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Los restos mortales de Juan Pablo II se exponen en la capilla Clementina.

Los restos mortales de Juan Pablo II se exponen en la capilla Clementina.

El cuerpo de Juan Pablo II ha sido expuesto en la capilla Clementina del Vaticano, donde ha sido honrado por la curia. Con aspecto sereno, pero mostrando en su rostro el sufrimiento que ha pasado en los últimos meses y durante la agonía y exhibiendo unas manos blanquísimas que estrechaban un rosario, el cuerpo sin vida de Juan Pablo II fue expuesto hoy en el Palacio Apostólico para el homenaje de la Curia.

Quince horas después de fallecer y una vez que el Camarlengo, el cardenal español Eduardo Martínez Somalo, constatara su muerte, el cadáver de Karol Wojtyla, «Juan Pablo el grande», como ya se le conoce, fue colocado en un catafalco en la monumental sala Clementina, en la primera estación del rito de las exequias.

Bajo una gran lápida que recuerda que la sala se construyó durante el papado de Clemente VIII fue instalado el catafalco, revestido con telas de damasco beige. Encima fue colocado el cadáver de Juan Pablo II, cuya cabeza quedó recostada bajo tres cojines dorado.

El Pontífice estaba revestido con los hábitos pontificales: sotana blanca y casulla roja. Sobre la casulla le fue colocado el «palio», estola de lana blanca con cruces negras (signo litúrgico de honor y jurisdicción), fijado con un gran alfiler dorado. Sobre la cabeza tenía la mitra y apoyado sobre el cuerpo, en la parte izquierda, le fue colocado su tradicional báculo terminado en una cruz.

Las manos, extremadamente blancas, que impresionaban, las tenía unidas y un rosario entre los dedos, delgadísimos. Calzaba sus tradicionales zapatos de color marrón rojizo. A la derecha del catafalco fue colocado un cirio pascual del actual año, mientras dos Guardias Suizas rendían honores.

A la primera exposición de los restos asistieron un escogido grupo de periodistas de medios internacionales. Por primera vez, la imagen del Papa fue fotografiada y grabada y emitida por cámaras de televisión a menos de 24 horas de su muerte. A los lados del catafalco velaban cardenales, arzobispos y obispos.
En el lado izquierdo, al fondo, se encontraba su fiel secretario, el arzobispo Estanislao Dziwsz, y las cuatro monjas, encabezadas por sor Tobiana, que cuidaban el apartamento papal.

Verlo de cerca por primera vez tras la muerte impresionó, sobre todo porque bajo ese rostro más o menos sereno se percibía con claridad lo que ha tenido que sufrir en los últimos tiempos, aunque a él no le pesara, porque hasta los últimos días de vida mantuvo su máxima de «que bonito es gastarse hasta el final por el Reino de Dios».

La ceremonia de este primer rito de las exequias la presidió el cardenal Martínez Somalo, quien presentaba buen aspecto físico (padece del corazón) y se le vio sereno, aunque en algunos momentos, sobre todo cuando esparció agua bendita sobre el cadáver y lo miró fijamente, mostró aspecto triste. El cardenal español era muy apreciado por el Papa. Se dice que era el único que hacía reír a Juan Pablo II.
La solemne ceremonia se celebró el latín y comenzó con el canto de la antífona «Yo soy la resurrección y la vida...». Martínez Somalo revestido con paramentos rojos y estola roja pidió al Señor que acogiera el alma del difunto. «Peregrinando ante su cadáver, damos gracias a Dios por los beneficios que a través de Juan Pablo II concedió a su Iglesia e imploramos la misericordia por las culpas que nuestro pastor ha cometido debido a su fragilidad humana. Suplicamos al Señor que lo acoja en su Reino y le conceda el premio por las fatigas que sostuvo por el Evangelio», dijo el Camarlengo.

En medio de un silencio total y con gran solemnidad, Martínez Somalo encendió el cirio pascual, mientras se cantaba el salmo «El Señor es mi luz y mi salvación». Después con lentitud y solemnidad se acercó al cadáver, sobre el que esparció en tres ocasiones agua bendita, e invocaba que Juan Pablo II pueda contemplar «cara a cara» a Dios.

Fue uno de los momentos más sugestivos, acompañado de música sacra, y en los que se vio a Martínez Somalo semblante de mucha tristeza mientras miraba fijamente al Papa y bendecía el cadáver con el agua bendita.
La ceremonia concluyó con el canto del Padrenuestro en latín y después comenzó el homenaje de la Curia, de las autoridades italianas y del cuerpo diplomático acreditado ente el Vaticano. Lo abrió el decano del colegio cardenalicio, Joseph Ratzinger, que oró unos momentos ante el cadáver y después le siguieron, entre otros, los purpurados Julián Herranz, Crescenzio Sepe, Javier Lozano Barragán, Camillo Ruini, José Saraiva y Dario Castrillón Hoyos, el arzobispo Leonado Sandri y numerosos prelados, entre ellos Cipriano Calerón Polo. Italia estuvo representada por el presidente de la República, Carlo Azeglio Ciampi, y el Gobierno presidido por Silvio Berlusconi. También estuvo el alcalde de Roma, Walter Veltroni, y el líder de la oposición Piero Fassino.

