La suspensión de la importante y esperada cumbre entre Polonia y España en Varsovia no es un tema menor como han señalado fuentes próximas al presidente del Gobierno.
16 de diciembre. La decisión del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, de no viajar a Polonia no ha sentado bien al Gobierno del primer ministro Marek Belka, si bien Varsovia se esforzó por afirmar que comprendía la decisión de Zapatero. Así lo demuestran las declaraciones del ministro para la Integración Europea, Jaroslaw Pietras, quien en declaraciones a "Gazeta Wyborcza" advierte a Zapatero de que a partir de ahora tendrá que "esforzarse más" para contar con el apoyo polaco en la Unión Europea.
"Los propios españoles van a darse cuenta de que lo que hizo Zapatero reduce su capacidad de abogar por el voto de Polonia. Ahora tendrán que esforzarse más", señaló Pietras al diario de mayor tirada polaco. Belka deseaba reunirse con el presidente del Gobierno español antes de la cumbre europea del jueves y el viernes en Bruselas para conocer la posición de Madrid respecto a las perspectivas financieras 2007-2013 y saber hasta dónde puede contar con el apoyo español en este tema, ya que Polonia y España son dos de los principales receptores de fondos de la UE.
Según relató el autor del artículo de "Gazeta Wyborcza", Maciej Stasinski, la decisión de Zapatero "cayó muy mal en Polonia" aunque dijo que, según las fuentes que ha podido consultar, "nos consta que no fue una decisión de fondo político, sino de índole personal, aunque despreocupada y ligera".
El, que aparece publicado en la primera del diario, subraya que no es la primera vez que Zapatero anula un viaje al extranjero en el último momento "por razones de poco peso" en sus ocho meses de mandato, como ocurrió con el Foro de Formentor o más recientemente con su viaje a Rusia, que finalmente se celebró la semana pasada. Asimismo, recoge el malestar de los periodistas españoles desplazados a Varsovia a cubrir el viaje de Zapatero y que ayer se encontraron sin noticias que hacer.
Para el diario polaco hay una muestra de desorden en la política exterior española en el hecho de en el programa distribuido a los periodistas españoles con la agenda de Zapatero en Varsovia figurara como primer ministro polaco Leszek Millar. "Miller, y no Millar, no es primer ministro de Polonia desde mayo y ahora es Belka quien ocupa su cargo", señaló Stasinski.
"Belka quiso averiguar en qué ámbitos comunitarios pueden cooperar los dos países. No ha conseguido averiguarlo, pero por lo menos ya sabe que su malogrado interlocutor tiene una actitud bastante frívola respecto a los deberes de un presidente del Gobierno. Respecto a los apellidos también", añade en este sentido el artículo.
Por otra parte, Stasinski subrayó que "esta es la segunda vez que Zapatero hace un feo a Polonia, primero fue la retirada de las tropas de Irak, sin avisar de un día para otro". Según el periodista polaco, pese a que en Polonia no se cuestiona el derecho de España a hacer lo que hizo, "sentó muy mal por la forma en la que se procedió, dejando abandonado a un aliado".
La izquierda suele atribuirse a sí misma la sagrada misión de custodiar la pureza de dos valores en teoría esenciales en democracia. La libertad de expresión y de voto. Y el humor «humor inteligente», lo etiquetan ellos desde que arrojaron monologuistas orgánicos como si fueran paracaidistas como subversión necesaria contra lo establecido: de ahí la patente de corso y el blindaje intelectual que, para poder mofarse del PP, siempre han tenido los wyomingas y demás graciosos con pancarta a lo caiga quien caiga. La que armaron cuando a Wyoming, elevado a mártir de la libertad de expresión, le quitaron el programa los mismos que ahora intentan cepillarse una página web humorística que se mofa, no del PP, sino de ellos. Porque esos dos valores esenciales para la democracia, la izquierda los tolera siempre que pueda controlarlos mediante su propio canon. Es decir, siempre que le sean útiles. Porque basta con que diez millones de personas empleen la sagrada libertad de voto para entregar el suyo al PP para que la izquierda, olvidando el respeto a la libertad, los descalifique llamándolos directamente «hijos de puta» (Maruja Torres). Lo mismo ocurre con las elecciones americanas, donde si cincuenta y tantos millones de electores votan a Bush es porque, según los tertulianos progres, instalados en el concepto elítico, propio de la izquierda, según el cual al pueblo se le desprecia cuando no se deja aconsejar, pastorear, es sólo porque no son sino cincuenta y tantos millones de «subnormales». En los orígenes de nuestra Guerra Civil Octubre del 34, está delatado este vicio moral de la izquerda según el cual la voluntad popular es sagrada, sí, pero sólo hasta que votan a otro, entonces las urnas se rompen mediante la difamación o mediante la violencia. El espectáculo que está dando Prisa con su persecución estalinista del «gruporisa.com», esos chavales que hace setenta años ya estarían en una «checa» esperando el camión a Paracuellos, demuestra que también la sana subversión del humor es algo tolerable por la izquierda sólo cuando puede usarlo como arma en beneficio propio. Dónde están ahora los denunciadores habituales de la progresía, que no socorren a estos represaliados sólo porque no se burlan de Ana Botella como en «CQC».
