamente. La política es muy noble cuando se usa para servir a los ciudadanos y se convierte en un foco de corrupción cuando su fin es lograr o mantener el poder. En este último sentido cabe entender el vídeo electoral del PSOE.


La pretensión de dividir a la sociedad en buenos y malos en función de sus elecciones políticas es un acto intrínsecamente perverso. Nadie puede estar obligado a acertar en su elección, y tampoco se puede saber quién ha acertado, porque si se supiera sólo habría un partido. Lo que cabe exigir es que cada uno sea consecuente con su elección. Esta campaña publicitaria puede ser aceptable para una chica como Bibiana Aído, que dice que si quedara embarazada, no abortaría, sin explicar los motivos por los que actuaría así; tampoco ha explicado qué es lo que haría en el caso de que Zapatero le ordenara abortar, cosa que a la vista de las circunstancias cabe dentro de lo posible.


La vida requiere esfuerzo, perseverancia y espíritu de sacrificio, y sólo si estas virtudes calan en la sociedad y son asumidas por la inmensa mayoría, puede salir adelante una nación. La prudencia debe guiar los pasos de todos y hay que saber que el error tiene un coste, por muy disculpable que sea. Lo que hace este gobierno es inducir a pensar en que la vida es fácil y que todo el mundo tiene derecho a premio sólo porque sí, y todo por conseguir sus votos.


Son tantas las muestras de mezquindad de este gobierno del PSOE que habría que preguntarse cuáles los motivos por los que no dimite ningún ministro. Se fue Solbes, pero no fue por vergüenza, sino porque su reputación caía en picado. Tal como están las cosas en nuestra política se hace muy difícil que siendo buena persona se pueda llegar a dirigir un partido o presidir un gobierno.

El timo de Zapatero: sus propuestas en el Debate sobre el estado de la Nación se quedan en humo.

El timo de Zapatero: sus propuestas en el Debate sobre el estado de la Nación se quedan en humo.

Los trucos de prestidigitador del presidente Zapatero no han funcionado esta vez. Zapatero se presentaba al debate con una serie de propuestas estrellas bajo el brazo: portátiles para niños, desaparición de la deducción por vivienda del IRPF a partir de los 24.000 euros, ayudas por valor de 2.000 euros para la compra de un nuevo coche... Todo eso ha quedado en humo ya que el grupo socialista ha tenido que descafeinar sus propuestas para que los grupos de la oposición no se las rechacen. Zapatero anunciaba el pasado 12 de mayo unas propuestas que tan sólo siete días después se han visto tremendamente recortadas.

El Presidente del Gobierno hacía el pasado 12 de mayo los siguientes anuncios. Estas eran las propuestas que Zapatero llevaba al Congreso como iniciativas estrella:

- Reducirá en 5 puntos el Impuesto de Sociedades durante tres ejercicios a las empresas de menos de 25 trabajadores y un volumen de ventas inferior a 5 millones de euros, que a 31 de diciembre mantengan o mejoren su plantilla de 2008. Esta fórmula tendrá su reflejo equivalente en el Impuesto sobre la Renta respecto de los autónomos que mantengan el empleo de sus asalariados. - Nuevo recorte del gasto público. En febrero ya se aprobó un recorte de 1.500 millones de euros a los que ahora se suman otros 1.000 millones. En total estamos hablando de 2.500 millones en los últimos meses.

- En 2010 se pone en funcionamiento el plan Escuela 2.0: aulas con pizarras digitales, conexión  inalámbrica a Internet y cada alumno tendrá su propio ordenador personal

- El Gobierno favorecerá a los titulados universitarios en desempleo para que puedan seguir formándose a través de master oficiales. Inversión de 70 millones para que las Universidades Públicas faciliten la matrícula gratuita a los titulados en paro entre 25 y 40 años - Deducción por vivienda del IRPF. Para rentas inferiores a 17.000 euros se mantiene la deducción vigente. Para rentas superiores  a 17.000 euros, la deducción se reducirá linealmente hasta desaparecer cuando la renta declarada esté por encima de los 24.000 euros anuales

- A partir del 1 de junio, el Estado está dispuesto a dar un estímulo de 500 euros, siempre que sea complementado por los fabricantes y en su caso para cada comunidad autónoma, alcanzando así los 2.000 euros de ayuda por vehículo nuevo - Se extenderá el tratamiento fiscal del cheque restaurante a un “cheque o bono transporte”, que no tributará a efectos de IRPF. Esto supondrá una rebaja media del 24% en el coste del transporte público para los trabajadores cuyas empresas se acojan a este programa.

Y esto es lo que ha salido del Congreso después de que los diferentes grupos parlamentarios se hayan pronunciado al respecto:

 

- Plan 200E. El PSOE ha incluido a las motos como pedía CIU en el llamado Plan 2000E. Finalmente la propuesta queda así: una ayuda mínima para la compra de coches de 1.500 euros, 500 aportados por el Gobierno y 1.000 por los fabricantes. Algunas comunidades se sumarán con otros 500 euros, para alcanzar así los 2.000 euros previstos por el presidente Zapatero, mientras que otras sumarán sus propios incentivos.

 

- La oferta de un ordenador portátil para cada niño de primaria queda en nada. Expresan tan solo su petición de que se extienda –dice el documento-  la dotación de ordenadores al alumnado de los últimos cursos de Primaria y de Secundaria, nada de ordenador personal ni tampoco como se financiará. - El gobierno ha estado buscando en las últimas horas apoyos de las fuerzas de izquierdas para que voten a favor de la propuesta de limitar la desgravación de vivienda hasta 24.000 euros de renta sin mucho éxito. ERC ha intentado que el PSOE subiera el límite hasta los 40.000 euros, pero los socialistas se han opuesto. Finalmente no se recoge ninguna cifra al no haber llegado a un acuerdo con ningún grupo. Así, lo que ha salido adelante es simplemente una declaración de intenciones en la que se establece una reducción para rentas bajas pero sin detallar ninguna cantidad Además el grupo socialista ha tenido que aceptar una enmienda presentada por CiU y por la que Hacienda reducirá del 16 al 7% el IVA que pagan los inquilinos en contratos de alquiler con opción a compra.

 

- El PSOE ha conseguido acuerdo con IU  para el aumento de la prestación para los parados sin subsidio a la que se ha sumado CIU con quien ha firmado un texto para avanzar en la reforma laboral. 

- Se ha consensuado una enmienda entre todos los grupos para alcanzar un nuevo pacto de pensiones antes de finalizar 2009 dentro del pacto de Toledo para garantizar la sostenibilidad del sistema.