Todos los presentes dieron el pésame a Estanislao Dziwisz, quien en un momento no pudo retener las lágrimas. Además de la Curia, también acudió a la Clementina el personal que presta sus servicios en el Vaticano. A media tarde se cerró la sala Clementina. El cadáver del Papa será trasladado en la tarde del lunes 4 de abril a la basílica de San Pedro, donde recibirá el homenaje de cientos de miles de fieles de todo el mundo. La hora exacta la decidirán los cardenales durante la primera Congregación prevista para mañana en la Sala Bologna del Palacio Apostólico.
Por otra parte, se desconoce todavía dónde será enterrado Juan Pablo II y, aunque todo hace pensar que será en el Vaticano, habrá que esperar a conocer su testamento, donde podría haber dicho si quiere reposar para siempre en la basílica de San Pedro o en Cracovia.

Hasta el momento el Vaticano no ha informado del lugar y todas las miradas están puestas en su secretario particular, el arzobispo Estanislao Dziwisz, a quien se considera depositario de su testamento. Se espera que en las próximas horas se conozca el lugar, aunque todo hace pensar que Juan Pablo II será enterrado, como la mayor parte de los papas, en las grutas de la basílica de San Pedro, a pocos metros donde está la tumba del Apóstol Pedro.
Se asegura que descansará en el mismo lugar donde durante treinta años estuvo sepultado su predecesor y al que tanto admiraba y proclamó beato Juan XXIII, fallecido en 1963.

Los restos de Juan XXIII fueron trasladado desde las grutas el 3 de junio del año 2001 hasta la basílica, pocos meses después de ser beatificado. Juan Pablo II, su gran admirador, decidió trasladarlos al altar de San Jerónimo para permitir un mayor flujo de fieles devotos. Eligió esa capilla porque Juan XXIII admiraba a los padres de la Iglesia y a ese santo en concreto y, de hecho, cuando entraba en San Pedro el primer sitio al que se dirigía era a ese altar. Conociendo el amor que sentía por Juan XXIII, no es de descartar que quisiera reposar en el mismo sitio donde estuvo el «Papa Bueno», como es conocido Juan XXIII.

Pero también es conocido su amor por su Polonia natal y por Cracovia, donde pasó medio siglo de su vida, de la que fue arzobispo y cardenal y de la que salió para el cónclave de 1978 en Roma, del que salió elegido Papa. A Cracovia pertenece Wadowice, la localidad en la que nació en 1920 y que abandonó a los 18 años para estudiar en la capital, que marcó su vida.

Durante su último viaje a Polonia en 2002, Juan Pablo II vivió uno de los momentos más emotivos de su noveno viaje a su país, cuando visitó la catedral de Wawel, de Cracovia, y después cuando oró, emocionado, ante la tumba de sus padres y hermano en el cementerio de Rakowice, no muy lejos del templo.
En una capilla de la catedral, la cripta de San Lorenzo, celebró el por entonces Karol Wojtyla su primera misa como sacerdote. Fue el 2 de noviembre de 1946, un día después de su ordenación.

A los polacos les gustaría tener entre ellos, para siempre, al polaco más importante de la historia del país y están convencidos de que si ahora no será posible y es enterrado en el Vaticano en años venideros sus restos serán trasladado a Polonia.

En breve, visto que los funerales solemnes en Vaticano se celebrarán posiblemente el jueves, se conocerá donde descansará el ya conocido como Juan Pablo el grande, como hoy le calificó el cardenal Angelo Sodano, que fue su secretario de estado.

Mañana lunes la congregación de cardenales se reunirá para comenzar a preparar el cónclave que elegirá a su sucesor y no se descarta que también fije la fecha del entierro, al que se espera asistan más de dos millones de personas y decenas de jefes de estado y reyes de todo el mundo.

EL CAMARLENGO RECIBIÓ EL CERTIFICADO MÉDICO. El Papa murió de un colapso cardiocirculatorio.

EL CAMARLENGO RECIBIÓ EL CERTIFICADO MÉDICO. El Papa murió de un colapso cardiocirculatorio.

El Papa Juan Pablo II murió de un colapso cardiocirculatorio, informó este domingo el Vaticano. El camarlengo de la Iglesia Romana, el cardenal español Eduardo Martínez Somalo, constató la muerte del Papa Juan Pablo II, que fue certificada por el médico personal del Pontífice, Renato Buzzonetti, informó el Vaticano. El rito, de acuerdo con los nuevos tiempos, excluye los viejos sistemas para determinar la muerte del Papa y sólo contempla el certificado médico de defunción.

El papa Juan Pablo II murió este sábado de un choque séptico y un colapso cardiovascular circulatorio irreversible, según el certificado médico de defunción, hecho público este domingo por el Vaticano.

El texto del certificado es el siguiente:

"Certifico que Su Santidad Juan Pablo II (Karol Wojtyla) nacido en Wadowice (Cracovia,Polonia) el 18 de mayo de 1920, residente en la Ciudad del Vaticano, ciudadano vaticano y fallecido a las 21,37 horas del día 2 de abril de 2005 en su apartamento del Palacio Apostólico Vaticano (Ciudad del Vaticano) por lo siguiente:

-Choque séptico

-Colapso cardiovascular irreversible,

en una persona que padecía enfermedad de Parkinson, pasados episodios de insuficiencia respiratoria aguda y posterior traqueotomía, hipertrofia prostática benigna complicada por urosepsi (infección bacteriana de la sangre) y cardiopatía hipertensa e isquémica.

La verificación de la muerte fue realizada mediante una electrocardiotanatografía que duró veinte minutos.

Declaro que las causas de la muerte, según mis conocimientos y conciencia, son las que he indicado.

Ciudad del Vaticano, 2 de abril de 2005

El directo de la Dirección de Sanidad e Higiene del Estado de la Ciudad del Vaticano, doctor Renato Buzzonetti".

