La economía se le atraganta a Zapatero a pocas horas de las elecciones.
Nadie podrá decir que no está avisado. España está enferma. El PSOE yerra en el diagnóstico y en las soluciones. El PP ofrece las recetas exitosas de 1996. El 9-M ustedes deciden.
Me parece muy interesante el análisis que sobre la economía española ha realizado estos días el prestigioso diario Financial Times. Pero, con todos mis respetos, el periódico no hace más que poner blanco sobre negro lo que en este país vienen diciendo no sólo algunos medios de comunicación, sino catedráticos de reconocido prestigio, servicios de estudios y analistas de toda condición.
La situación que vive la economía española es preocupante y lo es desde hace mucho tiempo. Por supuesto que gane quien gane las elecciones el marrón está ahí y sus soluciones son difíciles y con resultados que se verán a medio y largo plazo. Hay mucho que purgar y se hará. El problema es que será más complicado que se adopten las medidas necesarias por parte de quien sigue a estas alturas negando la mayor y parado como una estaca o con ideas que en principio ahondarán en alguno de los problemas fundamentales de la economía.
La solución que plantea el PSOE de más gasto público no parece la más conveniente. El recurso al superávit tiene un límite y no es ni mucho menos la panacea para la resolución de los problemas. Para más inri, ayer le escuché decir al señor Solbes algo que me dejó estupefacta. El vicepresidente reconoció que las promesas de gasto, que sus parches, costarán 22.000 millones de euros, pero que el supéravit que se puede gastar es en realidad de alrededor de 11.000 millones, ya que la otra mitad corresponde a la Seguridad Social y no se puede ni se debe tocar. En este punto echó mano de la deuda para sostener su programa de dádivas varias. Según Solbes, la deuda se puede incrementar porque se ha reducido mucho estos años. Éstas son las ideas que sostiene el Gobierno para seguir planteando a los españoles un panorama que no se corresponde en absoluto con la realidad.
La realidad es que Solbes sigue hablando del 3% de crecimiento y de que otros sectores absorberán la mano de obra que pierda la construcción. Este hombre es pertinaz en la mentira, ya que según los datos que elabora su propio ministerio, la economía española estaría creciendo en estos momentos el 2,2% y con tendencia a seguir cayendo. Un dato, el índice sintético de actividad, que por cierto este mes no se ha hecho público para no aguar aún más la fiesta a Zapatero.
Una mentira a la que hay que sumar el maquillaje de las cifras de paro de febrero. No se ponen de acuerdo las distintas fuentes. Los sacados de las listas del paro van desde los 3.000 hasta los 50.000 pasando por los 19.000. En todo caso, en febrero ha habido más parados de los anunciados y bastantes más que otros febreros de otros años. Esto ocurre también con las afiliaciones a la Seguridad Social. Lo normal en un mes de febrero es que ronden las 100.000 y este febrero han sido la mitad, casi todos por cierto parados de la construcción que se han dado de alta como autónomos.
Pero esto es lo que hay. Un día sí y otro también un mal dato seguido de otro. Y un día sí y otro también la respuesta del Gobierno es la misma. El que diga lo contrario de lo que dice el Ejecutivo es un catastrofista o un antipatriota. Nadie sabe en realidad cuánto afectará la situación de la economía al voto de los españoles. Si hacemos caso a las encuestas, a la mayoría, no parece que mucho. En todo caso, ahí queda dicho. Todo el mundo está avisado. Todo el mundo conoce ya, o debería, qué piensa cada partido, qué soluciones aporta y lo que vienen asegurando los expertos y los analistas nacionales e internacionales sobre el panorama que tenemos encima y que se está conteniendo -como sea- hasta que pase el domingo.
Por haber, en esta ocasión ha habido hasta debates entre los distintos partidos. Incluso entre los candidatos a la presidencia del PP y del PSOE. A estas alturas, las suerte está echada y los datos encima de la mesa. Lo que decidan los españoles será lo que prime, como no podía ser de otra manera. Por mi parte, modestamente, he puesto encima de la mesa durante muchos artículos cuál es la realidad, con los datos oficiales en la mano. Hasta aquí la labor del periodista. Procesarlos y decidir en consecuencia está en sus manos.