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La propiedad intelectual.

La propiedad intelectual.

Los desvaríos de la SGAE, que aspira a darle empleo al cobrador del frac con carácter preventivo, han dado lugar a desvaríos opuestos. El más notorio ha sido sin duda el de Rodríguez Ibarra en El País del día 5, que ya ha sido respondido con inteligencia y finura por Antonio Muñoz Molina en el mismo periódico el día 7.
Considera el ex presidente de Extremadura: "La propiedad intelectual es discutible e incluso se puede negar desde una concepción de izquierdas". Desde luego, tiene razón, pero no porque la propiedad intelectual sea cuestionada especialmente por las izquierdas vulgares, sino porque éstas cuestionan la propiedad en sí misma. Desde que Pierre-Joseph Proudhon dijo, a mediados del XIX, aquello de "La propiedad es un robo" –cosa de la que hasta el propio Marx se burló–, todo izquierdista tosco (e Ibarra es modelo de ello) guarda la sentencia en el fondo del alma. De él, pues, no espero otra cosa.

La URSS no asumió las leyes de derechos de autor, de alcance casi universal, hasta poco antes de su caída. Cuba no paga derechos desde que Fidel Castro se hizo con el poder, hace ya más de medio siglo, lo cual no impidió que el gobierno de la isla obtuviera unas cuantas divisas por la venta de cuadros, objetos de arte y originales de autores, expropiados a los que se largaron a Miami, en el mercado occidental. Incluidas, desde luego, obras de Wifredo Lam y manuscritos de Nicolás Guillén (que no protestaron porque tenían la vida asegurada por la revolución; Lam, además, hasta su muerte en 1982, siguió vendiendo a los ricos del odiado imperio sin que le temblara la mano a la hora de cobrar, como no le temblaba a la hora de pintar).

Todo eso forma parte de las pequeñas miserias de la historia del siglo XX (las grandes ocupan bibliotecas enteras) y, a decir verdad, me preocupa poco. Lo que sí me preocupa es que algunos amigos, dejándose arrastrar por la misma tormenta, la de la SGAE, cuestionen desde posiciones que no son de izquierdas el derecho a la propiedad intelectual. Gente a la que en ningún caso se le ocurriría poner en tela de juicio el derecho a la propiedad en general vacila frente a la condición de lo intelectual como bien propio. Creo que la idea que sustenta esa indecisión es que el pensamiento y el arte, en la medida en que circulan, son de todos, del pueblo, que era el argumento fundamental de los viejos comunistas, anarquistas y socialistas.

Pues bien: no tienen razón.
En cierta ocasión, Ludwig Kugelmann, frecuente corresponsal de Marx, preguntó al que consideraba su maestro cómo se obtenía la plusvalía de los "trabajadores intelectuales". Marx, en un reconocimiento poco común en él, que era capaz de improvisar respuestas a casi todo, le respondió que no tenía la menor idea, pero que lo que le parecía evidente era que los editores se hacían ricos y los escritores no, cosa que sigue siendo verdadera, con contadas excepciones entre los autores, que, como dice García Márquez, tampoco se hacen ricos ahora, sino que pasan a ser pobres con plata, ya que en general no saben invertir ni multiplicar su dinero.

El editor puede serlo hoy de libros, de discos, de películas (aunque en estos casos haya pasado a llamarse, paradójicamente, productor). El autor también ha diversificado sus líneas de creación y ya no es sólo escritor o músico, sino que ha incorporado el carácter de guionista, letrista o compositor popular. No menciono en esta serie a los artistas plásticos, quienes suelen producir obras únicas, originales que sólo pueden vender una vez y que, así como entran en el mercado, pasan de mano en mano, a menudo con suculentas ganancias para los revendedores, de las cuales el pintor o el escultor no ven jamás un céntimo, cosa que la legislación debería tender a reparar. Los comunistas, sobre todo a partir de 1960, promovieron el "arte para el pueblo" invitando a los pintores a sustituir el óleo, la acuarela o cualquier otro medio del que se valieran por la litografía y el grabado, susceptibles de ser reproducidos, al menos hasta cierto punto. La reproducción de esculturas viene de lejos. Y en la música, desde luego, ya no hace falta que el señor del castillo financie una orquesta para sus fiestas, en las que se escuchaba por única vez una determinada pieza, operación de la que nada iba a parar a los magros bolsillos de un Mozart: ahora basta con poner una grabación.