El rito de constatación

El rito de la constatación de la muerte se produjo a las 09.30 horas local (07.30 GMT) y según informó el portavoz vaticano, Joaquín Navarro Valls, se celebró bajo la presencia del cardenal Martínez Somalo. El camarlengo, junto al vicecamarlengo, monseñor Paolo Sardi; el maestro de ceremonias, el arzobispo Piero Marini, y los prelados de la Cámara Apostólica se dirigieron hasta los aposentos del difunto Pontífice junto al médico personal del Papa, Renato Buzzonetti.

Una vez en la habitación del Papa, el canciller secretario de la Cámara Apostólica, el abogado Enrico Serafini, redactó el acta de la muerte del Pontífice, a la que agregó el certificado médico del doctor Renatto Buzzonetti. La ceremonia se realizó siguiendo el rito "Ordo Exsequiarum Romani Pontífici", que contempla lo que hay que hacer para constatar la muerte de un Papa. El rito, de acuerdo con los nuevos tiempos, excluye los viejos sistemas para determinar la muerte del Papa y sólo contempla el certificado médico de defunción.

Represión de posguerra. Ante una nueva campaña contra la verdad histórica.

Represión de posguerra. Ante una nueva campaña contra la verdad histórica.

Hace poco el profesor Macarro autor de algunos estudios estimables, mostraba su indignación hacia mis tesis, pero afirmando, con desaliento, que ellas estaban fundando una nueva “historia canónica”. El ataque, que no crítica, trasluce un hecho real: mis conclusiones se van imponiendo, aunque con esfuerzo, por el peso de su argumentación y de sus datos. Y creo que terminarán asentándose, a menos que Macarro u otros logren refutarlas por medios académicamente aceptables, lo cual ni siquiera intentan. Su argumento se reduce, en fin de cuentas, a la exigencia de censura contra mis libros. ¿Cabe mayor bancarrota intelectual?

Me parece bien fundada ya, por tanto, la idea que paso a resumir: la guerra civil provino de la erosión, primero, y el asalto, después, a la legalidad republicana por parte de las izquierdas, en un proceso revolucionario. También hubo en la derecha conspiraciones contra aquel régimen, pero con esta diferencia: las ofensivas de la izquierda provinieron de sus principales partidos y de los nacionalistas, mientras que las intentonas de la derecha sólo abarcaron a sectores muy minoritarios de ella. Dicho de otro modo: si los asaltos izquierdistas se hubieran limitado a los de la CNT, el sistema republicano habría funcionado, a pesar de todo, pero cuando se les sumaron los del PSOE y la Esquerra, con la complicidad de las izquierdas republicanas, la convivencia se tornó imposible. No quedó otra alternativa que una dictadura totalitaria de izquierdas o una dictadura autoritaria de derechas. Sólo los totalitarios o los sordos a las lecciones del siglo XX pueden preferir la primera, que, por cierto, estuvo cerca de triunfar. Ese fue el planteamiento real, pues ni existía un partido democrático potente ni éste habría podido mantener la democracia cuando el grueso de la oposición la rechazaba.

Así pues, la versión izquierdista de la guerra civil puede darse hoy por fracasada, y creo que gracias, en medida muy alta, a los estudios de César Vidal y a los míos. No digo los magníficos y fundamentales de Ramón Salas Larrazábal, porque los irreconciliables habían conseguido borrarlos de la universidad y sepultarlos en el olvido. Ni los valerosos, además de valiosos, de Ricardo de la Cierva, porque si bien los sectarios no habían logrado impedir su difusión, habían limitado su incidencia alzando en torno a ellos un muro de Berlín construido con insultos y falsedades. Con César y conmigo no lo han conseguido, al menos por ahora.

Pues bien: hace poco el profesor Santos Juliá explicó a unos diplomáticos españoles en París la nueva línea de ataque de la historiografía antifranquista. Reconociendo de modo implícito el fracaso de la versión izquierdista (los dos bandos habían cometido crímenes, vino a admitir), indicó que los esfuerzos iban a concentrarse en la represión de posguerra, donde había un solo y evidente culpable: el bando vencedor.

Menciono esta conversación, llegada por casualidad a mis oídos, porque nadie debe creer que se trata de actitudes espontáneas. Por el contrario, están minuciosamente orquestadas, con colaboración de numerosos políticos, historiadores y paniaguados. Preston ha anunciado para este otoño un nuevo libraco sobre el “holocausto español” (nada menos), y ya proliferan en las librerías estudios por el estilo. Leo ahora que la televisión en manos de los irreconciliables ha encargado una serie sobre la represión de posguerra a varios simpatizantes de las dictaduras progresistas. Será la segunda parte de la serie sobre la guerra civil ordenada por el PSOE en los años 80, bajo dirección de demócratas como el stalinista Tuñón de Lara, colaborador del KGB, en testimonio de Jorge Semprún. Tuñón formó en Pau una “escuela de cuadros” comunista dedicada a manipular la historia según la lucha de clases.

La serie de los 80 hizo renacer odios y rencores, revanchismos y justificaciones de la violencia progresista, cuyos frutos consisten en el ambiente creado en Vascongadas y Cataluña, extendido por Zapatero a todo el país mediante agitaciones callejeras violentas, bajo banderas totalitarias o anticonstitucionales. A ello ha contribuido la inhibición de la derecha, presa de la consigna medrosa y falsa del “hay que mirar al futuro”, como si esa mirada fuera incompatible con restablecer la verdad sobre el pasado.

La izquierda conoce muy bien el enorme efecto de las campañas amasadas con relatos de sangre y crimen atribuidos a sus adversarios. Con ellas ha logrado una y otra vez borrar sus propias responsabilidades, saltar del banquillo de los acusados al estrado del fiscal y convertir sus reveses en victorias políticas. Es preciso, por consiguiente, afrontar esta nueva campaña de envenenamiento de la memoria colectiva.