Algunos políticos piensan que cuando llegan al poder han llegado a sus fincas y cortijos y mansiones y yates. Se olvidan que los cargos son cargas. También se olvidan de que son meros administradores y gestores de los dineros de los contribuyentes. Estos olvidos hacen que desvaríen, y den rienda suelta a sus filias y fobias. Por eso benefician a dedo a sus familiares y amigos. O despilfarran los dineros en propagandas políticas de adoctrinamientos para difundir sus ideas religiosas cristianas, o laicistas, o ateas, o políticas. O para sembrar odios y rencores, contra sus adversarios ideológicos o políticos. Esto lo hemos visto en todas las épocas con todos los partidos, pero no debe, por eso, dejar de ser denunciado. Los Moratinos no cesan de estar de actualidad desde que tienen un miembro dela familia de ministro de Asuntos Exteriores. Resulta que a este ministro de ZP, amigo y simpatizante de dictadores como el asesino Fidel Castro, o el ex-golpista venezolano Chaves, o el millonario y ex-terrorista Arafat, en los pocos meses de mandato de ZP ya le han salido un sobrinísimo y un hermanísimo. Un hermanísimo que ya está colocado a dedo de director del Instituto Cervantes en EL Cairo; estoy seguro que hay miles de españoles con más méritos que este hermanísimo de Moratinos. También le ha salido a Moratinos un sobrinísimo de 18 años, que trabajaba en Costa de Marfil, donde ha hecho enviar con premura un avión militar para recogerlo dadas las guerras africanas de Francia en su ex-colonia. Otros casos recientes son los que ya sabemos de los hermanísimos de Maragall, bien colocados en la Generalidad de Cataluña. Esperemos, en el caso que nos ocupa, que los Moratinos necesitados de empleos o de favores no sean muchos más, que si no arreglados estamos. Ahora a ver que nuevo recurso propagandístico se inventan Moratinos o sus correligionarios para anestesiar a la opinión pública española, que haga que no nos acordemos de su familia. Ya sabemos la última: la infamia de acusar a Aznar de golpista, además cuando más ocupado estaba presidiendo el Gobierno de España y la Unión Europea.
En su comparecencia ante las Cortes, Aznar ha logrado que sus acusadores salieran acusados, y sus inquisidores cuestionados, y ello sin perder en ningún momento las formas ni la serenidad, durante once horas de interrogatorio que un delincuente etarra detenido habría denunciado probablemente como tortura. No creo preciso argumentar la buena actuación del ex presidente, porque todo el mundo ha podido verlo por sí mismo.
Lógica, por tanto, la preocupación de quienes le vienen asaeteando sin piedad con la calumnia, el insulto y la burla personal. Alguno de éstos le ha acusado de haberse portado como un "matón", cuando era el acusador quien empleaba un estilo matonesco. En la misma línea ha escrito Juan Luis Cebrián. Afirma el antiguo director de El País que Aznar ha protagonizado una "bronca descomunal", y que él y el PP están sumidos en la histeria y la chulería, al estilo "del español que embiste cuando piensa". Una histeria, una bronca y unas embestidas por nadie observadas, como no sea por él y otros "informadores" de su jaez, pero que él aspira a hacer creer a otros y es verdad que lo logra con algunos desde su privilegiada tribuna.
Por el contrario, la histeria, la bronca y las embestidas no son difíciles de distinguir en el mismo Cebrián, testimonio de un odio visceral hacia un ex presidente que, para su propio mal, benefició a PRISA con privilegios inadmisibles, por ceder a las ambiciones personales de Rato y de Gallardón, ansiosos de ganarse el favor o al menos la neutralidad del imperio de Polanco.