Los autores, merced a la ventaja derivada de que son propietarios relativos de su creación, cobran por cada edición de su texto o de su música, un porcentaje del precio de venta al público (rarísima vez superior a un diez por ciento, y en general inferior) por cada edición de la obra. Más o menos lo mismo termina ganando el editor (entre el diez y el quince por ciento). La parte del león se la llevan distribuidores y libreros (entre el 45 y el 55 por ciento del total del precio, del cual se llevan la tajada más jugosa los distribuidores, que a su vez invierten en almacenes y transportes). Y lo demás es coste de producción: papel, imprenta, encuadernación, grabación, disco, etc. E impuestos, claro. Los editores terminan ganando mucho más que los autores porque es difícil que alguien escriba más de una novela al año, pero es fácil que se publiquen miles en el mismo lapso.
Lo que equivale a decir que la propiedad intelectual reconocida por la ley lo es en la práctica de un pequeño porcentaje de lo que rinde la obra, generando empleo y sustentando empresas. La labor del autor no deja de ser, pues, fuente de ganancias para muchos, y mal estaría que no lo fuese para él y, a ser posible, para sus herederos, aunque la ley actual, que va por el camino de una propiedad intelectual relativa, limite esa herencia en el tiempo a un período que va de cincuenta a ochenta años a partir de la muerte del creador, variando según países. Desde ese momento, la obra pasa a ser de dominio público, es decir, el editor puede reproducirla cuantas veces quiera sin dar cuentas a nadie. Lo cual, curiosamente, no rebaja el precio de venta en un diez por ciento, como correspondería. El público sigue pagando lo mismo por una obra con derechos que por otra libre de ellos. Las editoriales, por su parte, siguen editando como si nada pasara, por ejemplo, Quijotes, teniendo en cuenta el hecho de que en el mundo hay entre treinta y cuarenta mil coleccionistas de ediciones del texto de Cervantes.

Yo sostengo que habría que modificar la legislación, extendiendo la duración de los derechos. Porque si yo puedo ser propietario de una tierra que he comprado y transmitirla a mis herederos hasta el fin de las generaciones, más derecho aún tengo a legar lo que no he comprado, lo que he creado con todo mi ser, que no sólo me pertenece, sino que es parte de mí, tanto como mi sangre, que lego necesariamente por ley natural, tanto como mis órganos, que tengo derecho a legar para que mi vida se prolongue en la de otros.

Temo que la puesta en duda de la propiedad intelectual, así como su limitación legal, sean producto de una ignorancia supina acerca de lo que suponen la escritura, la pintura, la música, la realización de películas. Si se estima que cuesta lo mismo escribir La montaña mágica que componer una canción de moda, y que esta última es más rentable, se es un ignorante y se dejan de respetar los tiempos. Por supuesto que la canción de moda deja más beneficios en el corto plazo, pero no tiene otro, ni medio ni largo: pasa, y da lo mismo que sus propietarios lo sean indefinidamente: no producirá nada más. Pero a Mann se le seguirá leyendo dentro de un siglo, y de dos, como se sigue leyendo a Cervantes y a Quevedo. Y esas páginas no es que pertenezcan a un hombre, sino que son el hombre, con derecho a la vida y a la propiedad, indefinidamente.

Si a nadie se le ocurre decir que el derecho a la vida se extingue a los ochenta años (aunque los actuales ocupantes del Estado en España tiendan a ello), ni se compra una casa por ochenta años, no veo por qué debe extinguirse el derecho de propiedad intelectual en una fecha determinada, al menos mientras haya herederos legítimos.

Montilla se reúne con las principales logias masónicas; nunca lo ha hecho con todos los obispos catalanes.

Montilla se reúne con las principales logias masónicas; nunca lo ha hecho con todos los obispos catalanes.

Se reunirán cada año y los cuatro grandes maestres masones le entregarán un informe anual sobre su visión de Cataluña

¿Qué respondería el presidente de la Generalitat de Cataluña si los obispos catalanes le propusieran presentarle cada año un informe sobre su visión del país ‘a la luz de la Iglesia católica’? Pues eso es precisamente lo que José Montilla ha acordado, pero no con la Iglesia catalana, sino con los grandes maestres de las cuatro logias masónicas más importantes en España.

El pasado 3 de diciembre Montilla celebró un almuerzo de trabajo con José Carretero (Gran Logia de España), Jordi Farrerons (Gran Logia Simbólica Española), Antoni Castillo (Gran Orient de Catalunya) y Ana María Lorente (Gran Logia Femenina de España), según desveló la revista Tiempo y reprodujo el pasado 27 de diciembre La Vanguardia.

 

Se trata de cuatro logias con sede en Barcelona, pero al mismo tiempo las principales de España. La iniciativa partió de la propia Generalitat y, según Tiempo, el motivo fue una invitación previa a una reunión que el presidente catalán recibió del gran maestre de una de las principales logias masónicas de Francia.