No hay duda de que la represión de posguerra fue brutal, pero debemos situarla en su contexto. Escribe el profesor Malefakis: “Los recientes intentos de restar importancia a la represión tomando como referencia la persecución de los colaboracionistas en Francia y en Italia están lejos de la verdad; no sólo fue la escala de violencia de Franco mucho mayor en muertes y todavía más en prisioneros, sino que además fue desarrollada casi enteramente por el aparato del Estado en vez de por grupos privados actuando sin aprobación gubernamental”.

A mi juicio es muy adecuado comparar el caso español con el italiano y el francés (y no hablemos de los espeluznantes campos useños de prisioneros alemanes), porque fueron todos casos de odio ideológico vinculados a una guerra civil. En España hubo más muertes, pero la guerra civil previa fue también incomparablemente más intensa y dejó, por tanto, muchas más “cuentas por saldar”. Con esta consideración, la represión franquista no resulta proporcionalmente mayor, sino menor, que las de Francia o Italia.

Además, la represión por el aparato del Estado no debe estimarse negativamente en relación con la “privada”. Significa que las ejecuciones en España se realizaron previo juicio, mientras que en Italia y Francia consistieron muy mayoritariamente en simples asesinatos. La presunción de que los asesinos “privados” actuaban sin aprobación gubernamental es tan falsa en Italia o Francia como en el bando revolucionario español durante la guerra civil. Esa “falta de aprobación” consiste en una táctica bien conocida de efectuar limpiezas masivas de enemigos prescindiendo de formalidades legales y achacándolas al “pueblo” o a “incontrolados”.

La campaña en curso enfrenta, por lo menos, otros dos problemas engorrosos. Pinta a todos los ejecutados como “víctimas del franquismo”, mezclando a los inocentes, como el anarquista Peiró, con asesinos sádicos como el socialista García Atadell. Menciono a éste porque, aunque fuese ajusticiado en plena guerra, representa al alto número de criminales, ladrones y torturadores que cayeron en manos de Franco. La equiparación de éstos con los inocentes ya indica el valor de las “investigaciones” en curso.

Otro problema: ¿por qué cayeron en manos de los nacionales tantos participantes en el terror revolucionario? Pues porque los dirigentes izquierdistas, tanto en la campaña del norte, como en la de Cataluña o en la del centro, se preocuparon de huir ellos, sin dejar la menor previsión de escape para los miles de secuaces suyos complicados en la represión. Sólo en Cataluña lograron escapar muchos, aunque no todos, en una huida masiva y desordenada, cuya descripción por Zugazagoitia debiera leer todo el mundo. Asunto embarazoso para los campañeros, pero ineludible en un estudio serio.

Basten estas consideraciones, para empezar, y preparémonos a librar un nuevo combate por el restablecimiento de la verdad histórica.

LA IZQUIERDA ESCRIBIÓ EL GUIÓN.

LA IZQUIERDA ESCRIBIÓ EL GUIÓN.

Si un documentalista recogiera las movilizaciones que habían presidido Zapatero y Llamazares a lo largo de dos años, las manifestaciones cargadas de hostilidad, de odio, ante las sedes del Partido Popular; la creación de un clima irrespirable y de miedo; las sevicias públicas a dirigentes y militantes del PP; la humillación al presidente del Gobierno en la propia sede parlamentaria por periodistas y con la aquiescencia de una parte de los medios de comunicación..., la masacre del día 11 de marzo aparecía como la coronación lógica de ese proceso desestabilizador y antidemocrático.

No digo que los cerebros del atentado fueran los mismos que los que trazaron el plan callejero (esa kale borroka de pacifistas), pero sí digo que estos segundos prepararon el terreno, objetivamente, a los primeros. Si el miedo agrupa a la ciudadanía en torno al poder en situaciones de peligro colectivo, eso no sucede cuando el poder ha sido desprestigiado de forma sistemática, cuando ha sido despojado de su carisma, cuando ha sido tratado como un enemigo a liquidar, como un «detentador» del poder. Y ¿qué decir si los cerebros del atentado sabían hasta qué punto los españoles estaban desarmados al carecer de una conciencia nacional contra la que se venía conspirando desde hace años?

Pero si no coincidieron los cerebros del golpe con los que se habían dedicado durante dos años a acorralar al partido en el poder, sí cabe afirmar que estos últimos supieron aprovechar muy inteligentemente la situación. Quiero decir que si los autores del golpe buscaron el desplazamiento del poder del PP y de este modo pudieron terminar con la nueva hegemonía -atlantista- que se estaba preparando en Europa, así como dar un golpe al trío de las Azores, fueron bien apoyados por los socialistas, comunistas y nacionalistas, y digo que estos supieron aprovechar el escenario político preparado por la desconocida mano del Terror, a la que, por lo mismo, no interesa descubrir.

ASÍ pues, los tiempos de infamia que precedieron al 11 de marzo y los cuatro días que le siguieron, ofrecieron un guión obvio, ciertamente salvaje. La brutalidad del guión no ha sido imaginada por los cineasta, sino por los diseñadores del proceso, los unos y los otros. Los beneficiados se escandalizan ahora por la edición de unos vídeos. No les abruma su propio comportamiento durante aquellos días, años. Sino que esté puede ser exhibida.

ESTAMOS, por eso, ante uno de los ejercicios más formidables de hipocresía que hubiéramos podido imaginar, protagonizados por los exaltados al poder, sin méritos propios. Y junto a ellos, los tontos útiles. Los que apoyaron el asalto o bien se limitaron a balbucear algunas críticas platónicas.