En su estilo faltón, Cebrián afirma: "El amigo Ánsar (que debería solicitar al presidente Bush no le llame más así, pues tal vocablo significa ganso en español) olvidó, por lo demás, en su lunar alocución ante el Congreso, que la comisión del 11-M no se creó para que él pidiera explicaciones a nadie, sino para que las diera. Es o debería haber sido una comisión de investigación sobre el Gobierno que tenía España antes y después de los atentados: sobre las carencias de la prevención policial, las mentiras oficiales, y la manipulación del dolor ajeno por parte del poder".
Buena parrafada, si no fuera porque las explicaciones de Aznar revelaron, con abundancia de datos y no simplemente con adjetivos como hacían y hacen sus oponentes, que quienes habían boicoteado la prevención contra el terrorismo islámico, quienes se habían reído de ese peligro o lo habían justificado presentándolo como una respuesta a la "agresión" de las democracias, habían sido precisamente aquellos a quienes representa Cebrián: el PSOE y los nacionalistas, hoy ya separatistas sin apenas disimulos. Que quien había mentido y manipulado a la opinión, y vulnerado las normas electorales, había sido de modo muy especial el imperio de Polanco, donde tanto destaca Cebrián. Y que quienes habían explotado cínicamente el dolor ajeno habían sido los que culpaban al gobierno en lugar de culpar a los terroristas, comportándose como auténticos comparsas morales por lo menos de los autores de la matanza. A estos hechos sólo pueden oponer los Cebrián y compañía una insistencia a gritos en sus viejas patrañas y acusaciones, esperando que esa algarabía acalle, gracias a su enorme poder mediático, las voces más sensatas y argumentadas. Algunos optimistas creen que esa táctica no puede triunfar. Se ve que conocen poco la historia.
Asegura Cebrián: "Con fieso mi perplejidad y mi desencanto cuando veo por los suelos las esperanzas de renovación democrática de la derecha, que cabalgaba inestablemente a lomos de la ambigüedad galaica de un Rajoy y la astucia mediterránea de un Zaplana. Las imágenes de ambos han quedado hechas añicos tras sus últimos verbalismos, considerablemente más calumniosos, violentos y cínicos que las torpísimas declaraciones de un par de ministros del Gobierno. Mientras, la soberanía del Partido Popular ha sido reconquistada al mejor estilo de don Pelayo por un autosuficiente con cara de petit-maître que, quizás iluminado por el cuarto centenario de la edición del Quijote, sigue pensando que todos los molinos son iguales a todos los gigantes. En su comparecencia ante la comisión de investigación sobre los luctuosos sucesos del 11-M, el improvisado quijotillo protagonizó una memorable representación con visos cervantinos, ante la arrobada mirada de su escudero de Ávila y la aceptación -no sé si resignada- de sirvientes y allegados, incapaces todavía de explicarle la conveniencia de poner punto final a su relato. Pero una de las muchas cosas que diferencia a este improbable caballero andante de la figura de don Alonso Quijano es que el último, al fin y al cabo, recuperó la cordura y pudo redimir su destino. En el caso que nos ocupa, los síntomas indican que la disnea política que padece empeora por momentos y no existe ya esperanza alguna de sanación".
Quede constancia de la aversión del articulista a la figura de Don Pelayo, bien significativa, y de su vacuidad argumentativa bajo una verborrea con pretensiones literarias. Pero lo fundamental es que el hijo del falangista que, gracias al apoyo paterno, tan fácilmente trepó en el aparato informativo del franquismo, niega a Aznar el derecho a defenderse, le niega el derecho a recordar acciones y conductas de sus oponentes y a establecer la verdad en lo posible. Aznar tenía que haberse dejado alancear mansamente por los separatistas, los comunistas y los semejantes al propio trepador. De otra manera, amenaza éste, el PP no será un partido democrático, y él, antiguo dirigente en el aparato de propaganda franquista, le negará el diploma. ¿No es esto alucinante? Y esto lo dice el representante político de un aparato mediático que trató de disimular la marea negra de la corrupción socialista, el GAL, los intentos de enterrar a Montesquieu para implantar en España un régimen similar al del PRI mejicano, que acusó de formar un "sindicato del crimen" a quienes salvaban la democracia denunciando aquellas tropelías, que defendió la negociación con los asesinos etarras, despreciando a las víctimas y socavando el estado de derecho
Lo que quedará para la historia, guste o no a todos los Cebrián y sus imperios mediáticos, es que con Aznar la corrupción bajó a niveles muchísimo más tolerables que en la etapa socialista, que el terrorismo etarra fue perseguido y acorralado conforme a la ley, sin claudicaciones ni crimen de estado, que el Parlamento cumplió su misión muchísimo mejor que antes, cuando el jefe del gobierno se permitía despreciarlo de palabra y de hecho. Por no hablar de los éxitos económicos, manifiestos en el descenso del paro, el saneamiento de las cuentas del estado, etc. Etc. No todo ha sido brillante, pero estos hechos no se borrarán con simples adjetivos ni rasgados de vestiduras ni repulsivas poses de indignación.