 

¿Cómo encarar esa reunión?, se preguntaron los asesores de Montilla y el propio departamento de Presidencia. La respuesta vino de la mano de Josep Brunet, director de la biblioteca Arús, experto en el tema y a su vez masón, quién convocó a almorzar a los cuatro grandes maestres de las logias citadas.

 

‘Cataluña a la luz de los masones’

 

De ese encuentro surgió el acuerdo de establecer unas relaciones formales que también significaba para las logias salir de un cierto oscurantismo ante la sociedad.

Montilla acudió al encuentro con un representante de Presidencia y con el periodista Xavi Casinos, experto en masonería y autor de varios libros al respecto.

 

El almuerzo dio como resultado el acuerdo de reunirse cada año y, al mismo tiempo, que las cuatro logias presentarán un informe anual sobre su visión de Cataluña con el significativo título de ‘Cataluña a la luz de los masones’.

 

Hasta aquí, nada nuevo en las relaciones de la Generalitat salvo la anécdota de sus interlocutores. Sin embargo, llama la atención el hecho de que no se aprecia el mismo interés por parte del presidente Montilla en celebrar reuniones anuales de ese tipo con todos los obispos catalanes y que, además, éstos le preparen un estudio sobré como ven ellos la Cataluña actual.

 

Justo es reconocer que el presidente de la Generalitat se ha reunido en alguna ocasión con el presidente de la Conferencia Episcopal Tarraconense (CET) y arzobispo de Tarragona, Jaume Pujol Balcells; el vicepresidente de la CET y arzobispo de Barcelona, Lluís Martínez Sistach; y con el secretario general de la CET y obispo de Urgell, Joan Enric Vives.

 

Pero, nunca lo ha hecho con el pleno de la Conferencia Episcopal Tarraconense, órgano aglutinador de los obispos catalanes.

El bolchevismo contra el nazismo: 12 comparativas de dos barbaries.

El bolchevismo contra el nazismo: 12 comparativas de dos barbaries.

Martin Amis, escritor excomunista, analiza por contraste los dos grandes horrores del s.XX. ¿Por qué uno se canoniza como el mal en estado puro y el otro parece verse sólo como un error histórico? (Publicado el 17 de febrero de 2005).

En su libro Koba el Terrible, el novelista y ensayista británico Martín Amis se centraba en un punto débil del pensamiento del s.XX y aún del XXI: la tolerancia de los intelectuales occidentales ante el comunismo. 

Martin fue militante comunista, como su padre -el también novelista Kingsley Amis-, hasta que las revelaciones de Solzhenitsyn en Archipiélago Gulag  fueron innegables. Aquello no podía sostenerse más. En 1978 aún mantenía Martin un diálogo como el siguiente con un irreductible:

 

-Me hago preguntas –comenta Amis- sobre la distancia que media entre la Rusia de Stalin y la Alemania de Hitler.

-Ah, no caigas en eso, no caigas en las comparaciones morales.

-¿Por qué no?

-Lenin fue... un gran hombre.

-De eso nada.

-Hablaremos largo y tendido.

-Largo y tendido.

 

“Pero ya habíamos progresado un poco”, escribe Amis. “Ahora las discusiones eran sobre si la Rusia bolchevique había sido mejor que la Alemania nazi. Cuando apareció la Nueva Izquierda, las discusiones eran sobre si la Rusia bolchevique era mejor que Estados Unidos”.

 

Más adelante en Koba el Terrible, Martin Amis se anima  a hacer la comparación en grandes pinceladas. Y como tales las recogemos aquí. 

¿Qué diferencia hay entre el bigote pequeño (de Hitler) y el bigote grande (de Stalin), en el que deberíamos incluir el bigote mediano de Vladímir Ilich (Lenin)?

 

Cifras.

 

Aunque añadiéramos las bajas totales de la Segunda Guerra Mundial (40-50 millones) a las del Holocausto (alrededor de 6 millones) parece que el bolchevismo podría superarlas. La guerra civil, el Terror Rojo, el hambre; una Colectivización que según Conquest causó tal vez 11 millones. Solzhenitsyn calcula (“una estimación modesta”) que fueron entre 40 y 50 millones los que cumplieron condenas largas en el GULAG de 1917 a 1953 (y muchos otros después del breve deshielo de Jrushov), y luego el Gran Terror, la deportación de poblaciones de los años 40 y 50, Afganistán... Los “Veinte Millones” empiezan a parecer cuarenta.

 

Exactitud.