Pero lo que está resultando intolerable de estos vídeos a los socialistas y amigos no es siquiera su contenido, a veces ciertamente inquietante, a veces voluntarioso en sus denuncias, a veces no suficientemente probado, a veces acompasado al dictado de lo que piensan millones de personas en sus casas. Lo que más ha molestado es que la derecha haya tenido el atrevimiento de salir al paso. ¿No habíamos quedado, acaso, que los eternamente golpistas, los represores de siempre, estaban obligados ahora a aguantar las agresiones, las revoluciones, de los históricamente perdedores? ¿Acaso el hecho de haber sido vencidos en una guerra civil no les daba ahora el derecho a compensarla con ciertas prácticas, aunque fueran dudosamente democráticas o sencillamente antidemocráticas?

Lo que exaspera es que la derecha haya respondido: su salida del silencio, la reivindicación de la palabra y de la imagen, el cambio de actitud de la derecha revolucionaria.

NUNCA MAIS, NO A LA GUERRA, INTELECTUALES ANTIIMPERIALISTAS, ... Manuel Rivas, Pedro Guerra y Luis Pastor escribirán una serie en TVE sobre la "represión franquista"

NUNCA MAIS, NO A LA GUERRA, INTELECTUALES ANTIIMPERIALISTAS, ... Manuel Rivas, Pedro Guerra y Luis Pastor escribirán una serie en TVE sobre la "represión franquista"

Carmen Caffarel ya tiene guionistas y presentadores. Julio Llamazares, escritor, Juan Madrid, miembro de la Alianza de Intelectuales Antiimperialistas, Luis Pastor, cantautor cuyo último trabajo se titula "Pásalo", Manuel Rivas, portavoz de la plataforma "Nunca Mais" y miembro de "Cultura contra la Guerra", y Pedro Guerra, cantautor y miembro de "No a la Guerra".

Carmen Caffarel, directora general de RTVE, anunció durante su comparecencia en el Congreso que está trabajando en una serie sobre ciertos episodios de la Guerra Civil. La serie, que será presentado en cinco episodios, tendrá como título "Memoria recobrada" y tendrá como guionistas y presentadores a Julio Llamazares (escritor leonés), Juan Madrid (historiador y escritor de novela negra, además de miembro de la Alianza de Intelectuales Antiimperialistas), Manuel Rivas (escritor gallego que adquirió relevancia tras el hundimiento del Prestige como portavoz de la plataforma Nunca Mais), Luis Pastor (cantautor cuyo último trabajo se titula Pásalo) y Pedro Guerra (cantautor canario, miembro también del colectivo No a la Guerra).

Si finalmente el proyecto sigue adelante "tal y como es deseo de TVE", será una coproducción con la productora Argonauta, de Alfonso Domingo. Según informó Europa Press, los cinco capítulos abordarán sucesivamente los guerrilleros antifranquistas (los maquis), la huida de la población civil de Málaga, casos de la guerra y la posguerra en Galicia, la posguerra en Extremadura, así como en Canarias. Caffarel justificó esta iniciativa porque se "configura una apuesta decidida por evitar que se borre una memoria colectiva que deben conocer las nuevas generaciones".

Carmen Caffarel mostró su desacuerdo a varios aspectos de la serie "Memoria de España" tras una pregunta de la diputada de Izquierda Verde (IU-ICV) Isaura Navarro. La directora general de RTVE admitió haber recibido numerosas muestras de desaprobación en esta dirección y aseguró comprender "personalmente su desacuerdo", pero matizó que cuando llegó el proyecto "estaba en marcha" y contaba con un equipo asesor de cuatro historiadores "de prestigio" junto con su coordinador, Fernando García Cortázar. Consideró que en "Memoria de España"' hay una visión "claramente favorable" a la democracia y a los valores constitucionales y se mostró partidaria de "mantener y proteger la memoria histórica, la conciencia de nuestra experiencia colectiva".

Justifica la baja audiencia de la cadena

En respuesta a una pregunta sobre la caída de la audiencia de TVE, realizada por la diputada del PP Macarena Montesinos, Caffarel afirmó que se ha llegado a esta situación por la "agresividad" de la oferta de otras cadenas comerciales; factores internos como el estreno de programas fallidos –como por ejemplo "La azotea de Wyoming" que sólo duró algunas emisiones por su fracaso en el share–o errores de programación debido a la transición en la dirección de TVE.

Pese a los datos que sitúan a varios programas de TVE con una audiencia muy por debajo de la esperada, Caffarel calificó la situación de TVE frente a las cadenas comerciales como de "empate técnico". Además, anunció que se ha establecido como objetivo posicionar a TVE 1 como cadena familiar y mejorar los resultados de La 2.

Memoria parcial.

Por A. U.

Para mí que se está cometiendo un grave error. El tiempo calma los odios y los enfrentamientos. El Gobierno de España ha tomado la iniciativa de desenterrar cadáveres de víctimas de la Guerra Civil. En algunas localidades han vuelto a florecer las peores rencillas. Más que la recuperación de la memoria histórica lo que se pretende es imponer la memoria parcial. Sólo hubo víctimas entre los perdedores y sólo los vencedores asesinaron. Se ha rendido un homenaje a Luis Companys, presidente de la Generalidad de Cataluña fusilado por los nacionales en el castillo de Montjuich. Pero se han olvidado de recordar a los más de mil barceloneses fusilados por los republicanos en ese mismo escenario durante la presidencia de Luis Companys. Me parece que no se está llevando este asunto con buena educación.