Y también quedará para la historia que, gracias en cierta medida a la manipulación de personajes como Cebrián, el terrorismo islámico logró cambiar, con un solo golpe, la política interna de España. Y que el gobierno salido de ese golpe premió a los autores de la matanza dejando a los iraquíes a merced de asesinos como los que actuaron en Madrid.
La táctica de los Cebrián recuerda una descripción del antropólogo Levi.Strauss sobre los monos aulladores de Suramérica: cuando se sienten amenazados son capaces de expeler cantidades prodigiosas de excrementos, que amasan en sus manos y arrojan a sus adversarios.
¡Es increíble lo que consigue la buena conciencia de algunos! Cuando el Gobierno ofende a la mayoría de los valencianos con el fin de satisfacer las exigencias de Carod-Rovira, al declarar que la lengua que hablan es el catalán, está haciendo un ejercicio de diálogo. Cuando la oposición se enfada y denuncia la jugada, está crispando.
Si el ministro de Asuntos Exteriores socialista acusa en un programa de televisión al ex jefe del Ejecutivo popular de apoyar un golpe de Estado en Venezuela, comete un error formal.Si el portavoz del partido acusado exige en el Congreso la dimisión de Moratinos por calumniar públicamente a Aznar, vuelve a crispar los ánimos de la opinión pública.
¿Alguien filtra interesadamente al diario del Grupo Prisa un documento que imputa falsamente al ex titular de Defensa la suscripción de un seguro multimillonario destinado a los enchufados de su Departamento, que en realidad se contrató en 1991, bajo el mandato de Felipe González, para cientos de altos cargos de su Administración? Pecata minuta.
¿Un periódico independiente defiende una determinada línea de investigación en el 11-M? ¡Intoxicación! Y para remate, el intolerable, antidemocrático, filibustero gesto del PP al abandonar el Pleno de la Cámara y negarse a participar en la votación de la reforma judicial. El colmo de la crispación propia de esta derecha recalcitrante que no entiende la urgencia de alcanzar amplios consensos para nombrar a los jueces, ahora que el sistema de mayoría implantado por los socialistas beneficia a los populares.
Cuando ha gobernado el PSOE con mayoría absoluta, ha garantizado la estabilidad del país. Cuando lo ha hecho el PP, ha sido prepotente y responsable de radicalizar a las minorías. Al ejercer la oposición, la izquierda ha servido únicamente el interés general. La derecha, por el contrario, demuestra cada día su gusto por la emboscada.
Y en cuanto a los pactos, los de Zapatero o González han demostrado siempre enormes dosis de talante y capacidad de negociación, mientras que los de Aznar fueron una cesión táctica y torticera al chantaje nacionalista. ¡Es increíble lo que la buena conciencia de algunos es capaz de conseguir a la hora de analizar las cosas!
Mariano Rajoy ha dado órdenes de endurecer la labor de oposición de su partido en todos los frentes; es verdad y era lo que exigía la inmensa mayoría de su militancia. Se equivocaría si confundiera la contundencia en el fondo con la acritud en las formas, pero erraría más aún si se dejara embaucar por los cantos de sirena de los bienpensantes que agitan el fantasma de la crispación cada vez que los diputados populares cumplen con la tarea que les han asignado sus votantes.
Oponerse no es crispar. Es, sencillamente, garantizar el funcionamiento limpio de la democracia.