 

¿Hay alguna diferencia moral palpable entre los ferrocarriles y chimeneas de Polonia y el silencio antinatural y sobrecogedor que cayó poco a poco sobre las aldeas de Ucrania en 1933? Bajo Stalin “no se hizo hincapié en la aniquilación completa de ningún grupo étnico”. La diferencia radica en el empleo del adjetivo “completa”, porque Lenin emprendió campañas genocidas (la descosaquización) y lo mismo hizo Stalin. La diferencia podría estar en que el terror nazi se esforzaba por ser exacto, mientras que el terror estalinista era deliberadamente aleatorio. Todo el mundo era víctima del terror, desde el primero hasta el último; todos menos Stalin.

 

Ideología.

 

El marxismo era un producto de la clase media intelectual; el nazismo era sensacionalista, de prensa basura, de los bajos fondos. El marxismo exigía de la naturaleza humana esfuerzos sin ningún sentido práctico; el nazismo era una invitación directa a la abyección. Y sin embargo las dos ideologías funcionaron exactamente igual en sentido moral.

 

Médicos de la muerte.

 

¿Hay alguna diferencia moral entre el médico nazi (bata blanca, botas negras, bolas de Zyklon B) y el interrogador salpicado de sangre del campo de castigo de Orotukán? Los médicos nazis no sólo participaban en experimentos y “selecciones”. Inspeccionaban todas las etapas del proceso ejecutor. En realidad, el sueño nazi era en el fondo un sueño biomédico. Fue una subversión que no practicó el bolchevismo.

 

Efecto social.

 

El nazismo no destruyó la sociedad civil. El bolchevismo sí. Es una de las razones del “milagro” de la recuperación alemana y de los fracasos y la vulnerabilidad de la Rusia actual. Stalin no destruyó la sociedad civil. Lenin sí.

 

La risa.

 

La resistencia de la risa a desaparecer se ha señalado ya en el caso soviético. Parece que los Veinte Millones no tendrán nunca la dignidad fúnebre del Holocausto. Esto no es, o no sólo es, una muestra de la “asimetría de la tolerancia” (la expresión es de Ferdinand Mount). No sería así si en la naturaleza del bolchevismo no hubiera algo que lo permitiera.

 

Ciclo de vida.

Stalin, a diferencia de Hitler, hizo todo el mal que pudo, entregándose en cuerpo y alma a una empresa de muerte. El año que murió estaba preparando lo que por lo visto era otra gigantesca campaña de terror, víctima, a los 73 años, de un antisemitismo remozado y senil. Hitler, por el contrario, no hizo todo el mal que pudo. Lo peor de Hitler se alza como una larga sombra que afecta de manera implícita a nuestro concepto de los crímenes que cometió. De haber sobrevivido, el nazismo “maduro” habría sido, entre otras cosas, un desbarajuste genético a escala hemisférica (ya había planes, a principios de los años cuarenta, para depurar aún más el linaje ario). El laboratorio de Josef mengele en Auschwitz se habría ampliado hasta alcanzar las dimensiones de un continente. La psicosis  hitleriana no era “reactiva”, no respondía a los acontecimientos, sino a ritmos propios. Poseía además una tendencia fundamentalmente suicida. El nazismo fue incapaz de madurar. Doce años era quizá la duración natural de una agresividad tan sobrenatural.

 

Aplicabilidad.

 

El bolchevismo era exportable y en todas partes producía resultados casi idénticos. El nazismo no se podía reproducir. Comparados con Alemania, los demás Estados fascistas fueron simples aficionados.

 

Éxito en vida.

 

Hitler, al final de su trayectoria afrontó la derrota y el suicidio. “Cuando Stalin cumplió 70 años en 1949 –dice Martín Malia- era realmente el “padre de los pueblos” para un tercio de la humanidad; y parecía que era posible, incluso inminente, que el comunismo triunfara a nivel mundial.

 

Vergüenza de la especie.

La combinación alemana de desarrollo avanzado, alta cultura y barbarie infinita es, desde luego, muy singular. Sin embargo no podemos aislar el nazismo alegando que era exclusivamente alemán. Tampoco podemos poner en cuarentena el bolchevismo alegando que era exclusivamente ruso. La verdad es que los dos relatos abundan en noticias terribles sobre lo que es humano. Producen vergüenza y al mismo tiempo indignación. Y la vergüenza es mayor en el caso de Alemania. Por lo menos es lo que yo creo. Prestemos atención al cuerpo. Cuando leo libros sobre el Holocausto experimento algo que no me sucede cuando leo libros sobre los Veinte Millones, es como una infestación física. Es vergüenza de la especie. Y esto es lo que el Holocausto nos pide.

 

Armas especiales.

 

Pero Stalin, al dar las gruesas pinceladas de su odio, disponía de armas que Hitler no tenía.