Además, que buscar fosas, encontrar huesos e identificarlos resulta carísimo. Yo les puedo indicar donde hay fosas comunes con restos humanos sin identificar. Entre esos restos están los de mi abuelo materno, el dramaturgo Pedro Muñoz-Seca, asesinado por el Frente Popular en Paracuellos del Jarama el 28 de noviembre de 1936. Es decir, según los legalistas, asesinado por el Gobierno legal de la República junto a ocho mil españoles más por no ser republicano. Mi madre, que vivió, educó y murió sin remover huesos ni odios, hubiese sentido alivio y consuelo localizando en una de las fosas comunes de Paracuellos los restos mortales de su padre. Lo mismo habrían sentido los familiares de los ocho mil asesinados en aquellos parajes. Y me refiero a Paracuellos por ser el escenario de la tragedia de mi abuelo, porque son muchos más los paisajes de sangre repartidos por toda España, con víctimas de un lado y del otro. O memoria histórica o silencio pactado. La memoria parcial, además de infame, es una desfachatez.

Tengo en mi poder las cuarenta y tres cartas originales que envió mi abuelo desde la cárcel a su familia. Ni una palabra de odio, ni un sentimiento esquivo en esas cuatro decenas de escritos previos a su asesinato. Sólo en las últimas, cuando se inician a primeros de noviembre las sacas de la muerte, se intuye una cierta desesperanza en sus cartas. Tampoco excesivos alardes de humor. En una de las cartas del mes de octubre, le pide a mi abuela que le envíe a la cárcel una de sus bigoteras. «Se me han derrumbado los bigotes y estoy harto de meterlos en la sopa del rancho». Mi abuela le mandó las bigoteras, y sus bigotes recuperaron su altivez hasta que se los cortaron con grosería en el rastrillo de la muerte mientras le ataban las manos con un finísimo bramante que le hizo saltar las venas.

Le quitaron uno de sus abrigos, el reloj, la cartera y la maleta con sus pertenencias. Fue ahí cuando dijo aquello de «me habéis quitado todo lo que tengo, menos el miedo». Minutos antes de caer fusilado y ser rematado por un oficial de las homenajeadas Brigadas Internacionales, cambió la frase: «Sois tan hábiles que me habéis quitado hasta el miedo». Fumó su último cigarrillo, que le ofreció un miliciano, mientras le invitaban a contemplar dos descargas de pelotones fusilando a otros compañeros de prisión y sufrimiento. En la fosa común en la que fue enterrado cupieron seiscientos cadáveres más. Los de aquella mañana. Y ahí siguen, sin que ninguno de los familiares haya removido el odio, abierto las rencillas y clamado venganza. Es más, uno de los principales responsables de aquellos asesinatos ha sido y es tratado en España, de acuerdo con las normas de la reconciliación, con todo respeto y cortesía. Me refiero a Santiago Carrillo Solares, ex secretario general del Partido Comunista de España.

Cumpliendo con las recomendaciones de mi madre, cimentadas en el perdón y la superación de aquel enfrentamiento brutal entre españoles, ofrezco mi mano a los familiares de aquellos que fueron asesinados en el otro lado de la guerra terrible que desangró a España cuando a mí me faltaban muchos años para nacer. Los muertos no entienden de injusticias. O todos o ninguno. España no se puede dividir de nuevo entre fosas de un lado y tumbas del otro. Y si el Gobierno sólo respeta a unos muertos, los familiares de los otros no lo vamos a consentir. Honremos a todos los asesinados respetando sus huesos y mirando al futuro.

Los auténticos olvidados de la Guerra Civil española.

En estos tiempos en que tantos se empeñan en limitar la memoria del lado más atroz y siniestro de la guerra y sólo de uno de los dos bandos, conviene mencionar a los auténticos olvidados: los izquierdistas víctimas del terror entre las propias izquierdas. No sobra hacer un llamamiento a los estudiosos y abretumbas para que incluyan en sus esfuerzos a estas personas, cuya dignidad y honor parecen traerles al fresco.

El caso más publicitado es el del comunista no ortodoxo Andrés Nin, salvajemente torturado y luego asesinado por la policía política soviética en una de sus prisiones secretas en España, prisiones que escapaban al control del propio Frente Popular español. Sin embargo su caso es tan sólo un ejemplo entre muchos.

Sólo por mencionar algunos casos que podrían incitar a investigar a los de la "memoria", encontramos en el libro comunista Guerra y revolución en España, editado en Moscú, denuncias como éstas contra los anarquistas que habían conquistado la mitad de Aragón: "La violencia y el terror continuaron campando por sus respetos". "Se perseguía, y aun se ejecutaba a los campesinos que se resistían a entrar en las llamadas colectividades agrícolas o por simples venganzas personales. En la zona del Cinca, en una noche fueron asesinados 128 campesinos (.) En Esplús, en un solo día aparecieron muertos 23 afiliados a la UGT" (tomo III, pgs. 262 y 264). O bien: "Cuando [los anarquistas] fueron al campo llevando consigo la antorcha de la revolución, lo primero que hicieron fue arrebatar al campesino todo medio de defensa. y una vez conseguido, le robaron hasta la camisa" (II, p. 30). Aparte de los asesinatos directos, estos desmanes dejaban a muchos labriegos al borde de la muerte por inanición, y bastantes de ellos llegaron probablemente a tal extremo.