Había que armarla antes de la comparecencia de José María Aznar ante la comisión de investigación del 11-M. Había que asestar un golpe de efecto de relevancia internacional en el talón de Aquiles del político popular para arrastrar su imagen por los suelos antes de que durante largas horas las televisiones, radios y periódicos de España y buena parte del extranjero centren sus focos de atención en la persona del ex presidente del Gobierno cuyo partido perdió las elecciones tras una brutal masacre.
A ello se prestó Miguel Ángel Moratinos olvidándose que es el ministro de Asuntos Exteriores de todos los españoles, no del PSOE y de sus aliados independentistas radicales de izquierda. Moratinos ha ensuciado su cargo trufándolo de sectarismo indigno al olvidar que su única y fundamental misión es la de representar a España. Moratinos se ha convertido en el titular del infundio, la patraña y la farsa.
Acusar a José María Aznar de golpista desde la televisión que pagamos todos los españoles es, además de mentir a sabiendas de que se miente, acusar a la Unión Europea de golpista. Aznar era el presidente de turno de los Quince cuando, según Morotinos, apoyó el golpe contra Chávez y, por lo tanto, sus actos lo eran también los de la Europa comunitaria. Para el Gobierno de Rodríguez Zapatero y su indigno Moratinos todo vale con tal de ensuciar la imagen del anterior presidente.
Si el Ejecutivo Zapatero tiene acreditado haberse convertido en el más radical de izquierdas, anticlerical y sectario de la reciente historia de la democracia, ahora llevará en la solapa el galón de la indignidad, la calumnia y el embuste. Lo dicho por el tramposo e indigno Moratinos demuestra únicamente el enorme nerviosismo de La Moncloa ante la reaparición en escena del único presidente de la Historia que abandonó el puesto por voluntad propia y que ni saqueó, ni robó ni secuestró ni mató, como ocurrió en la etapa socialista que le precedió.
VEO que el último libro de Glucksmann se titula «El discurso del odio» y, dadas las afinidades que tengo con este escritor, pienso si el odio al que él se refiere será el mismo del que yo vengo hablando a lo largo de este último año, el que he visto en los rostros de los manifestantes por el «Prestige», contra la guerra de Irak y la noche del día 13 de marzo... «Para juzgar a los seres humanos -escribió Ignacio Silone en «Salida de urgencia» (traducción de Ridruejo)- no basta ya con mirar si tienen callos en las manos; hay que mirarles a los ojos. La mirada de Caín es inconfundible».
Y no es que el odio haya desaparecido. Es claro que sigue en los corazones, y sabemos de su existencia por artículos, leyes, declaraciones políticas, debates... pero, al menos, no lo vemos correr a raudales por las calles españolas. La conquista del poder lo ha reconducido hacia vaguadas más burocráticas y menos espectaculares, lo ha remansado en las sedes partidarias, en las redacciones, en el Parlamento... Está ahí, no oculta su existencia, pero, al menos, no se presenta ante la sociedad de la forma amenazadora y terrible con la que se han mostrado estos últimos años tras las figuras de Zapatero y Llamazares...
ESTE ha sido el lado positivo de la derrota de la derecha. ¿Habrían tenido suficiente resistencia democrática los materiales con los que está hecha la izquierda española para aguantar otra victoria de aquélla? Para mí ha supuesto una distensión necesaria que socialistas, republicanos, nacionalistas y comunistas hayan tomado el poder. Como es bueno que la fiera encuentre alimentos a la entrada del pueblo cuando baja del monte, empujada por la nieve y el hambre. En los días previos a las elecciones del 14-M pude oler el miedo de muchos de los políticos del PP. Sobre todo tenían miedo a conseguir una mayoría absoluta.
¿Cómo podrían gestionarla frente al alud de resentimiento que venía acumulándose en los últimos tiempos? Una tercera victoria del poder ¿era concebible en la práctica? ¿Qué hubiera sido de nuestra pobre vida pública si Rajoy hubiera llegado a La Moncloa, aún caliente por la presencia del odioso Aznar? Me estremezco sólo con imaginar las reacciones de las gentes del nieto del capitán Lozano, a qué hoguera no habrían arrojado a Ángel Acebes; cómo habrían manejado en las cárceles a los grupos de islamistas; con qué regocijo se habría recibido la noticia sobre las denuncias de los crímenes de Aznar que el juez Garzón habría llevado a los tribunales internacionales; qué relatorios de abusos de curas pederastas (y algún obispo) no habrían presentado a Almodóvar en la Academia de Cine; qué festolín salvaje y antiamericano se habría organizado en homenaje a Michael Moore; cuántos manifiestos de intelectuales sin obra no se habrían dirigido contra Urdaci; qué juicio público no habrían hecho a Garci y a su maravilloso «Tiovivo», cómo habrían empapelado una y otra vez los chicos de «Nunca Máis» la casa del padre de Rajoy...