 

Tenía el frío: el frío abrasador del Ártico. “En Oimiakón [en Kolymá] llegaron a registrarse temperaturas de –72 ºC. Incluso a temperaturas mucho más altas se resquebraja el acero, revientan los neumáticos y saltan chispas cuando el hacha golpea el tronco de los alerces. Cuando baja la temperatura el aliento se congela en cristales que tintinean en el suelo con un rumor que llaman “susurro de las estrellas”.

 

Tenía la oscuridad: el secuestro bolchevique, la crudelísima e implacable autoexclusión del planeta, con su miedo a las comparaciones, su miedo al ridículo y su miedo a la verdad.

Tenía el espacio: el inmenso imperio de once zonas horarias, las distancias que extremaban el confinamiento y el aislamiento, la estepa, el desierto, la taiga, la tundra.

 

Y lo más importante: Stalin tenía tiempo.

 

Y además...

 

Stalin fue un dirigente muy popular dentro de la URSS durante todo el cuarto de siglo que duró su gobierno. Resulta un poco humillante poner por escrito una cosa así, pero no hay forma de evitarlo. También Hitler fue un dirigente popular, pero a diferencia de Stalin, consiguió algunas victorias económicas y persiguió a minoría relativamente pequeñas (los judíos eran el 1% de la población). Las víctimas de Stalin fueron grupos mayoritarios como el campesinado (85% de la población). Y aunque la vigilancia que ejercía Hitler sobre la población fue intimidatoria y persistente no se excedió, como Stalin, para crear un clima de náusea y miedo. 

Amis ha hecho un libro para despertar la memoria: “Para la conciencia general, los muertos rusos siguen durmiendo. Millones. Se libro una guerra contra ellos y contra la naturaleza humana y la libró su propia gente.”

AMÉRICA. A tiros.

AMÉRICA. A tiros.

El mapa político latinoamericano está cambiando a tiros. La violencia es el problema mayor de Venezuela. Así lo perciben los venezolanos de acuerdo con las últimas encuestas. Eso se refleja en la caída de la popularidad de Hugo Chávez. Y con razón: Caracas se ha convertido en una ciudad sin ley, en la que el 95% de los crímenes ni siquiera llega a los tribunales.
Antonio Ledezma, el alcalde, ganó ampliamente las elecciones pasadas denunciando la inseguridad de los ciudadanos caraqueños. Chávez lo privó de recursos para combatir el crimen (en realidad, lo privó de recursos para todo), la situación empeoró y la culpa se la atribuyen al pintoresco presidente. Caracas ya es una de las tres ciudades más peligrosas del mundo. Las otras dos son Ciudad Juárez, en México, y New Orleans, en Estados Unidos.

Los países del norte de Centroamérica (Honduras, El Salvador y Guatemala) son también unos impresionantes mataderos, como no se cansa de denunciar, a riesgo de su vida y sufriendo toda clase persecuciones, la periodista radial guatemalteca Marta Yolanda Díaz-Durán. Los tres del sur (Nicaragua, Costa Rica y Panamá) tienen tasas de homicidios tolerables, pero con una peligrosa tendencia a subir que los electores castigan en las urnas. Esa situación contribuyó en Panamá al triunfo electoral de Ricardo Martinelli y, sorpresivamente, en Costa Rica ha impulsado hasta un honroso segundo lugar a Otto Guevara, un libertario moderado que goza de una notable reputación internacional y que pudiera convertirse en presidente si Laura Chinchilla, representante del oficialismo, no gana en primera vuelta, para lo cual necesitaría obtener un 40% de los votos. Guevara ha hecho de la mano dura su tema favorito de campaña, y sus compatriotas le están respondiendo.

El problema de la mano dura (que, sin duda, se necesita) es que cuesta mucho y es muy difícil. No sólo se trata de poner más policías en la calle. Es necesario endurecer la legislación para que los jueces no deshagan lo que la policía logra con sus detenciones. Hay que aumentar la vigilancia electrónica, infiltrar las organizaciones de criminales, recompensar generosamente a los informantes, tecnificar a los policías, impedir que se corrompan y castigarlos cuando lo hacen, mejorarles los salarios, fabricar cárceles, multiplicar los tribunales e invertir ingentes cantidades de dinero en el sistema de justicia, un amplísimo arco que va desde la preparación de los estudiantes de Derecho y Criminología hasta la formación de miles de carceleros capaces de mantener el orden y la disciplina en los penales, para que no suceda lo que ocurre en Brasil, Venezuela o México, donde muchos de estos recintos se han convertido en feudos manejados por los propios delincuentes.