Por su parte, los anarquistas acusan a los comunistas en testimonios como los de José Peirats en su libro Los anarquistas en la crisis política española: "Nunca llegó el crimen a extremos de tanto refinamiento como a partir del 15 de mayo de 1937. Es decir, a partir de cuando el gobierno [del Frente Popular] se jactó de ser dueño de los resortes del poder. A partir de entonces se cometieron los crímenes más horrendos de nuestra historia política. Las mazmorras de la GPU se multiplicaron como infiernos de Dante (.) El 2 de julio se celebró en Tarragona el consejo de guerra contra los supervivientes de las masacres cometidas por los comunistas en aquella misma ciudad en ocasión de los hechos de mayo [se refiere a la pequeña guerra civil en Barcelona entre anarquistas y un sector marxista, por un lado, y los comunistas y los nacionalistas de Companys por otro, que causó cientos de muertos]. En mayo, 36 militantes de la CNT habían sido asesinados en Tarragona por los comunistas del PSUC" (p. 243).

El periódico cenetista Solidaridad Obrera mencionaba, sobre esos sucesos, "Los cadáveres espantosamente mutilados de 12 jóvenes de la CNT de San Andrés (barrio extremo de Barcelona)" o "los 5 del rondín de Eroles, asesinados también", o de otros quince asesinados también en Tarragona, y otros en diversos puntos de Cataluña. Menciona también el caso del libertario italiano Camilo Berneri (p. 234).

La dirigente anarquista Federica Montseny denunció la práctica comunista de secuestrar a rivales políticos, "Meterles en una casa particular (.) sacarles por la noche y asesinarles" (p. 247)

Orwell también menciona "Las cosas más terribles. (.) Heridos arrastrados fuera del hospital y arrojados a la cárcel, gentes apretujadas en repugnantes mazmorras, presos golpeados y muertos de hambre", etc.

El citado Peirats retrata así al célebre SIM (Servicio de Información Militar), creado por Prieto a iniciativa de Orlof, jefe de la policía política de Stalin en España: "Era una red policíaca que se extendía por las pequeñas y grandes unidades del ejército y por el interior de los partidos y organizaciones, vigilando estrechamente las actividades de sus militantes (.) La táctica terrorista más inhumana era todo el secreto de sus éxitos. Pero este mismo sistema de tortura era aplicado a los elementos antifascistas no comunistas". Tenía también sus propios campos de concentración (p. 247-9).

Sobre los métodos del SIM cuenta de pasada Azaña: "Denuncias sin firma del SIM. Unos mozalbetes condenados a muerte por cantar un himno. El delator no sabía cuál era. Malos tratos: uno sordo, otro ciego" (Memorias de guerra, p. 387)

El anarquista Abad de Santillán escribe en Por qué perdimos la guerra: "Las torturas, los asesinatos, las cárceles clandestinas, la ferocidad con las víctimas culpables o inocentes, estaban a la orden del día (.) Lo ocurrido en las checas comunistas cuesta trabajo creerlo. En el Hotel Colón de Barcelona, en el casal Carlos Marx [menciona otros lugares] (.) se perpetraban crímenes que no tienen precedentes (.) El Ayuntamiento de Casteldefells tuvo que protestar por la serie de cadáveres que dejaba en la carretera todas las noches la cheka del castillo. Hubo días en que se encontraron 16 hombres asesinados, todos ellos antifascistas" (p. 266)

Y relata este suceso, que ya he reproducido en otras ocasiones: el XXIII Cuerpo de Ejército, de mando comunista, aprestó unos pelotones de "gente probada como antifascista" de distintos partidos de izquierda: "Se les dice que hay que eliminar a fascistas por el bien de la causa. Llegan a Turón (el de Granada, no el de Asturias) los designados y matan a 80 personas, entre las cuales la mayoría no tenía absolutamente por qué sufrir esa pena, pues no era desafecta y mucho menos peligrosa, dándose el caso de que elementos de la CNT, del partido socialista y de otros sectores mataron a compañeros de su propia organización ignorando que eran tales y creyendo que obraban en justicia, como les habían indicado sus superiores. También hay casos de violación de hijas [que se ofrecían] para evitar que sus padres fueran asesinados. Y lo más repugnante fue la forma de llevar a cabo dichos actos, en pleno día y ante todo el mundo, pasando una ola de terror trágico por toda aquella comarca" (p. 288). Nótese que la protesta viene por haber infligido, engañados, tales atrocidades a sus propios coreligionarios y no a los "fascistas". Asesinar a éstos o violar a sus hijas les parecía "obrar en justicia".

Abundan también los testimonios sobre izquierdistas asesinados en el frente por sus compañeros-rivales políticos. Así, el comisario socialista Piñuela denunciaba la imposición comunista de "un sistema de terror que no se detiene ni ante la eliminación de los elementos disconformes, que después figuran en los partes como culpables de haber intentado pasarse a las filas enemigas" (fondo de la Fundación Pablo Iglesias, archivo de Largo Caballero, XXV, p. 1116 y siguientes). Es muy difícil saber cuántas víctimas causaron estos crímenes, pero debió de ser un número crecido.

El mismo Piñuela escribe: "La responsabilidad por las derrotas se exige cada día más estrechamente al soldado, sobre el que se hace caer duramente el código de Justicia Militar, interpretado con excesiva rigidez por los Tribunales Permanentes. La responsabilidad, que debe ser mayor cuanto más alta es la jerarquía militar, va difuminándose hasta desaparecer por completo conforme ascendemos en la escala jerárquica". Los reglamentos de Prieto y de Negrín daban a los mandos facilidades extraordinarias para fusilar a los soldados que se considerase desafectos. ¿Cuántos de ellos cayeron en los intentos de imponer una disciplina férrea cuando la guerra estaba ya perdida para las izquierdas y crecía la desmoralización? El cálculo no es fácil pero, desde luego, no se trató de casos aislados.