Ha sido bueno, por eso, que hayan ganado las elecciones. Ha bajado la tensión, la masa ha vuelto a la guarida, la calle está más distendida, pueden pensar que la Historia tiene arreglo, que la derecha nunca gana tres veces y que con presiones y la ayuda de alguna tercera fuerza es inevitable la alternancia en el poder...
DIGO todo esto sin ironía. Lo saben amigos míos. Lo vengo diciendo desde el 14 de marzo. No lo he escrito antes para no parecer derrotista porque, además, no lo soy. Simplemente digo que ha venido bien un respiro, pero que, llegados a estas alturas, convendría reaccionar para impedir esa marcha última hacia la catástrofe que nos ha anunciado esta foto de familia rota, esta locura de naciones, nacionalidades y regiones...
Están por todas partes. Los Rectores son los más dóciles. Los intelectuales ya han empezado a trincar. Pegándose siguen por recoger las migajas de los premios y las exposiciones. Y los viajes. Las redacciones de los periódicos y las radios están plagadas de gentes que siguen la consigna: o conmigo o contra mí. O conmigo o tiro en la nuca. El 36 se repite en los decretos y en las columnas de la prensa afecta. A los desafectos ni agua. Se disfrazan de demócratas, pero, seguramente, siguen a pies juntillas las consignas del periódico del régimen. Ocupan casi todos los espacios públicos y jamás osan discutir una medida del Gobierno. Todos como una piña búlgara. Menos aún, se atreven a mirar la realidad. No quieren ver el duro programa que los nacionalistas han impuesto a ZP, que conlleva la desaparición de la política. Matar a la Nación española es el objetivo último de ese programa, que pasa por negar, arrinconar y matar a la oposición, o sea, al PP. Negar la política para después negar la nación es el eje "vertebrador" de la coalición nacional-socialista que desgobierna España.
Sin embargo, la negación de ese catón es la consigna que cumplen, con mejor o peor fortuna, los palmeros del poder en todos los medios de comunicación. Este personal simula, actúa y habla como si estuviéramos en una democracia normal, cuando ellos saben, e incluso lo reconocen en privado, que la demencial actuación del Gobierno socialista sólo puede ser tildada de populista y antisistema. A veces, no obstante, se les va la lengua y acaban negándose su pequeña y bochornosa identidad. Son unos botarates hundidos en sus inmundicias parlantes. No saben que es la dignidad. Afirmar directamente lo inexistente los convierte en seres peligrosos. Peores que los poderosos, o los maniobreros electorales, son casi siempre estos desdichados palmeros.
La hez de la vida pública se esconde en los tópicos: "hay que respetar las ideas", "yo espero mucho de este hombre joven", o el peor de todos y último en aparecer en la casquería intelectual de este personal, "con ZP regresa la política". Ayer sentí asco al oír esta imbecilidad de un infame trincón del nacional-felipismo. Ayer tenía ganas de vomitar sobre el sinvergüenza "escribidor" que cantó las últimas ejecuciones del franquismo. Ayer tenía ganas de insultar a quienes pagan a este infame para que oculte la realidad. Ha regresado la política a la vida española, dijo ayer un tipo por la radio, porque Zapatero anulará la reforma penal que sanciona la convocatoria de referendos de autodeterminación. ¿Sabrá este sujeto qué es la política? No, porque su desagradable oficio es matarla allí donde comienza a nacer. Su infernal verborrea es mala y, además, ocupa un espacio que podría llegar a ser común. Pero, aún es más odiosa esa manera de mentir, porque desconoce que esa medida que tomó el anterior Gobierno pretendía proteger a millones de ciudadanos en el País Vasco que sólo quieren ser españoles. Lo que para María San Gil, una política con coraje e inteligente, "es un paso atrás" para cientos de seres humanos amenazados por el terrorismo y el plan Ibarreche, para este infame es un regreso de la política. ¡Miserable!