Y hay, además, otro costo ingente: la prevención de la delincuencia en la adolescencia, dentro y fuera de las cárceles. Se necesita una muchedumbre de psicólogos bien formados dispuestos a enfrentar el problema desde sus inicios. Se sabe que, generalmente, los criminales comienzan sus sangrientas carreras antes de los 18 años, y casi nunca el primer delito es degollar a una anciana para robarle el reloj. Usualmente, comienzan por pequeñas violaciones de la ley. Es en ese punto donde un buen psicólogo juvenil adiestrado en las técnicas de William Glasser puede modificarles el comportamiento. Una vez que los jóvenes delincuentes han sido capaces, como ocurrió en Guatemala, de asesinar a un maestro, arrancarle el corazón y jugar con él al fútbol, ya no hay otra cosa que hacer que encerrar a los monstruos y tirar la llave al mar.

¿Cuesta mucho la mano dura? Tal vez, pero infinitamente menos que no dominar y encarcelar a los delincuentes. Algunos especialistas mexicanos calculan que la inseguridad ciudadana le cuesta al país el 8% anual de su PIB. Los inversionistas extranjeros se lo piensan dos veces antes de llevar sus capitales a estos lugares violentos, y los nacionales se largan al extranjero, acosados por la incertidumbre. Se ha dicho mil veces: no hay animal más cobarde que un millón de dólares. España y Estados Unidos han recibido a decenas de millares de individuos emprendedores y creadores (o tenedores) de riqueza que huyen de los matarifes locales que los asustaban.

Quienes tienen razón, pero poca, y la poca que tienen no les sirve de nada, son los que suponen que la causa de tanta delincuencia radica en las escasas oportunidades económicas que existen en las sociedades latinoamericanas. Haití, que es una catástrofe con bandera e himno, el país más pobre de América Latina, tiene una tasa de homicidio de 11,5 por cien mil habitantes, mientras la vecina Jamaica, mucho más rica, alcanza los 49. El problema de fondo es cultural, sistémico, y hay que abordarlo desde muchos ángulos simultáneamente. Por eso es tan difícil de aliviar.

El paro se queda al borde de los 4 millones en 2009.

El paro se queda al borde de los 4 millones en 2009.

El número de parados registrados en las oficinas de los servicios públicos de empleo (antiguo Inem) se situó al finalizar diciembre al borde los cuatro millones de desempleados, tras subir en 794.640 personas en el conjunto de 2009, con un aumento porcentual del 25,4% respecto a 2008, informó este martes el Ministerio de Trabajo e Inmigración.

En concreto, el volumen total de parados alcanzó a cierre del pasado año la cifra de 3.923.603 desempleados, su nivel más alto en toda la serie histórica comparable, que arranca en 1996.

La subida del desempleo en 2009 ha sido inferior a la experimentada en 2008, año en el que las listas de las oficinas públicas de empleo sumaron casi un millón de parados más (999.416). La de 2009 ha sido, de este modo, la segunda mayor subida anual del desempleo de toda la serie comparable.

La secretaria general de Empleo, Maravillas Rojo, destacó en un comunicado que, aunque el paro ha aumentado en 2009, lo ha hecho "mucho menos" que en 2008, lo que, a su juicio, demuestra que continúa frenándose la destrucción de empleo.

En cualquier caso, y tras reconocer que 2009 ha sido un año "muy difícil", subrayó que el Gobierno sigue teniendo como principal preocupación y objetivo reducir a lo largo de este nuevo año los niveles actuales de desempleo.

A esa cifra de más de 3,9 millones de desempleados con la que se cerró el año se ha llegado después de que el paro aumentara en diciembre en 54.657 personas, el 1,4% respecto al mes anterior. El dato de diciembre es mejor que el de igual mes de 2008, cuando el desempleo se incrementó en 139.694 personas. Aún así, se trata de la segunda mayor subida en este mes de los últimos trece años (serie comparable).

Este aumento de diciembre, inferior al que se experimentó en noviembre (60.593 parados), supone la quinta subida mensual consecutiva del desempleo.

El paro subió en 2009 en ambos sexos, aunque más entre los hombres, con 436.069 nuevos parados (+27,7%), frente a un incremento del desempleo femenino de 358.571 mujeres (+23,1%). También se registraron alzas del paro en todos los sectores económicos, aunque, en términos absolutos, fueron los servicios y la construcción los que se llevaron la peor parte, al ganar 450.789 y 124.288 parados más, respectivamente.

En cuanto a la contratación, en 2009 se registraron en el Inem un total de 14.021.837 contratos, un 15,5% menos que en 2008.

El ocaso de la Teología de la Liberación.

El ocaso de la Teología de la Liberación.