Basten estos botones de muestra como motivo para iniciar una investigación a fondo, a fin de arrojar luz sobre aspectos hoy ocultados o disimulados de aquella guerra. Una argucia empleada por los recuperadores del odio -y no de la memoria- es que durante cuarenta años se estuvo homenajeando a los caídos o asesinados de uno de los bandos, y que ahora corresponde hacer lo mismo con los contrarios. En realidad desde la transición apenas se ha homenajeado y exaltado más que a estos últimos. El ejemplo más característico puede ser el de García Lorca, invocado sin cesar durante estos treinta años con olvido o desprecio hacia escritores como Ramiro de Maeztu o Muñoz Seca, asesinados por las izquierdas en circunstancias no menos trágicas. La derecha se ha sumado a los homenajes a García Lorca, pero todavía no hemos visto a las izquierdas hacer lo propio con autores como los dichos. Nadie puede percibir en tales actitudes, empezando por la del Nietísimo, un ánimo de reconciliación, sino, claramente, de recuperación de los viejos rencores.

Esta campaña permanente falsifica la historia al presentar como defensores de la libertad y la democracia a quienes luchaban, con más o menos convicción, bajo la tutela de Stalin y la dirección inmediata de partidos tan democráticos como el comunista, el socialista de entonces o los anarquistas. Y pretende meter en el mismo saco a los ejecutados por el bando nacional acusados de perpetrar crímenes horrendos (como García Atadell), y a los inocentes (como Peiró), víctimas estos últimos de unos odios cultivados de manera muy preferente por las izquierdas, según prueban documentos como los reproducidos en 1934. Empieza la guerra civil.

No apreciamos en la izquierda, por tanto, voluntad de recuperar la memoria de la guerra, la cual de ningún modo se limita al capítulo de las atrocidades, y menos aún a las cometidas sólo por las derechas. Puestos a eso, deben recordarse también las cometidas por las izquierdas contra las derechas y, sobre todo, entre las izquierdas mismas, cuyas víctimas, insisto, son los auténticos olvidados en esta campaña. La cual, según está planteada, no refresca la memoria ni enseña a evitar la repetición de aquel pasado. Al contrario, incita a repetirlo.

El veto a que comparezca Huarte es la gota que colma el vaso.

El veto a que comparezca Huarte es la gota que colma el vaso.

Tras el paréntesis de la Semana Santa -y después de las nuevas revelaciones del periódico El Mundo- los dos grandes partidos políticos concretaron ayer sus posiciones sobre el caso Huarte.

Lo más reseñable, en lo que se refiere al PP, es que Rajoy -que hasta ahora se había mostrado reacio a implicarse en la Comisión del 11-M- considera que la suma de los episodios de Huarte y el ciudadano sirio que se dio de alta en el PSOE tras su primera detención por el atentado tiene suficiente trascendencia como para consagrar todo el peso de su liderazgo a la exigencia de que ambos extremos sean aclarados en el Parlamento.

Advirtiendo, además, de que si el PSOE y sus socios lo impiden, su partido pedirá explicaciones directamente al Gobierno en una sesión de control.

Los recelos de Rajoy no tardaron en confirmarse. El PSOE conseguía ayer -ya veremos a cambio de qué privilegios o concesiones- que ERC, CiU y también el PNV dieran marcha atrás en su respaldo a la petición de comparecencia de Huarte presentada por el PP.

Pero además, en un claro ejemplo de contraprogramación y de la mano de los medios que le sirven de ariete, el PSOE intentó equiparar las incógnitas suscitadas por ambos episodios con la actividad realizada por el concejal del PP Vicente Ibor como abogado de Benesmail. Y sacando a la palestra como gran novedad su reunión del 11-M con los hermanos Chedadi, actualmente en libertad provisional por el atentado.

Aun no siendo asuntos equiparables, cabe reseñar las diferentes actitudes de los dos partidos. Mientras el PP ha dicho que, si bien Ibor estaría amparado por el secreto profesional, «no tiene ningún inconveniente» en que comparezca ante la Comisión, el PSOE se ha cerrado en banda ante la posibilidad de que Huarte acuda al Parlamento para responder a los muchos interrogantes que se han suscitado en los últimos días en torno a su persona.

Esta es la gota que colma el vaso de la credulidad de los ciudadanos en el deseo del PSOE de esclarecer la verdad. Y no porque sea Huarte, que probablemente invocaría su condición de colaborador del CNI para no dar explicaciones al Parlamento acerca de su relación con dicho Centro o incluso de sus contactos con Benesmail.

Lo verdaramente grave es que el veto a su comparecencia llega después de que el PSOE haya bloqueado también la de otras personas que pueden aportar mucho al esclarecimiento del 11-M, como Zouhier, Lavandera o el agente Campillo.

Y no puede considerarse satisfactoria la contraoferta del PSOE de que se envíe a la Comisión la única cinta de las tres grabadas en Villabona con conversaciones de Huarte y Benesmail, porque su contenido -como bien saben los socialistas- es irrelevante.

Así lo prueba el que la propia administración popular decidiera borrar las dos primeras. Si el lugarteniente de Lamari y el dirigente socialista intercambiaron información sensible, es improbable que lo hicieran a través de esas conversaciones en la cárcel, que por norma se graban.

Las incógnitas que han ido surgiendo en las últimas semanas en torno al 11-M, desde el verdadero origen de los explosivos hasta el caso Huarte, bastan y sobran para mantener abierta la investigación parlamentaria.

El PSOE no puede dar carpetazo a la Comisión y luego pretender que los ciudadanos le crean cuando afirma que su deseo es esclarecer toda la verdad del 11-M. Es una cuestión de coherencia. Sobre todo para Zapatero, que ha hecho de la transparencia su bandera.