Ha pasado prácticamente inadvertido, pero el pasado 5 de diciembre Benedicto XVI profirió una de las críticas más contundentes hecha por papa alguno contra una escuela teológica determinada. En un encuentro con un grupo de obispos brasileños, el Santo Padre cargó duramente contra la Teología de la Liberación y su influjo en la Iglesia Católica.
Luego de resaltar la atracción que sienten ciertos teólogos de la liberación por los conceptos marxistas, Benedicto XVI describió esas ideas como "engañosas". Ciertamente, se trata de un lenguaje muy duro para un papa. El sucesor de Pedro destacó el daño que la Teología de la Liberación causa al catolicismo de la siguiente manera: "Las consecuencias más o menos visibles de ese enfoque doctrinal, caracterizadas por la rebelión, la división, el disenso, la ofensa y la anarquía, todavía se dejan notar –dijo a los obispos brasileros–, y provocan un gran sufrimiento y una grave pérdida de energías vitales en vuestras diócesis".

Hoy en día, hasta los más decididos defensores de la Teología de la Liberación admiten su colapso, incluso en América Latina. Antes tenidos por referentes de vanguardia, los teólogos de la liberación son hoy un puñado de clérigos y laicos, por lo común entrados en años, con cada vez menos influjo en el seno de la Iglesia Católica. Aun así, el Papa consideró oportuno enfatizar el daño que habían hecho a la Iglesia.
No cabe duda de que la Teología de la Liberación resultó un desastre para la evangelización católica. Muchos sacerdotes predicaban la lucha de clases, pero a los pobres les interesaban muy poco el marxismo y sus mensajes de odio. Preferían saber sobre Jesucristo y el amor que sentía por la gente, con independencia de la posición económica de cada quien. Lamentablemente, en los años 70 y 80 muchos seminaristas católicos leían más El Capital de Marx que La Ciudad de Dios de San Agustín o la Summa de Santo Tomás de Aquino, razón por la que no sabían explicar los principios fundamentales del catolicismo a su congregación.

Como reportó recientemente The Economist, países como Brasil, en otros tiempos epicentro de la Teología de la Liberación, están emergiendo como actores de importancia en el terreno de la economía global y logrando, así, sacar de la extrema pobreza a millones de personas. Otra buena noticia es que la Iglesia Católica está recuperando terreno en América Latina y dando la espalda a las irrelevancias de herejes como el ex sacerdote Leonardo Boff.

El propio Boff y sus semejantes deben estar sufriendo lo suyo al ver que la Iglesia Católica convertirse en el más señalado opositor del populismo izquierdista de Hugo Chávez y de la rauda manera en que el socialismo ha destruido un país como Venezuela.

Como bien sabe el papa Benedicto XVI, las ideas, empezando por las que son tan destructivas e incoherentes como la Teología de la Liberación, tienen consecuencias. Por ello, la Iglesia Católica deberá, tarde o temprano, hacer frente a su maléfico legado.

QUÉ TENEMOS (¿Y VALORAMOS?) LOS OCCIDENTALES. Por la libertad.

QUÉ TENEMOS (¿Y VALORAMOS?) LOS OCCIDENTALES. Por la libertad.

No sé si somos todos conscientes de los derechos y placeres de que disfrutamos en el área occidental.
Una niña holandesa de 14 años desea dar la vuelta al mundo en su pequeña nao, y mientras unos discuten si la dejan o no, ella se va y aparece en Barbados. Una vecina y coetánea de la niña viajera –ni falta hace que nos fijemos en Yemen o Marruecos– tiene prohibido participar en las clases de gimnasia de su colegio, porque sus padres –o el padre al menos– han nacido en un reino aún más islamizado que el de Holanda (o España o Suecia, o Gran Bretaña...). Bah, digo como ejemplo. Y a nadie se le ocurra enviar una carta al rey o a la ministra, o a alguna otra alta carga de un gobierno de ese área. Porque o no tienen nada que ver con las libertades, u oran et laboran para que perezcan.

Cualquiera que pueda pagárselo o consiga una subvención de la Unrwa, o de algún otro aparato benefactor, puede adquirir un pasaje y lanzarse a la aventura de desposar un jeque o guerrillero, o sacar fotos allí donde las agencias de viaje recomiendan no atreverse, o repartir caramelos en una zona de guerra, o pasearse en toples por un bello desierto árabe... ¡Qué chuli! ¡Libres somos, sí!

¿Y quién duda de que se trata de legítimos derechos, de placeres genuinos, de conquistas que defender hasta con las uñas sin pintar y los dientes del implante? No seré yo, que bien supe meterme donde nadie me había llamado, frotando mi pellejo contra la Muerte tantas veces.
Pero entonces el jeque se pone bravo, se lleva a tu hijo, o no te lo deja llevar a quién sabe dónde, o te hace prisionero un salvaje de dos metros de alto, o te roban la cámara, o te arrojan a una mazmorra sobrepoblada por ratas y cucarachas...

¿Y entonces qué? Menos mal que te dejaron el celular y puedes llamar a tu primo, el de Zumosol, para que con parte del dinero que nos saca a todos los demás pague a tus inoportunos aguafiestas. ¡Menos mal! O para que las fuerzas armadas y de seguridad, y los diplomáticos, pidan por ti. Para eso están las libertades y los placeres occidentales, para que tengan (casi) siempre un final feliz, para que vuelvas a casa, donde te esperan tus parientes y amigos que tanto han abogado por que te devuelvan las cámaras, los hijos, las zapatillas de marca, los sostenes y los caramelos cooperantes. O tu vida, incluso.

No, si no digo yo que no me alegre cuando hay un final feliz, y no veinte años entre cucarachas, violaciones, inenarrables cosas de comer y otros intermedios infelices en lo que fuere tu ejercicio de la libertad y disfrute de audacias cool, fantasías idiotas, placeres buenistas, caridades y demás motivaciones progresistas. Sólo espero que cuando te hayas zafado, o mejor dicho, cuando te hayan sacado de esas en las que te has o han metido, la malhadada experiencia te sirva para reflexionar acerca del mundo en que vivimos, acerca de lo defendible y la paparrucha, acerca de la solidaridad y el juego, acerca de dónde, en qué lado estás situado, y tires en el container adecuado los dogmitas y consignas que te confundieron acerca de qué es la libertad, de dónde vienen los derechos, en qué consiste lo social, quién carajo eres tú mismo en este mundo, junto con la ropita sucia e irrecuperable de tu aciago viaje.

Y a empezar de nuevo, ya libre de engaños, ya gozando y doliendo placeres inteligentes.

La familia Pajín, los "urbanistas de Benidorm".

La familia Pajín, los "urbanistas de Benidorm".

El pueblo de Benidorm no les quiere, pero sabe que son los que mandan. Apuntan que papá Paín fue el cerebro de la moción, que tiene intereses urbanísticos y que ha comprado un piso en Madrid para irse dentro de 20 meses, cuando se celebren las elecciones.

"Esto es todo un paripé con dinero de por medio”. Así de rotundas se muestran las fuentes a las que ha tenido acceso la revista ÉPOCA. Según manifiestan, “en el mes de julio Chema Pajín ya lo estaba negociando todo”, en referencia a la moción de censura que ha con la que buena parte del socialismo de Benidorm ha ajustado cuentas, 18 años después, por la jugada que les hizo el PP de Eduardo Zaplana y la tránsfuga Maruja Sánchez cuando condenó al PSOE a la oposición durante casi cinco legislaturas.

“Me hablaron de millón y medio de euros, también de tres millones y por otro lado, de 500.000 al firmar la moción y más adelante de otra cantidad sin especificar”, relata una de ellas, residente en la ciudad de los rascacielos de la Costa Blanca. Es más, cuenta que esa misma semana vio a Jesús Caldera cogiendo un avión en Madrid con destino a Alicante.

Tramas y enredos en el PSOE

Según sentencian personas del entorno de la familia, “en Benidorm los Pajín son los que mandan ahora”. En la última asamblea local del PSOE para elegir al secretaría general del PSOE hubo tres candidaturas. La de Rubén Martínez, que es el que ganó; la de Lorenzo Cervera, funcionario municipal -su mujer Pilar Martínez es cargo de confianza del PSOE desde 2007- y Luis Ángel García, cargo también de confianza del grupo municipal socialista desde 2007 y ex concejal del PSOE. El funcionario del Ayuntamiento, delegado sindical de UGT Daniel Caneiro no presentó candidatura, Luis Ángel la retiró el mismo día de la Asamblea y Rubén Martínez era el secretario general de Juventudes Socialistas.

Según apuntan los vecinos de la cuna del turismo de masas, éste último es el candidato de los Pajín. Rubén Martínez es profesor de Derecho Administrativo en la Universidad de Alicante, donde Leire Pajín inició su carrera política y donde la concejala del PSOE Irene Bajo también es profesora de Ferecho. “Entre ellos lo llaman Forres Gump y está absolutamente manejado por Pajín”, sentencian.

Las mismas fuentes cuentan también a ÉPOCA que los Pajín controlan a Cristina Escoda, amiga de la infancia de Leire, y a Conrado Hernández, que es además amigo personal de Agustín y Encarna Linares, subdelegada del Gobierno. Según sentencian, “Jaime Linares es el menos controlable de todos los que hay ahora mismo”.